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Nacho Redondo

Llevo unos días dando vueltas a muchas cosas, muchas conversaciones y muchas lecturas que me ayudan a despejar algunas dudas que tienen mucho que ver con la forma de afrontar la vida. Tengo miserias como cualquier otro, dudas acerca de infinidad de cosas, preguntas que no encuentran respuesta y miedos que siempre están presentes.

Cada vez soy más consciente de lo importante de estar más tiempo con uno mismo y enarbolar banderas de distintos tipos, como la de la valentía, la del arrojo, la de la comprensión o la de cualquier otra que nos acerque a eso que nos gustaría alcanzar. Es el momento de procurar ser y recordar que un día fuimos fuertes.

Vivir con conciencia de ser uno mismo es preferible a cualquier otra cosa, poniendo por delante el corazón, sintiéndote libre y orgulloso de quién eres, pelear por tus sueños, equivocarte, caerte y ser el dueño de tu verdad.

En las meditaciones de San Ignacio, los binarios se refieren a las actitudes que tenemos ante la vida, sobre todo lo relacionado con la escala de valores de cada uno. Ahí, como muchas veces he dicho en estas páginas, intervienen las creencias, los tabúes y juicios. La meditación de los tres binarios tiene que ver con buscar nuestro verdadero bien. Así, San Ignacio describe a través de los tres binarios como los hombres quieren quitar los afectos para alcanzar la paz, buscar el mejor de los estados o decir qué y cómo querer o no hacerlo.

Se trata de una cuestión de comprender cómo queremos hacer las cosas y las consecuencias de estas. Es esa forma en la que estamos actuando de una manera determinada y acto seguido cambiamos la forma de hacer. Es el ejemplo de situaciones que no se entienden desde fuera pero que si sirve a cada uno en la toma de sus propias decisiones personales.

Desde esta perspectiva y, continuando con la gestión de las actitudes, debemos poner la atención en el problema en sí mismo y ser capaces de dar un paso atrás para tener una visión distinta. Además, debemos gestionar los sentimientos y poner en cuestión, de forma positiva, todo aquello que queramos hacer y que estamos enjuiciando.

Y es que lo que queremos hacer es muy importante ya que constantemente estamos tentados a hacer cosas que realmente no queremos. Nos encontramos en muchas ocasiones con algo parecido a lo que da título a este artículo como son las opciones con que nos encontramos. Parafraseando a San Ignacio, cuanto mejores queramos ser, más empeño pondrá el diablo en intentar quitarnos esa felicidad.

Resumiendo mucho la pirámide de necesidades de Maslow, sabemos que las más básicas se sitúan en la parte inferior y las más complejas en la cúspide. El camino se traza desde las necesidades fisiológicas, seguidas de la seguridad, la pertenencia, autoestima y autorrealización, siendo estáticas las posiciones ya que irán cambiando en función de las circunstancias que nos rodean.

Dado lo anterior, la versión ampliada de la pirámide identifica otras necesidades como son las estéticas, cognitivas y de autotrascendencia o también otras más mundanas como es el afán de dinero, el tener y la fama. Aquí entra en juego esa dualidad de las dos banderas que contrapone siempre dos aspectos como la pobreza contra la riqueza, el desprecio contra el honor y la humildad contra la soberbia.

Nos encontramos en una sociedad en la que se habla con demasiada ligereza sobre casi todas las cosas. Estamos anclados en la costumbre y se mira de aquella manera si quieres cambiar, sea lo que sea. Queremos protagonismos efímeros sobre imágenes que no nos corresponden, situados en el cortoplacismo como si esto fuera infinito.

Te invito a trascender a cada circunstancia, a cada momento, convenciéndote de la posición que quieres tomar y la bandera que quieres enarbolar. Sal de la mediocridad y colócate bajo la bandera de la autenticidad, de la responsabilidad y de hacerlo desde el corazón. Es tu momento, el momento de sentirte bien contigo mismo y de sentirte orgulloso de las cosas que haces.

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