Guillermo Alonso

Hoy debería ser un lunes festivo tradicional. Para la inmensa mayoría de los habitantes de Castilla-La Mancha una oportunidad para aprovechar el puente, sobre todo ahora que ya no hay estado de alarma, ni cierres perimetrales. Y además con buen tiempo, lo que invita aún más a moverse de casa. Unos para ir a la playa, y muchos más, al menos esa es la esperanza, para visitar los maravillosos lugares que ofrece esta región en general, y la provincia de Guadalajara en particular.

Y para quienes acudan hoy al Teatro Auditorio Buero Vallejo, para recoger alguno de los más de sesenta galardones que se entregarán durante el acto institucional del Día de Castilla-La Mancha, debería ser exclusivamente una jornada de orgullo y satisfacción. En realidad, se les premia por su trayectoria, por sus esfuerzos, por su trabajo, por su valía personal y colectiva.

Pero, ¿por qué siempre haber un pero, que lo empañe todo?, a buen seguro se hablará y mucho de lo ocurrido en la noche del sábado en Alovera. Donde un hombre, en referencia al género evidentemente, decidía matar a su pareja porque ésta decidía que prefería vivir si él.
Cada vez que se produce un crimen machista se repiten casi siempre los mismos procesos: estupor, condena, rechazo, análisis de lo que ha podido fallar, cómo es que no pudo evitarse, en la mayoría de las ocasiones le sigue el olvido. Hasta que llegue la vista oral, recordemos lo ocurrido y poco después lo volvamos a olvidar. Todos excepto los deudos de la fallecida, que no podrán, pero poco podrán hacer para evitarlo.

Volveremos a hablar de educación, de prevención, de adoptar medidas de muchos tipos, pero nadie sabe muy bien porqué apenas pasamos de ahí.

Una vez oí que esto debería tratarse como el terrorismo, con penas mucho más duras, con imposibilidad de remisión de condena si no hay un arrepentimiento real y constatable, consiguiendo que los asesinos midan mucho más las consecuencias de sus actos. Porque lo cierto es que, con la ley en la mano, no sale tan caro matar a tu expareja. Los jueces aplican la legislación en vigor, y a lo mejor deberíamos modificar esas leyes para que las condenas convenzan más, o al menos a más potenciales criminales, de que no sale a cuenta quitar la vida a quien estaba contigo pero ya no quiere estar.

Hoy debería ser un día de fiesta. Y deberíamos estar hablando de Perales, del admirado Pedro Piqueras, de todos los profesionales que durante meses han luchado contra la pandemia, o nosotros a nivel provincial de los guadalajareños que serán reconocidos por su paisanos.

Y no lamentando otro asesinato machista de un tipo que no aceptó que una mujer no quería estar con él, porque ella no quería, y estaba en todo su derecho.

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