José María Bris Gallego

Durante los años 1983 a 1987, yo era vicepresidente de la Diputación y mi amigo Juan José de Lope Cepero, agricultor y alcalde de Cogollor, en esos años me vino varias veces a hablar de su pasión por las plantas aromáticas que cultivaba y de los problemas que tenía para su comercialización, por lo que hablamos con la COPAG (Cooperativa de Agricultores y Ganaderos) para tratar de encontrar la ayuda que tanto necesitaba el sector.

Hoy , pasados casi treinta años de aquellas conversaciones, Juan José de Lope Cepero y sus hijos Juanjo y Rubén, son propietarios de la empresa Alcarria Flor, una de las más importantes de España en el cultivo de plantas aromáticas (lavandín, lavanda y espliego), en la venta de esencias e incluso tienen una delegación en Valensole (Francia).

Lo que en aquellos años pude comprobar, por mi relación con ellos, era que el sueño de tres agricultores, pioneros en el cultivo de plantas aromáticas en nuestra provincia, se ha convertido hoy en un fenómeno, no solo económico, sino social que se extiende por los campos de la Alcarria, la Campiña, la Sierra Norte y el Señorío de Molina, con más de cincuenta municipios donde se cultivan 2.210 has. (datos de 2020 ), 1.809 has. dedicadas a lavandín, 277 has. a lavanda y 124 has. a espliego.

Los agricultores de Guadalajara ven una buena alternativa, y en muchos casos el principal recurso, la plantación de plantas aromáticas, que tienen mejor precio que los cereales clásicos con su valor anclado en el tiempo; una plantación tiene un vida de 10 a 12 años, el inicio es caro, cuesta alrededor de 2.200 euros por ha., el primer año no se recoge cosecha, el segundo año de un 30% a un 50% de su producción, que se completa el tercer año con la plantación ya en plena explotación, pudiendo producir una media de 65 Kgs. de aceites esenciales por ha. y año, a un precio de mercado cercano a los 25 euros /kg., lo cual nos da un rendimiento económico de 1.625 euros por ha., por lo que en poco tiempo se recupera la inversión inicial.

Eso ha hecho que en nuestros campos, sobre todo en la Alcarria, en la época culmen de la floración, que es el mes de julio, las plantaciones de aromáticas se cubran de color morado, que causa un gran impacto al verlo convirtiéndose en un importante evento social, en un recurso turístico para nuestras tierras, pues son numerosas las personas que vienen a contemplarlos.

Se estima que una 40.000 personas se acercan a unos lugares que tienen su “capitalidad” en Brihuega, donde han hecho una eficaz propaganda invitando a visitarlos y ver no solo los campos de lavanda, sino también la belleza del municipio, y en Almadrones donde el Área 103 está institucionalizado el “Concierto de las aromas”, suspendido en estos últimos años por la presencia del Covid 19, recursos turísticos que se extiende por muchos municipios, como la episcopal Sigüenza, con tanta historia y tanto monumentos, que estoy seguro en muy poco tiempo será declarada “Ciudad Patrimonio de la Humanidad” y por la capital, Guadalajara, donde hace unos días el director de uno de los hoteles mas importantes de ella me decía tenía todas las plazas cubiertas de gente que venía a contemplar nuestros campos morados, como el color de nuestra bandera.

La destilación de plantas aromáticas en Guadalajara no es una novedad, nuestros campos que dan flores para conseguir la extraordinaria calidad de la miel, siempre se han cubierto de ellas, yo recuerdo en Jadraque, mi pueblo, hace más de 75 años, como en estos meses se colocaba un rústica planta de destilación donde se llevaba espliego y tomillo para recoger sus esencias, ahora la iniciativa de algunos agricultores ha conseguido que lo que era un pequeño y doméstico negocio, se haya convertido en algo muy importante para la economía de quienes lo cultivan y para incentivar el turismo en una gran parte de nuestra provincia.

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