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Nacho Redondo

Estos días de atrás pensaba en los artículos que llevo escritos en este medio y sobre la forma de ser que tenemos, de cómo encaramos las situaciones de la vida y, sobre todo, de cómo influimos en los demás. Mis pensamientos se encaminaban hacia lo que sucede alrededor de mi vida y también del resto de vidas con las que me relaciono. Incluso me atrevía a ir un poco más allá para pensar en el mundo que nos rodea, ya sea de cerca o de lejos.

Me flipa como las letras que salen de mi teclado reciben tantas y tan buenas consideraciones. Todas las semanas me llegan palabras bonitas a través de las redes sociales, de llamadas personales o a través de mensajes de WhatsApp. Y hay una palabra que revolotea en todos los mensajes que recibo por el medio que sea, siendo es una de las que más me gusta de este mundo: GRACIAS.

Se trata de una palabra que es utilizada de forma habitual por las personas más inteligentes que conozco. Es una palabra tan fina que sientes como te acaricia el alma, ya sea de parte de quien las da o dándolas a otros. Proveniente del latín mezcla el agradecimiento con la honra que se tributa a otro reconociéndole un favor.

Ser agradecidos es una forma de viajar a lo más íntimo del ser humano, de reconocer lo que tenemos y de llegar a ese terreno que a veces nos cuesta tanto, lo emocional, verdadera hélice de nuestras vidas. Y es que a veces nos dejamos llevar por lo superfluo, por el inconformismo del deseo o por los rencores de lo que dicta nuestro ego. Sin embargo, ser agradecidos es darle valor a lo que de verdad debe importar en la vida.

Agradecer es una forma de poner en valor lo importante de las personas en nuestras vidas, lo que han aportado a nuestra existencia y lo que pueden seguir haciéndolo. Por eso resulta tan importante poner de manifiesto que, pase lo que pase, me has aportado y eso es muy valioso para mi.

La gratitud es un regalo que nos podemos hacer todos los días y que además no cuesta nada. A veces nos desesperamos por perder algo, ya sea una cosa, una relación e, incluso, una vida. A veces parece que no tenemos nada y nos pasamos el tiempo renegando de nuestras cosas y relaciones. Pero si cambiamos la actitud frente a esto y agradecemos con humildad lo compartido y lo tenido, nos cambia la vida porque es una manera de reconocer lo que has tenido y lo que tienes.

Decía antes que las personas más interesantes que conozco son tremendamente agradecidas porque se enfocan en lo positivo más que en lo negativo. Y esto no quiere decir que no tengan problemas, lo que quiere decir es que se enfocan en solucionarlos en vez de regocijarse en ellos como excusa para no seguir hacia adelante. Nuestra vida está llena de momentos, personas y situaciones que no siempre cumplen con nuestras expectativas. En vez de instalarte en la ira, el odio o la falta de comprensión es mejor agradecer lo experimentado y aprendido de cada situación para sentir como se avanza de mejor manera.

Mirar hacia afuera, darnos cuenta de todo lo que tenemos en vez de preocuparnos por lo que no o por lo que podría haber sido, es una forma de crecimiento brutal para nuestras vidas. Son muchas más las situaciones positivas las que nos suceden que solo por estadística es mucho mejor estar agradecido a las mismas.

Agradecer y estar agradecido te cambia la vida. Es una forma de liberar sentimientos y emociones hacia otras personas y también hacia ti mismo. Agradecer significa reconocer y expresar aceptación de lo que tenemos y eso nos hace mejores cada día. Por eso tengo que decir que me siento agradecido de que estés ahí, leyéndome, apoyándome, aconsejándome y corrigiéndome para ayudarme a hacerlo mejor.

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