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Nacho Redondo

Nos encontramos ante una verdadera revolución tecnológica en cuanto a las relaciones humanas. No es difícil encontrar en un parque un grupo de amigos cada uno mirando a su teléfono móvil. Lo mismo pasa en un restaurante donde los comensales están a sus pantallas.

Si a esto le sumamos lo que nos ha traído el último año evitando el contacto entre personas, ya tenemos lo necesario para que nuestra condición de seres sociales se encuentre en un momento ciertamente delicado, sin disfrutar de ninguna conexión con nuestros semejantes.

Recuerdo con cariño mis comienzos laborales donde trabaja como recepcionista de noche en un hotel. Es curioso como con ese trabajo, a priori, perdía el contacto con gente con la que compartir momentos personales, Sin embargo, me consideraba un afortunado porque todos los días conocía a alguien nuevo y, compartíamos, aunque solo fuese un “buenas noches” o “qué es lo que necesita”. A partir de ahí se abrían, por lo general, multitud de conversaciones en unas relaciones que eran totalmente efímeras.

Las situaciones de falta de sociabilidad suelen corresponderse con excusas que nos ponemos para relacionarnos con otros. Piensa en las ocasiones en las que pones un pretexto para relacionarte con alguien. O mejor aún, piensa en las ocasiones en las que pones un pretexto para hacer cualquier cosa.

Lo bueno de todo esto es que podemos redirigir nuestro destino social pensando en qué es lo que realmente queremos. Como muchas veces digo las cosas ocurren siempre dos veces, una cuando las imaginamos y otra cuando ocurren por haberlas imaginado. Quizás este sea uno de los grandes secretos de la sociabilización para relacionarnos con otras personas.

Muchas veces nos encontramos con sentimientos de soledad y de vacío, lo que nos lleva a una complicación a la hora de conectarnos con el mundo y las personas que nos rodean. Esto tiene que ver con sentirnos como una parte aislada de donde vivimos en lugar de pensar que somos una parte de un todo. Y para contrarrestar el sentimiento de vacío y soledad lo mejor es tener el propósito de ayudar a otros ya que mirar a través de esta experiencia puede hacerte sentir que las cosas tienen sentido y que son importantes.

El ser humano se ha repuesto tradicionalmente de todos los acontecimientos vividos, de los malos y de los buenos. A veces solo hace falta tiempo, a veces hace falta un poco de ayuda y otras veces hace falta cambiar la perspectiva.

Y claro, para poder optar a esta nueva forma de mirar, ¿qué es lo que puedo hacer? Cuando tengas un quiebre, sea el que sea, pregúntate qué estabas haciendo justo antes de que ocurriese y a partir de ahí intenta descubrir qué puedes hacer.

En una sociedad tan avanzada en todos los sentidos necesitamos mucho más de otras personas, de relaciones fuertes y duraderas, de conversaciones que alimenten las mismas y poder discutir de cualquier cosa y con cualquiera, siempre desde el respeto y la confianza en la ayuda.

Cuando todo esto se hace desde dentro, pensando en lo qué realmente le importa a la persona que tienes enfrente, el resultado es espectacular. Tenemos la oportunidad de cambiar cosas en las relaciones, de vivir de otra manera y pensar en cómo mejorar el mundo en el que estamos viviendo.

Vivir buscando entender al otro, pensando en ayudarle y en cambiar opiniones respetuosamente es llegar al alma, y es que lo que el alma toca nunca se olvida. No te quedes en “lo que es” y ve a “lo que puede ser”. El mundo de las posibilidades es mucho más rico e interesante a la hora de las relaciones, sean estas las que sean.

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