El club alcarreño ha pasado de ser una iniciativa vinculada al entorno escolar a convertirse en uno de los grandes proyectos de deporte formativo de Guadalajara. Con fútbol, baloncesto, voleibol y la reciente incorporación del atletismo, la entidad defiende un modelo en el que la educación, la convivencia y el sentimiento de pertenencia están por encima de cualquier resultado.
Hay clubes que miden su crecimiento por los títulos que acumulan en sus vitrinas y otros que encuentran su mayor satisfacción en lo que sucede mucho antes de que comience un partido. En el CD Salesianos Guadalajara, el éxito puede tener muchas formas: un niño que descubre por primera vez un deporte, una jugadora que encuentra su sitio en un equipo o un antiguo alumno que regresa años después para convertirse en entrenador de quienes empiezan.
Esa manera de entender el deporte explica buena parte de la trayectoria de una entidad que hoy reúne a unos 800 deportistas distribuidos en más de 70 equipos. Una estructura que abarca fútbol, baloncesto, voleibol y, desde esta temporada, también atletismo, y que ha convertido al club en un punto de encuentro para cientos de familias de Guadalajara.
Sin embargo, detrás de esas cifras hay una idea que sus responsables consideran irrenunciable: el deporte debe servir, ante todo, para formar personas. “Nuestra prioridad no es sacar estrellas que ganen todos los partidos a cualquier precio, sino usar el deporte para educar buenas personas bajo los valores salesianos”, explican desde la entidad.
Y es que, aunque las dimensiones actuales del proyecto puedan impresionar, el CD Salesianos sigue defendiendo una filosofía muy próxima a sus orígenes.
Del entorno del colegio a toda Guadalajara
La historia del club está estrechamente ligada a la presencia salesiana en Guadalajara. Sus primeras actividades deportivas surgieron alrededor del colegio, como una alternativa saludable para ocupar el tiempo libre de niños y jóvenes y complementar su formación educativa.
Aquella iniciativa fue creciendo progresivamente, ampliando sus actividades y abriéndose a familias de otros puntos de la ciudad. Lo que comenzó como una propuesta vinculada al ámbito escolar terminó adquiriendo una dimensión que iba mucho más allá de las instalaciones y de la propia comunidad educativa.
Con el paso de los años llegaron nuevas generaciones, más equipos y distintas disciplinas. El club fue adaptándose a una demanda cada vez mayor, pero también a una realidad deportiva en la que las niñas y las jóvenes reclamaban espacios para desarrollar sus inquietudes.
Precisamente, uno de los momentos que sus responsables recuerdan con mayor satisfacción es el crecimiento de las secciones femeninas. Su nacimiento, evolución y consolidación representan una parte fundamental de la transformación experimentada por la entidad.
Hoy, el CD Salesianos es un proyecto abierto a toda Guadalajara que mantiene su vínculo con la educación y con una manera muy concreta de entender las relaciones entre deportistas, entrenadores y familias.
El marcador siempre va después
En una competición, ganar importa. Los niños quieren marcar goles, anotar canastas, superar marcas y celebrar victorias. El CD Salesianos no renuncia a esa parte del deporte, pero tiene claro que no puede convertirse en su única finalidad. “El chaval o la chavala va primero, y el marcador va después”, resumen desde el club.
Bajo esa premisa se articula una filosofía que trata de inculcar esfuerzo, respeto y compañerismo en cada entrenamiento. No se trata únicamente de aprender una técnica deportiva o mejorar físicamente, sino de adquirir hábitos y valores que acompañen a los jóvenes cuando abandonen el terreno de juego.
La entidad concede también especial importancia a que las familias encuentren un entorno seguro, en el que sus hijos e hijas puedan competir de manera saludable y desarrollarse tanto deportiva como personalmente.
Esta filosofía adquiere todavía más relevancia cuando se observa la diversidad de edades, niveles y disciplinas que conviven dentro de una misma estructura. No todos los deportistas tienen las mismas capacidades ni persiguen idénticos objetivos, pero el propósito es que todos encuentren un lugar en el que disfrutar.
De hecho, una de las mayores satisfacciones para sus responsables llega cuando pueden comprobar el recorrido completo de un jugador o jugadora dentro de la entidad.
Ver a una niño o niño que comenzó en las categorías más pequeñas alcanzar los equipos de mayor edad ya representa un éxito. Pero todavía lo es más cuando, una vez terminada su etapa en el terreno de juego, decide mantener el vínculo con el club para enseñar aquello que aprendió.
Es una forma de cerrar el círculo y, al mismo tiempo, de garantizar que los valores que dieron origen al proyecto sigan transmitiéndose de generación en generación.
Cuatro deportes y un crecimiento que también plantea desafíos
La dimensión actual del CD Salesianos Guadalajara obliga a gestionar una realidad considerablemente más compleja que la de sus primeros años.
El fútbol, el baloncesto y el voleibol constituyen tres de sus grandes pilares deportivos, a los que esta temporada se ha incorporado el atletismo. Una nueva apuesta que amplía las posibilidades de participación y permite que más menores y jóvenes encuentren una disciplina acorde con sus intereses. Pero coordinar más de 70 equipos no es sencillo.
Cada semana hay que organizar entrenamientos, distribuir espacios, gestionar licencias federativas, preparar desplazamientos, atender a las familias y coordinar las competiciones. Todo ello requiere un trabajo administrativo y organizativo que rara vez resulta visible para quienes acuden a presenciar los partidos.
Desde el club describen esa labor como una de las grandes realidades de su día a día. Cuadrar los horarios de campos y pabellones se convierte en un auténtico rompecabezas, al que se suman la preparación de actividades, la comunicación en redes sociales, la búsqueda de patrocinadores y la tramitación de subvenciones municipales.
Las instalaciones representan, precisamente, uno de sus principales desafíos. Encontrar espacios suficientes en Guadalajara para atender las necesidades de tantos equipos exige una planificación constante.
A ello se añade la financiación. Sostener una estructura de estas dimensiones implica controlar los presupuestos y buscar apoyos que permitan mantener la actividad sin comprometer la viabilidad económica del proyecto.
Por eso, cuando desde el CD Salesianos hablan de futuro, no piensan exclusivamente en seguir creciendo. “Nuestro objetivo es no morir de éxito”, reconocen.
Una expresión que resume bien el momento que atraviesa la entidad. Después de años de expansión, la prioridad pasa también por consolidar lo construido y garantizar que el proyecto pueda mantenerse con estabilidad.
El crecimiento del deporte femenino
Uno de los cambios más importantes experimentados por el CD Salesianos Guadalajara ha sido la evolución de la participación femenina. La entidad la identifica como uno de los pilares de su proyecto deportivo.
El club cuenta con una coordinación específica para sus secciones femeninas, una estructura que busca acompañar su desarrollo y dar continuidad al trabajo realizado durante los últimos años.
Para sus responsables, contemplar la evolución de estos equipos y el respaldo que reciben desde las gradas constituye una de las mejores pruebas de que el esfuerzo está dando resultados.
Ese crecimiento también ha contribuido a transformar la identidad del club, ampliando las oportunidades de participación y reforzando su apuesta por un deporte abierto a todos.
La intención es que las niñas y jóvenes encuentren las mismas posibilidades de aprender, competir y sentirse parte de la entidad, independientemente de la disciplina que practiquen.
Un punto de encuentro para cientos de familias
El impacto del CD Salesianos no termina en los equipos. Cada fin de semana, su actividad moviliza a cientos de familias que acompañan a sus deportistas en entrenamientos, partidos y competiciones. Padres, madres, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas… comparten gradas y conversaciones, creando vínculos que muchas veces trascienden el propio deporte.
Los responsables del club consideran que esa dimensión social es una de sus principales aportaciones a Guadalajara. Porque detrás de cada encuentro también hay amistades, relaciones entre familias y un sentimiento de comunidad que se va construyendo con el paso de las temporadas.
El CD Salesianos comparte esa visión del deporte como herramienta educativa y social, especialmente importante durante las etapas de formación. Y buena parte de esa labor sería imposible sin las personas que dedican tiempo y esfuerzo a mantener viva la entidad.
Entrenadores, equipo directivo y colaboradores constituyen una estructura humana que sus responsables valoran por encima de cualquier logro competitivo. También recuerdan especialmente a quienes han contribuido al desarrollo del club de manera desinteresada a lo largo de los años.
Crecer sin perder lo que les hizo diferentes
El CD Salesianos Guadalajara afronta el futuro con un reto que puede parecer contradictorio: continuar avanzando sin que el crecimiento termine alejándolo de aquello que lo hizo especial.
Con unos 800 deportistas y más de 70 equipos, la entidad ha alcanzado unas dimensiones que requieren una gestión cada vez más exigente. Consolidar esa estructura, asegurar su sostenibilidad económica y disponer de instalaciones suficientes serán cuestiones fundamentales durante los próximos años.
Pero el objetivo social sigue siendo el mismo que acompañó a sus primeros pasos alrededor del colegio. Que cualquier niño o niña, independientemente de su nivel deportivo, encuentre un espacio en el que practicar deporte, crear amistades y sentirse parte de un grupo.
Cuando se pregunta a responsables del club de qué sienten más orgullo, no señalan un campeonato ni una victoria concreta. Hablan de su gente, de los entrenadores, de las familias y de todas aquellas personas que han contribuido a que el proyecto haya llegado hasta aquí.
Quizá esa sea la mejor manera de entender lo que representa hoy el CD Salesianos Guadalajara. Una entidad capaz de reunir a cientos de deportistas alrededor de cuatro disciplinas, pero que continúa encontrando su mayor éxito en algo mucho más sencillo.
Que un niño o niña llegue por primera vez a entrenar, encuentre su sitio y, muchos años después, siga sintiendo que aquel club también es su casa.