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Antonio Marco

A los antiguos griegos les debemos muchas cosas importantes, entre otras la creación de las competiciones deportivas. Ellos inventaron las Olimpiadas, olvidadas durante muchos siglos y recuperadas en los tiempos modernos. Ellos convirtieron la furia y el ardor guerrero en competición amistosa en la que el vencedor no mata al vencido sino que se siente recompensado con la gloria de ser el más rápido (citius), el que más salta (altius), el más fuerte (fortius). Tan solo recibe como recompensa una corona de ramas de olivo sagrado, símbolo de su victoria. Esto desconcertaba a sus vecinos bárbaros, como los persas, con los que sostuvieron guerras decisivas que orientaron el futuro de occidente. El historiador Heródoto, llamado el padre de la Historia, también se lo debemos a los griegos, nos cuenta el desconcierto de los medos o persas con una anécdota interesante en el libro VIII,26 de sus Historias: en una ocasión unos desertores arcadios (griegos) se pasaron al bando de los persas y estos les preguntaron qué estaban haciendo en ese momento los griegos, a lo que les respondieron que:

los griegos estaban celebrando los Juegos Olímpicos; es decir, que debían de estar asistiendo a unos certámenes atléticos y ecuestres. Y, al preguntar acto seguido el persa que cuál era el premio que tenían establecido en sus competiciones, los arcadios le respondieron que al vencedor se le concedía una corona de olivo. Fue en aquellos momentos cuando Tritantecmes, hijo de Artabano , fue tachado de cobarde por el monarca al expresar una opinión que denotaba gran nobleza. Resulta que, al enterarse de que el premio consistía en una corona y no en dinero, no pudo guardar silencio y exclamo delante de todos: ≪! Ay, Mardonio, contra qué clase de gente nos has traído a combatir! !No compiten por dinero, sino por amor propio!≫(Traducción de Carlos Schrader. Editorial Gredos)

Hoy este espíritu noble, romántico y altruista de querer ser el mejor, a cambio simplemente del honor, anima el esfuerzo y sacrificio de muchos deportistas, de la inmensa mayoría sin duda desde los más jóvenes alevines a los más valorados profesionales; no anima en cambio el proceder de los dueños y directivos de los clubs, convertidos simple y llanamente en empresas de ocio cuyo primer objetivo es ganar dinero. Y a fe que lo consiguen, porque el esfuerzo, la superación, el ir un poco más lejos, tiene mucho atractivo entre los millones de meros espectadores, dispuestos a pagar una buena cantidad por una entrada o por una visión a distancia, que eso es lo que significa la palabra “televisión”. Se echa en falta ese espíritu aristocrático de los antiguos griegos, pero tampoco nos escandaliza la conversión de la competición deportiva en negocio en un mundo en el que la economía neoliberal, también competitiva y con mucha frecuencia hasta salvaje, lo empapa todo. Nos puede costar más o menos, pero aceptamos el negocio justo porque las estrellas del deporte, agrupados en empresas del ocio, “dan espectáculo”, son los “circenses” que acompañan al “panem” moderno. “Panem et circenses” necesarios entre otras cosas para mantener tranquila a la masa de ciudadanos que en términos taurinos se llama “el respetable”, los respetables aficionados, y en futboleros “la hinchada”.

Lo que ya aceptamos peor, algunos con irritación, es que los dueños y dirigentes del equipo, de la escuadra, del ente deportivo, de la empresa, intenten también llevarlos un poco más allá a la hora de ganar dinero, más dinero, sin respeto alguno al respetable y tampoco incluso a los profesionales del deporte, comprados y vendidos en el mercado, ahora internacional, como meros “bienes semovientes”, es decir, propiedades capaces de moverse, que es lo que decía el derecho romano de los esclavos; los futbolistas se mueven bien, desde luego.

Alguno de estos dirigentes actuales se cree sin duda un Midas moderno, capaz de convertir en oro todo lo que toca o se le ocurre en su ambición delirante. Sin duda esto es lo que se cree el inventor y sus cómplices de la creación de la llamada “Superliga” de equipos de fútbol, que pretendía agrupar (a estas horas ya está en quiebra sin haber empezado la empresa) a los doce equipos de fútbol más rentables de la globalizada Europa en una competición exclusiva de ellos, los poderosos, con desprecio a los miles de equipos y futbolistas de todo nivel y a los miles de aficionados agrupados por mil razones e identificados con su equipo. Una “superliga” que ellos se la guisan y ellos se la comen con el dinero aportado por millones de espectadores que vibran incontenidos en el estadio o en el sofá de su casa. ¿Qué queda del antiguo espíritu griego, cuando se competía por amor propio? ¿Qué queda del fomento del deporte, aun pagando lo justo, como instrumento adecuado para mantener el cuerpo en buena forma física y dar valor a sanas virtudes como el esfuerzo, la colaboración, la competitividad, el afán de superación, el ejercicio de la fuerza para vencer y no para humillar al adversario?

Estos Midas modernos debían aprender del antiguo rey de Frigia. El dios Dionisos le concedió su deseo y en la concesión llevaba el castigo a su ambición sin límite: en su ambición por convertir en oro todo lo que tocaba, también los alimentos que pretendía ingerir o el agua que necesitaba beber se solidificaban y convertían en el metal deseado de brillante color amarillo. Los dioses le perdonaron y es de suponer que Midas aprendió para el futuro, el mito no nos lo cuenta. A este Midas moderno ya le hemos perdonado algún que otro desaguisado: convertir el suelo en oro con torres que pretenden alcanzar el cielo, transformar los fondos marinos virginales en papel moneda canjeable por oro, aprovechar la necesidad de cuidados y atención de las personas mayores para acumular más oro, y otras mil empresas variadas con similares objetivos. Debería aprender de su fallido proyecto de la “Superliga”; en el momento en que escribo, la defección de los equipos británicos, impuesta por sus “respetables” aficiones locales, lleva camino de frenar su ambición y salvarle una vez más. A ver si esta vez tampoco ganan los persas.

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