El número de autónomos en la provincia aumenta gracias al auge del transporte y el comercio

Un empleado de La Perla coloca un plato de torreznos sobre la barra.

Fran Serrato

“Es desolador ver la sala vacía”, admite Noelia Toledano detrás de la barra. Solo dos personas desayunan en el inmenso salón de La Perla, un restaurante contiguo a la estación de tren de Guadalajara. El número de camareros dobla al de clientes. Una imagen insólita. Toledano, de 48 años, explica que las restricciones impuestas han convertido a su oficio en insostenible. Algunos hosteleros han tenido que cerrar. A ella no le faltan ganas, pero eso la dejaría arruinada “de por vida”. Sindicatos y patronal estiman que las pérdidas del sector rondan el 60% y que las ayudas aprobadas no consiguen paliarlas.

El confinamiento obligó a Toledano a cerrar su local durante dos meses. Cuando volvió a abrir, tuvo que reducir el personal casi a la mitad: de 12 trabajadores pasó a siete. “El coronavirus nos está haciendo mucho daño”, insiste Agustín Martín, un empleado que no ha sido afectado por los ERTE masivos. El sector de la hostelería en la provincia cuenta hoy con 1.517 autónomos, 11 menos que a principios de año. En la región, el descenso afectó a 138 personas.

“Cada autónomo que se da de baja es un bar que cierra. Mientras a ellos se les limita el aforo, todo el mundo puede ir a los centros comerciales”, reflexiona César García, secretario general de UPTA en Castilla-La Mancha. La hostelería y el turismo son los sectores más afectados por la pandemia. En cambio, la agricultura, el transporte y el comercio han florecido. La provincia cerró noviembre con 158 autónomos más que en enero. En la región, el dato se eleva hasta los 552.

El miedo de la gente

La herida de La Perla está registrada en su libro de reservas. La propietaria explica que a principios de noviembre siempre tiene cerradas las 200 comidas que ofrece en Navidad, pero que este año aún no tiene ninguna. “Me cancelan reservas continuamente. La gente tiene mucho miedo”. En su opinión, se trata de una sensación infundada. Un informe del Ministerio de Sanidad cifró en un 3,5% los contagios que se originan en los bares, una cantidad muy inferior al 40% que se producen en las reuniones familiares. “Está la cosa muy floja”, admite Pedro Pérez, propietario de Onuba, una taberna del casco histórico. Es mediodía y solo tiene dos clientes, así que está charlando con ellos, mano sobre mano.

Uno de los negocios hosteleros cerrados en Guadalajara.

“Los locales están al 30-50% de su aforo, pero los gastos no se reducen de forma proporcional”, sostiene Mario de Lucas, vicepresidente provincial de la Federación de Turismo y Hostelería. En su opinión, estos sectores son los más perjudicados porque han sufrido restricciones desde el inicio de la pandemia. Entre los hosteleros, De Lucas resalta la situación de quienes se dedican al ocio nocturno, que mantienen sus locales cerrados, y de aquellos que ofrecen banquetes, que apenas se han celebrado. Para salvar la situación propone un rescate, ya que las medidas aprobadas “no han conseguido acabar con el problema”.

El Gobierno central lleva meses trabajando en un plan de choque para la hostelería. Tiene previsto aprobarlo este martes. La medida estrella será una rebaja del 50% del alquiler en los locales propiedad de grandes tenedores (los que tienen más de 10 inmuebles urbanos). Además, las empresas obtendrán una inyección de fondos. El Gobierno autonómico también aprobará esta semana un decreto para ayudar a los autónomos. El plan estará dotado con 1,9 millones de euros y beneficiará a más de 600 trabajadores por cuenta propia con hasta 3.000 euros. Con esta medida, las ayudas aprobadas por el Ejecutivo de Emiliano García-Page se elevan hasta los 25 millones.

El Ayuntamiento de Guadalajara lanzó en septiembre un plan de apoyo a la hostelería y al turismo con un importe de 500.000 euros. Los solicitantes pueden beneficiarse de hasta 6.000 euros. No obstante, Juan Luis Pajares, presidente provincial de la Federación de Turismo y Hostelería, estima que el sector turístico está “herido de muerte”. Y eso, a pesar de que el turismo rural tuvo un ligero repunte en verano. “En Guadalajara la temporada alta se da en otoño. Normalmente está todo lleno, pero este año la ocupación es del 25%”. La gente ha dejado de viajar. Prueba de ello es que varias agencias de viajes de la capital han cerrado sus puertas.

Una agencia de viajes cerrada en Guadalajara

Nunca llueve al gusto de todos. Carlos Cobos, de Librería Cobos, revela que la venta de libros ha aumentado en los últimos meses porque “la gente sale menos de casa”. En cambio, Kaouthar, propietaria de Lina, afirma que los transeúntes se quedan mirando la ropa de su escaparate pero que no entran a comprar. “La pandemia ha hecho mucho daño en la hostelería por las restricciones. En otros sectores, el comportamiento ha sido dispar. La alimentación minorista, por ejemplo, ha obtenido mejores resultados”, afirma Santiago Zafrilla, responsable regional de Servicios en Comisiones Obreras. Lo certifica José Luis del Castillo, de Carnes Jabardo: “La gente no sale de la ciudad y viene más”.

El Ayuntamiento de Guadalajara ya aprobó en octubre 45.000 euros en ayudas al comercio de proximidad para incentivar el consumo local. El número de autónomos de este sector en la provincia ha aumentado en 21 personas en lo que va de año. El de transportes, en 52 (de 910 en enero a 962 en noviembre). Cifras que atenúan las pérdidas de otros sectores, como la industria manufacturera (16 empresas menos) y que han ayudado a que la provincia de Guadalajara pase de contar 14.908 autónomos en enero a los 15.066 actuales. Pese al catarro de la hostelería.

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