José María Bris

La imagen de la Antigua de Guadalajara, nuestra Patrona, fue encontrada, según la leyenda, oculta en las murallas de la ciudad para librarla de las posibles profanaciones que pudiera sufrir por los musulmanes que dominaban la ciudad. Cerca de ese lugar se dice que el Obispo de Alcalá, Allio,  que por entonces vivía en Guadalajara, erigió un humilde templo bajo la advocación de Santo Tomé (Santo Tomás), que fue el único lugar donde los mozárabes (cristianos que vivían en tierras gobernadas por los árabes) pudieron celebrar y rezar dentro de su religión.

La leyenda nos sigue diciendo que en la noche de la reconquista de la ciudad el 24 de junio de 1085, Alvarfañez de Minaya (1047-1114), se acercó a Santo Tomé y rezó en acción de gracias por su triunfal e incruenta entrada y toma de Guadalajara, que paso de venerar la media luna  a adorar la Cruz de Cristo.

El templo, construido en su primera traza en el siglo VIII, tuvo importantes obras de rehabilitación y mantenimiento debido a su mal estado, sobre todo durante los siglos XV y XVII, incorporando cuatro capillas con las rejas de hierro forjado, entre las que destaca la de la Ascensión del Señor (1565-1567), con una bóveda manierista de gran belleza, costeada por el licenciado Luis Álvarez Jiménez y su mujer Isabel de Zúñiga para que ambos fueran enterrados en ella.

 La Iglesia de Santo Tomé fue declarada  auxiliar  de otras iglesias  por el Arzobispo de Toledo Pedro Inguanzo Rivero (1764-1836) en 1831, con lo que se inició un declive en la perdida de categoría de la misma dejando de ser parroquia, declive que se unió al estado ruinoso que presentaba a finales del siglo XIX , lo que motivó que la imagen de la Virgen fuese trasladada durante seis años al convento de las Clarisas , del que formaba parte la Iglesia de Santiago. Esta grave situación de uno de los templos mas históricos de la ciudad hizo que el Ayuntamiento y la Cofradía llegasen a un acuerdo para casi una total reconstrucción del mismo, siguiendo el proyecto redactado por el arquitecto municipal Benito Ramón Cura y Olarte. Gran parte de las obras, que costaron 33.989,36 pesetas, fueron financiadas por la Marquesa de Villamejor (1832-1905), madre de Álvaro Figueroa Torres, Conde de Romanones (1863-1950).

De acuerdo con el proyecto solo se mantuvieron del antiguo templo la cabecera y el ábside de estilo mudéjar, pero cambiando la dirección, de tal manera que las cuatro  capillas que antes se encontraban a la derecha del mismo pasaron al lado izquierdo. El edificio quedó con la fachada principal de estilo neogótico. El 4 de noviembre de 1899 la Virgen de la Antigua regresó al Santuario realizándose la consagración del mismo, con la denominación desde entonces de  Santuario de la Virgen de la Antigua, pasando a ocupar la imagen su camarín en el centro del retablo mayor. Con anterioridad la Virgen de la Antigua había estado en una de las capillas laterales,  la fundada a finales del siglo XVI por D. Pedro Ruiz de Alarcón Mata y Sotomayor. El camarín actual es de fácil acceso para ser venerada por los fieles.

También con esta reforma, el retablo del altar mayor  fue adornado con las pinturas de José María López-Merlo y Pascual (1842-1904) y en los finales de siglo XX , siguieron llevándose a cabo obras de mejora del Santuario, ampliándose la parte inferior del retablo por parte del  artesano de Horche, José Antonio Martínez.

El 13 de junio del año 2003, en  mi ultimo dia como alcalde de la ciudad, tuve el honor de ver  colocada en la plazuela  que precede  la entrada del Santuario , una pequeña imagen de la Virgen de la Antigua, obra del escultor Luis Sanguino (1934), elevada sobre una columna, para que todo el que pase por allí, aunque no pueda entrar en el templo, recuerde a “Nuestra Virgen”, patrona y protectora de Guadalajara desde hace más de doce siglos.

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