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Lidia Casado

La semana pasada prometí hablar de uno de los libros que más me han conmovido últimamente y aquí estoy para cumplir mi promesa.

Se trata de “La hija única”, de Guadalupe Nettel, una novela publicada por Anagrama que me ha hecho pensar mucho. Porque habla sobre la maternidad y lo hace desde varias perspectivas pero, sobre todo, porque lo hace desde un enfoque que trata de romper con muchos de los mitos que pesan sobre la cuestión.

Así, Nettel une tres historias que reflexionan sobre el tema desde diferentes ángulos. Podríamos decir que son hasta cuatro esas historias, si añadimos la de la madre de la narradora, una mujer de edad avanzada que, de pronto, descubre la libertad, el feminismo y la emancipación femenina.

La primera es la de la narradora: una joven que ha decidido voluntariamente no tener hijos y que ha de lidiar con la incomprensión de una sociedad para la que un género (el femenino) y una situación (la de ser madre) deben ir de la mano. Coincide, además, que durante la narración, una familia de palomas anida en su balcón con la peculiaridad de que un día descubre que sus huevos se han “caído” y en su lugar ha aparecido un huevo diferente que, sin embargo, las palomas cuidan como si fuera propio.

La segunda es la historia de su vecina, una mujer cuyo marido ha fallecido en accidente y, desde ese momento, tiene miedo de todo lo que pueda ocurrir. Por ello, se oculta en su propio piso y mantiene a su hijo encerrado en él, para evitar cualquier peligro. El problema es que el hijo ha aprendido la forma de relacionarse con ella de su padre y, así, la maltrata constantemente con gritos, insultos y humillaciones. La narradora se hará cargo de este hijo, como las palomas de su balcón del huevo ajeno, lo que nos hace reflexionar sobre las madres que no lo son pero ejercen como tal.

Y me guardo para el final la tercera de las historias, la más potente (aunque parezca mentira) y que está basada en la experiencia real de una amiga de la autora: la de Alina, una mujer que, en principio, también pensó en no ser madre pero que, con el paso del tiempo, cambió de idea. El problema es que todo son trabas en su trayectoria, a cual más dura.

Así que ya ves por qué me ha removido hasta lo más profundo esta novela: Nettel explora a la perfección todos los miedos, inseguridades y conflictos internos que todas estas situaciones provocan y, de paso, nos hace reflexionar sobre el verdadero significado de la maternidad, sobre la consciencia a la hora de elegirlo y sobre los cambios que nos exige. Eso sí, recomiendo leerlo… pero en un buen momento emocional porque la historia de Alina es muy dura. Ya lo dijo Marta Sanz: la vida mancha; la literatura, también. Pero no por ello debemos dejar de lado las historias más duras o incómodas. De todo se aprende. Con todo se crece.

Nos seguimos leyendo.

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