14-M: Un año después. Bomberos y Policía Local y Nacional tuvieron que hacer frente a lo desconocido, aprender y adaptarse a las necesidades del momento

La Policía Nacional en la Calle Mayor de Guadalajara.

Marta Perruca

El Covid-19, que se veía como un problema lejano, traspasó nuestras fronteras y la declaración del Estado de Alarma y el decreto de confinamiento sembró nuestras vidas de miedo e incertidumbre. También en el seno de los cuerpos y fuerzas de seguridad, donde se vivió quizá con mayor intensidad porque, salvando las distancias con el personal sanitario, que consideran “los auténticos héroes” de la pandemia, también vivieron esos momentos “en primera línea”.

Ellos y ellas hablan del desconocimiento de los primeros momentos, de aprendizaje y reciclaje continuos, de ese miedo e incertidumbre ante un posible contagio, común a todos los ciudadanos, pero sobre todo de solidaridad. Coinciden en recordar con emoción el entusiasmo de los ciudadanos cuando a las ocho de la tarde tocaba salir al balcón y, en medio de los aplausos y del estallido de alegría contenida, encendían las sirenas en apoyo a los sanitarios. Era su momento favorito del día, cuando a pesar de la ansiedad y soledad, conseguían recargar pilas para seguir al pie del cañón.

También coinciden en destacar la solidaridad de personas, colectivos e incluso establecimientos farmacéuticos, que durante el confinamiento elaboraron mascarillas, máscaras protectoras y donaron geles hidroalcohólicos y otros materiales para hacer frente a la escasez inicial.

Bomberos del Consorcio Provincial durante una intervención

Eugenio Perruca, bombero del CEIS Guadalajara: «Hicimos más de un millar de servicios de descontaminación de vehículos sanitarios»

Cuando estalló la pandemia y se decretó el confinamiento, Eugenio Perruca, bombero del parque de Molina de Aragón, ya estaba confinado. Comenzó a manifestar síntomas el sábado, pero el viernes había tenido tiempo de participar en el Comité de Seguridad y Salud como representante sindical para trazar las bases de las medidas que se iban a adoptar de cara a los distintos tipos de intervenciones y en lo que se refiere a la convivencia en los parques: “Se tuvieron que tomar una serie de determinaciones con muchas dudas, porque los mensajes que iban viniendo de la Administración Central y Autonómica se cambiaban de un día para otro. No obstante, se establecieron las pautas generales que luego se siguieron durante la fase de confinamiento”, explica.

En un momento de escasez de EPI´s en centros hospitalarios, el Consorcio partía con una situación bastante buena, puesto que por la naturaleza de su trabajo contaban con un pequeño stock que les permitió trabajar durante los primeros días, aunque estos equipos, recuerda Eugenio, «si se usan bien tienen una vida muy corta».

Los primeros efectos de la pandemia se dejaron notar enseguida en el trabajo rutinario del cuerpo de bomberos. “Al principio del confinamiento el tipo de intervenciones que teníamos normalmente de incendios forestales, rescates, etc., se redujeron en un 80 por ciento y de pronto, el 90 por ciento de las mismas, fueron relacionadas con el Covid-19”. En este sentido relata que tuvieron que atender casos de apertura forzada de viviendas para posibilitar el acceso del personal de emergencias a personas enfermas que no habían podido abrir la puerta, por caídas u otros motivos, pero sobre todo actuaron en la descontaminación de vehículos y edificios.

Eugenio Perruca, bombero del parque de Molina de Aragón.

De esta manera, se llegaron a hacer más de un millar de servicios en vehículos sanitarios a través de una estación que se instaló en las inmediaciones del Hospital de Guadalajara, “porque todas las ambulancias terminan convergiendo allí”. “Nos pusimos en contacto con los bomberos del Ayuntamiento de Guadalajara y decidimos coordinar el servicio entre los dos; crear un turno de gente y preparar una estación fija con un horario muy amplio, desde las 6.00 hasta las 21.00 horas, y todas las ambulancias, cuando acababan el servicio terminaban allí”. El bombero del parque molinés comenta que para ello se estableció una cadena, “una calle en la que la ambulancia iba avanzando a medida que pasaba por los distintos procesos de forma que, cuando llegaba al final, la ambulancia estaba totalmente descontaminada y los operarios listos para volverse a poner un traje limpio y volver al trabajo”.

Los trabajos consistían en la descontaminación exterior del vehículo con nebulizadores de hipoclorito sódico (lejía); labores de desvestir a los sanitarios y desinfectar los trajes, para proceder después a actuar en la parte interior. “Hacíamos un primer tratamiento de nebulización de hipoclorito sódico y después un tratamiento con la máquina de ozono”, aclara.

En los parques de Molina y Sigüenza se habilitaron pequeñas estaciones para las ambulancias que traían pacientes a casa, así como vehículos de la Guardia Civil, de agentes forestales, funerarias, etc. “En los parques estuvimos desinfectando a nivel municipal todos los coches que habían tenido posibilidad de contagio”, añade Eugenio.

Posteriormente, el Consorcio de Bomberos se puso en contacto con la Subdelegación de Gobierno para distribuir la desinfección de los edificios públicos. “En este caso, nos tocó descontaminar los cuarteles de la Guardia Civil. Hicimos un censo de cuarteles y para cada uno de ellos diseñamos un proyecto a partir de un plano con las distintas estancias y sus usos, porque no todos los productos son adecuados para todas las superficies y establecimos una periodicidad, en algunos casos semanal y en otros, dos veces por semana, según la afluencia que tuvieran”.

Eugenio comenta que para abordar estas labores de desinfección tuvieron que realizar un estudio independiente en colaboración con los fabricantes para establecer las dosis y su eficacia.

Conforme se fue abriendo el confinamiento, las intervenciones habituales se fueron incrementando por lo que “terminamos el año con un repunte importante. Estuvimos casi tres meses con muy pocas intervenciones, pero el verano fue bastante intenso”, concluye el bombero.

Policía Local: «Fueron momentos de mucha soledad, pero al final del día pensaba que era por el bien de los ciudadanos»

En lo que se refiere a la Policía Local de Guadalajara, la Jefatura adoptó un protocolo especial para hacer frente a la pandemia: “Cambiamos todos los cuadrantes; se suspendieron las licencias, los asuntos propios, las vacaciones y adoptamos un cuadrante en el que trabajábamos una semana sí y una no. Hicimos como un subgrupo dentro del turno que teníamos para que, si una parte de la plantilla caía mala, el servicio no se quedara desatendido”, comenta una agente que prefiere mantenerse en el anonimato.

Esta reestructuración hizo que compañeros que suelen compartir las intensas jornadas de trabajo en este cuerpo de seguridad, no se vieran durante los tres meses que duró el confinamiento lo que asegura que “fue difícil” a la vez que “impactante”. Recuerda además ese primer momento en el que tuvieron que pertrecharse la mascarilla como el inicio de una realidad diferente que asustaba. Así como la obsesiva desinfección y el uso del gel hidro-alcohólico.

Asimismo, las medidas de seguridad determinaron que los servicios por parejas debían hacerse ahora en vehículos diferentes, por lo que esta agente rememora unos días muy largos en los que reinaba la soledad. “La jornada era más larga, porque cambiamos el cuadrante y las horas pasaban super lentas porque estabas sólo, en un coche ocho horas”, afirma.

“La ciudad era como “The walking death” porque no veías a nadie por ningún lado y a todo el que veías tenías que preguntarle que a dónde iba. A mí no me gustaba nada, porque si veías a alguien le tenías que denunciar y a mí personalmente denunciar no es algo que me guste, es parte de nuestro trabajo, pero no es agradable”, comenta.

A todo ello, se sumaba el miedo y la incertidumbre. “Cuando hacías controles de documentación desconocías si esa persona tenía el Covid, y si había un conflicto en un domicilio, tenías que entrar en casas ajenas y no sabías lo que te podías encontrar. Era el miedo constante porque no sabías si te ibas a contagiar”.

Otro de los aspectos que señala es la confusión generada por los continuos cambios en las restricciones y la normativa que aún hoy están a la orden del día: “Como cada poco tiempo cambian las medidas hasta nosotros nos volvemos un poco locos, y cada semana nos preguntábamos qué está prohibido, qué no, qué le digo a la gente…”

Reconoce que no le ha gustado trabajar durante el Estado de Alarma: “Era una situación de mucha soledad, pero al final pensaba que estaba haciendo una buena acción por los demás, intentando contribuir a que hubiera menos contagios y menos muertes y eso es importante”. No obstante, recuerda como uno de los momentos más emotivos del día los aplausos de las 20.00 horas, “me encantaba, porque pasaba y veía a personas con una sonrisa en la cara y que en medio de este caos la gente tenía cinco minutos de felicidad máxima. Yo pasaba encantada con las sirenas puestas y no porque me aplaudieran a mí. Yo sabía que ese aplauso no era para mí, sino para los sanitarios”.

Imagen de archivo de la Policía Nacional.

Policía Nacional: «El comportamiento de la ciudadanía en Guadalajara ha sido ejemplar»

La Policía Nacional en Guadalajara por su parte destaca el comportamiento ejemplar de los ciudadanos que aseguran “ha facilitado bastante la tarea” y salvo “las típicas actas, por no respetar las normas de prevención, que en la mayoría eran reincidentes, no ha habido problemas”.

Fueron días de miedo e incertidumbre porque como cuerpo de seguridad y personal esencial estaban “en primera línea”. “Cuando ha habido que ir a un domicilio o teníamos una llamada, no sabíamos muy bien dónde íbamos. Además, había un gran desconocimiento sobre la enfermedad y teníamos que optimizar los recursos y los medios de los que disponíamos, que al principio no eran muchos, pero se gestionaron bien y aunque no faltaron, éramos conscientes de que se trataba de un material valioso”, afirman.

Al principio, explican, hubo cierto número de llamadas «de ciudadanos involucrados en que se cumplieran las medidas”. Personas que desde su ventana veían alguna irregularidad y que la Policía Nacional acudía a comprobar. Sin embargo, afirman que si hay algo que ha cambiado con la pandemia son los patrones de delincuencia: “En Guadalajara el hándicap que tenemos a nivel delincuencial o de organizaciones más fuertes es la proximidad a Madrid”, comentan. En este sentido, explican, al decretarse el confinamiento la delincuencia se redujo a niveles mínimos «y lo que se ha incrementado son las estafas por Internet”.

“Hubo quince días con un toque de queda prácticamente general para servicios no esenciales. Se cerró todo y no veías ni un alma por la calle. Entonces, se redujo la delincuencia muchísimo. No teníamos casos ni dentro de casa, que es lo que hubiera cabido esperar”, señalan.

Durante esos días, los coches de la Policía Nacional no dejaron de patrullar enfrentándose a la incertidumbre de “si tenías una llamada no sabías dónde ibas a ir o si te ibas a infectar” pero destacan que no tuvieron apenas “llamadas problemáticas” y que la mayoría de servicios fueron de tipo “humanitario” y “muchas dudas” de ciudadanos que pedían información sobre los límites de las restricciones por ejemplo para cuidar huertos o dar de comer a animales.

La Policía Nacional quieren aprovechar para agradecer “infinitamente” la solidaridad de particulares, colectivos y farmacias que cedieron material de protección e hidrogeles alcohólicos que les permitieron que en épocas de mucha carencia de este material pudieran estar protegidos y no tuvieran problemas en este sentido.

También destacan la buena disposición de los agentes que incluso, en muchos casos, se ofrecieron a doblar turnos si fuera necesario y señalan la responsabilidad de todo el cuerpo a la hora de acatar las medidas de seguridad, lo que se ha traducido en una incidencia muy baja de contagios.

Recuerdan con mucho cariño el momento de los aplausos, cuando pasaba «el zeta» con la sirena y notaban que los aplausos se avivaban o «el día que librabas y salías al balcón con ilusión para apoyar a los sanitarios».

Además, desde la Policía Nacional de Guadalajara se muestran orgullosos de que uno de los estudios del CIS en “pleno apogeo de la pandemia” situara al cuerpo como la segunda institución más valorada, detrás de los sanitarios y junto con la UME: “Pero ya sabes, se pasa de héroe a villano de un día para otro y la siguiente semana eres el que pone las multas. A nivel psicológico eso nos afecta bastante, porque no somos máquinas, somos humanos. Tenemos nuestra familia y nuestros problemas. Y claro, también nos ha llegado mucho ver a la gente que lo estaba pasando tan mal”, concluyen.

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