José María Bris Gallego

Ya están pasando las Navidades, unas fiestas que tienen su base y fundamento en un motivo religioso, que fue el nacimiento de un niño en portal de Belén hace 2000 años, un niño que para los católicos es el hijo de Dios, en unas fiesta

Ya están pasando las Navidades, unas fiestas que tienen su base y fundamento en un motivo religioso, que fue el nacimiento de un niño en portal de Belén hace 2000 años, un niño que para los católicos es el hijo de Dios, en unas fiestas que también tienen su vertiente profana, este año en los dos sentidos las Navidades se están celebrando de una manera atípica, de un modo diferente y para ello basta con remontarnos tan solo 365 días hacia atrás, poco tiempo después de que el coronavirus naciera en la ciudad china de Wuhan, pero nos ha cambiado tanto la vida que parece hubieran pasado siglos desde entonces, con la presencia del maldito virus, hemos perdido la libertad de movilidad, de reunión y estamos aceptando la lejanía social de aquellas personas a quienes más queremos, nuestros hijos, nuestros nietos, nuestra familia, nuestros amigos….

Una Navidades alcarreñas atípicas, con los pregones de Navidad suspendidos o limitados en la presencia de las gentes, sin el ruido de las zambombas en las calles; en la ciudad de Guadalajara no se ha celebrado la zambombada que desde el año 1994, en las vísperas navideñas marchaba por el Paseo de Fernández Iparraguirre y bajaba por la Calle Mayor , llenando la noche de villancicos, sonido de cascabeles, panderetas, las zambombas en silencio, hasta la plaza del Ayuntamiento, sorteo de zambombas y un caldito para matar el frío,… y sin oír a nuestra ronda del Alamín, cantando el clásico villancico del Torito, la zambombada de Atanzón , la de Sigüenza,… y las rondas y rondallas de tantos sitios de la provincia todas en silencio, todas calladas.

Belenes en su cajas, esperando otras Navidades, y otros sin apenas público dormidos en las iglesias y los certámenes de villancicos, como los de Torija y Guadalajara suspendidos, con el recuerdo de otros años, para los cristianos la misa del gallo ha pasado de la media noche, al caer de la tarde, cuando la oscuridad domina el paisaje, a la espera del toque de queda, que marca el silencio definitivo del día, no pudiendo adorar al niño Jesús, porque el beso en estos tiempos de la pandemia está prohibido.

Las calles vacías y en silencio, la Puerta del Sol desértica en la noche mágica del año nuevo, la bola del reloj, bajando redonda y desnuda como ese mundo que se ha ido desmoronando con la Covid-19, ni cotillones, ni fiestas, ni alegría, en las casas, cenas y celebraciones con el temor del contagio. En nuestras calles, en Guadalajara, no habrá Cabalgata de Reyes, ni veremos los caballos, ni los camellos ni tampoco algún elefante que a veces venía, ni las ocas blancas subiendo en grupo por la Calle Mayor, ni los coches cargados de juguetes, ni los Reyes Magos en sus carrozas, ni en la puerta de la Iglesia de San Ginés al alcalde de la ciudad recibiéndolos, este año todo queda en el recuerdo, las Navidades alcarreñas están siendo virtuales, las luces de nuestras calles y plazas y la nieve blanca que ha venido a nuestros pueblos, nos dicen que estamos en Navidad, la sentimos en nuestros corazones, pero nos queda la esperanza de que pronto todo volverá a ser como ese antes que ahora tanto añoramos .

s que también tienen su vertiente profana, este año en los dos sentidos las Navidades se están celebrando de una manera atípica, de un modo diferente y para ello basta con remontarnos tan solo 365 días hacia atrás, poco tiempo después de que el coronavirus naciera en la ciudad china de Wuhan, pero nos ha cambiado tanto la vida que parece hubieran pasado siglos desde entonces, con la presencia del maldito virus, hemos perdido la libertad de movilidad, de reunión y estamos aceptando la lejanía social de aquellas personas a quienes más queremos, nuestros hijos, nuestros nietos, nuestra familia, nuestros amigos….

Una Navidades alcarreñas atípicas, con los pregones de Navidad suspendidos o limitados en la presencia de las gentes, sin el ruido de las zambombas en las calles; en la ciudad de Guadalajara no se ha celebrado la zambombada que desde el año 1994, en las vísperas navideñas marchaba por el Paseo de Fernández Iparraguirre y bajaba por la Calle Mayor , llenando la noche de villancicos, sonido de cascabeles, panderetas, las zambombas en silencio, hasta la plaza del Ayuntamiento, sorteo de zambombas y un caldito para matar el frío,… y sin oir a nuestra ronda del Alamín, cantando el clásico villancico del Torito, la zambombada de Atanzón , la de Sigüenza,… y las rondas y rondallas de tantos sitios de la provincia todas en silencio, todas calladas.

Belenes en su cajas, esperando otras Navidades, y otros sin apenas píblico dormidos en las iglesias y los certámenes de villancicos, como los de Torija y Guadalajara suspendidos, con el recuerdo de otros años, para los cristianos la misa del gallo ha pasado de la media noche, al caer de la tarde, cuando la oscuridad domina el paisaje, a la espera del toque de queda, que marca el silencio definitivo del día, no pudiendo adorar al niño Jesús, porque el beso en estos tiempos de la pandemia está prohibido.

Las calles vacías y en silencio, la Puerta del Sol desértica en la noche mágica del año nuevo, la bola del reloj, bajando redonda y desnuda como ese mundo que se ha ido desmoronando con la Covid-19, ni cotillones, ni fiestas, ni alegría, en las casas, cenas y celebraciones con el temor del contagio. En nuestras calles, en Guadalajara, no habrá Cabalgata de Reyes, ni veremos los caballos, ni los camellos ni tampoco algún elefante que a veces venía, ni las ocas blancas subiendo en grupo por la Calle Mayor, ni los coches cargados de juguetes, ni los Reyes Magos en sus carrozas, ni en la puerta de la Iglesia de San Ginés al alcalde de la ciudad recibiéndolos, este año todo queda en el recuerdo, las Navidades alcarreñas están siendo virtuales, las luces de nuestras calles y plazas y la nieve blanca que ha venido a nuestros pueblos, nos dicen que estamos en Navidad, la sentimos en nuestros corazones, pero nos queda la esperanza de que pronto todo volverá a ser como ese antes que ahora tanto añoramos.

Navidad 2020-2021.