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Nacho Redondo

En las distintas formaciones que realizo junto a las personas de las que me honro formar equipo hablamos en muchas ocasiones de comunicación, de cómo comunicar bien para vender productos, bien para vendernos en la búsqueda de empleo, bien para construir nuestra marca personal.

Nos encontramos frecuentemente ante situaciones en las que tenemos que estar pendiente de cómo gesticulamos, nos movemos e incluso miramos para acompañar lo que estamos diciendo a través de la expresión verbal. Nos esforzamos por empatizar lo más posible a través de toda la comunicación con las personas que tenemos delante o aquellas a las que nos dirigimos a través de medios digitales.

En las empresas, ya sean altos ejecutivos o empleados de cualquier nivel con necesidades de comunicación, es decir, todos, se esfuerzan por hacer una buena comunicación en todos los sentidos. Es más, las personas que están en búsqueda de empleo se preparan en temas de comunicación para poder “vender sin vender” en los procesos de selección en los que están inmersos.

A través de la mirada descubrimos un universo de estados de ánimo y de desafíos constantes ya que a través de ella se encuentra el primer contacto entre personas. En la mirada descubrimos el miedo, la ansiedad, la angustia, la pena, la expectación, la alegría, la confianza en uno mismo…además de la verdad o la falta de de la misma.

Los ojos suelen expresar mucho más de lo que el mensaje no consigue por sí mismo. La mirada huidiza, la mirada tensa o una mirada fija fuera del contexto de comunicación nos dice mucho más que las palabras expresadas. Esto ocurre entre dos personas pero también ocurre cuando se está en una videoconferencia o en un auditorio en el que el ponente está alejado del público.

Qué decir de la comunicación a través de nuestras miradas ahora que tenemos la perenne compañía de las mascarillas, donde se hace muy importante expresar e interpretar a través de los ojos.

En muchas ocasiones nos encontramos inmersos en conversaciones o experiencias comunicativas que nos dejan bastante fríos, sin emoción en el propio mensaje y con personas totalmente desconectadas de lo que están diciendo del cómo lo están diciendo, es decir, con una tremenda falta de conexión con el auditorio al que se dirigen, ya sea un solo interlocutor o un grupo de personas.

Además de lo que decimos, de lo que expresamos con la mirada, de lo que mostramos con nuestros gestos debemos acompañar los mensajes con una postura amable, una sonrisa y una gran claridad en los ojos. De esta manera vamos a conseguir que nuestro mensaje sea creíble y llegue a las personas a las que nos estamos dirigiendo.

El tener una postura y cara amable, además de una sonrisa, no está reñido con un mensaje serio y directo, sin banalizar, claro está, el sentido real del mensaje. Pero es cierto que debemos intentar comunicar desde la esencia, desde la sinceridad y desde la humanidad de quien está lanzando el mensaje. Para mi unos de los ejemplos de una buena comunicación ha sido siempre el presidente Barack Obama.

Los gestos, las manos en los bolsillos, los semblantes, el cómo se estrechan las manos dicen mucho de la persona que los realiza, incluso más que las cosas que dice. Y aquí no se nos puede olvidar otra de las cosas que dice mucho más que todas las palabras y que todos los gestos: el silencio.

Una de las cosas más importantes que define lo que estamos diciendo es aquello precisamente que no se dice, aquello que rodea al propio mensaje en su preparación y para lo cual tenemos que prestar atención. Esto no es más ni menos que escuchar lo que ocurre a nuestro alrededor y escuchar lo que nos están diciendo las personas con las que nos estamos relacionando, aunque éstas no estén hablando.

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