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Nacho Redondo

Josemi es de esas personas que pasan por el mundo sin hacer ruido, preocupándose por las pequeñas cosas que acontecen día tras día y, lo más importante, ocupándose de las personas que le rodean. Y es que es capaz de dedicar la mayor parte de su día a atender a la gente de su alrededor sin importarle la cercanía a ellas.

Es un tipo que se deja cada suspiro por los demás, intentando resolver lo que no está en su mano, pero lleno de intención. Tanto es así que salta de un problema a otro, de una persona a otra, tan rápido como su día le permite. Y hay que decir que, aunque por su condición personal podemos pensar que tiene mucho tiempo, la verdad es que le faltan horas todos los días para hacer todo lo que quiere.

Conozco a Josemi hace más de veinte años y siempre ha sido igual. Un nerviosismo constante le recorre el cuerpo y la preocupación por los demás es su seña de identidad. Es una persona que, aunque la profesión va por dentro, nunca pone pegas a las cosas que le suceden. Y se de muy buena tinta que siente mucho todas las cosas, pero suele conformarse.

A veces se mete tanto en los problemas de los demás que olvida los suyos propios. Haciendo honor a la verdad, he de decir que olvida, además, porque es un poco despistado. Pero no pasa nada, es normal que pueda tener un despiste ya que tiene tantas cosas en la cabeza que deben rebotarle las ideas ahí dentro.

Se ha dedicado siempre en cuerpo y alma a las personas y ha descuidado la suya propia. Le apasiona el judo y lleva a gala todo lo que sabe de este deporte. No duda en mostrarnos alguna cata en cualquier momento haciendo ver lo bien que se encuentra de forma.

De vez en cuando suena el teléfono y ahí está el bueno de Josemi, diciendo que tiene ganas de escucharte y que por eso te llama. Y es que es un amigo con el que se puede tener conversaciones de cualquier tipo. Y además tiene una capacidad de aprendizaje tan grande que uno se siente bien charlando con él sobre cualquier cosa.

Todos los jueves me llama para darme sus impresiones sobre el artículo que aquí escribo. No ha fallado ni un solo día en el que me haya comentado lo que le ha producido la lectura del mismo e, incluso, me ha propuesto algún reto para escribir en la semana siguiente.

Me honro de tener su amistad desde hace tanto tiempo. Tenemos muchas conversaciones en las que somos capaces de emocionarnos y reírnos mucho, en las que somos capaces de banalizar sobre todas las cosas, y mira que esto es muy difícil, porque él se lo toma todo muy a percho.

Tomar una cerveza con él es un momento en el que tienes aseguradas las risas y en el que te vas a encontrar bien. Es tan entrañable que encontramos el sitio justo para poder tener varias perspectivas sobre cualquier ámbito. Es de esas personas que son especialmente sensibles y con las que da gusto poder conversar.

Ha tenido una vida llena de altibajos de los que, afortunadamente, se recupera poco a poco, aunque los tenga muy presentes, pero es capaz de mirar al futuro con optimismo y con mucha ilusión. Eso sí, también es capaz de mosquearse y como solemos decir, con todo el derecho del mundo.

Y disfruta como un niño de las cosas que le propongo, sean las que sean. Conmigo ha hecho coaching con caballos, ha pisado una alfombra de cristales rotos, ha montado en moto “de las de verdad” y hemos disfrutado de muchas cosas juntos. Y lo mejor es que nos quedan muchas por hacer y llenarnos de adrenalina.

Pues el bueno de Josemi acaba de cumplir setenta años. Se siente tan de Guadalajara que no podía ser de otra manera que su aniversario fuese la víspera a la Virgen de la Antigua para no molestar a nadie que quiera disfrutar del día de su patrona.

MI querido “Orti”, continúa emocionándonos como hasta ahora y sigue siendo tú. Este mundo no sería igual si tu no estuvieras.

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