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Lidia Casado

Empecé el año leyendo “Optimismo y salud”, de Luis Rojas Marcos. Creí que después de los meses que habíamos pasado, necesitaba un chute de energía y optimismo para comenzar este 2021. Y no me equivoqué: el doctor y divulgador explica (de manera clara, concisa, sencilla y, sobre todo, convincente; con argumentos pero también con pruebas científicas) que hay un estrecha relación entre cómo te tomas la vida (o la enfermedad) y tu estado de salud (o de “no salud”).

Lo bueno del libro es que no se queda solo en la salud, sino que explora la influencia del optimismo en otros campos, como la política, el deporte o el periodismo. Y para todos los sectores, Rojas Marcos extrae la misma conclusión: puestos a elegir, elijamos ser optimistas. Nos irá mejor en la vida.

Reflexionando sobre este tema, lo llevé a mi terreno, al de los libros. Y empecé a pensar sobre si leer novelas tristes te pone triste y si leer novelas optimistas hace que lo veas todo de color de rosa. Y entonces… ¿por qué elegimos unas y otras?

¿A ti no te pasa que, en ocasiones, el cuerpo te pide una novela dura o una alegre o una para llorar? A mí, sí. Hay veces en las que, simplemente, me las encuentro: cojo un libro (y yo suelo ir bastante a ciegas a la hora de elegir un libro, ya hablaremos de eso otro día) y resulta que es durísimo, o terriblemente triste o, por el contrario, de los que da un buen rollo que es imposible que no lo contagien. Pero, en otras ocasiones, algo me impulsa a buscar un libro que me haga llorar o que me haga reír (de hecho, me tengo guardado “El tiempo que nos une”, de Alejandro Palomas -que es uno de mis autores favoritos- porque sé que llegará el día en que lo voy a necesitar leer y no quiero haber gastado antes esa bala en vano).

Total, que después de mucho pensar, no sé si leer determinados libros modifica nuestras emociones o el camino es justo al revés: necesitamos sentir determinadas emociones (purgar, diría Aristóteles) y, por eso, elegimos libros que nos ayudan a expresarlas, gestionarlas y, quizá, a superarlas. ¿Y tú? ¿Cómo vives emocionalmente los libros que lees?

Nos seguimos leyendo.

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