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Mario González es el vicepresidente de la Asociación ‘Pueblos con Futuro’, que en dos años y medio ha fijado unas 25 familias y más de un centenar de personas en una quincena de pueblos, la mayoría de Guadalajara

Marta Perruca

La Asociación “Pueblos con Futuro” se presentaba en sociedad el 18 de febrero de 2021, con un año de andadura y la satisfacción de haber incorporado nueve familias y 36 personas a cuatro pueblos del medio rural de Guadalajara. Un año y medio más tarde, son ya 25 familias y a más de un centenar de personas en una quincena de pueblos, llegando incluso a Zaragoza y Cuenca, una empresa en la que han encontrado el apoyo de entidades como la Diputación Provincial o la Fundación “La Caixa”.

La idea es sencilla: Se trata de buscar “una salida digna” en el medio rural para “familias sin recursos que están atrapadas en grandes ciudades como Madrid con situaciones difíciles” donde resulta prácticamente imposible desarrollar un proyecto de vida, por el precio desorbitado de los alquileres y las escasas oportunidades de trabajo. Pueblos con Futuro busca oportunidades en los pueblos y ofrece a las familias ese primer apoyo necesario para pagar el alquiler y las facturas o adquirir la licencia de conducir en concepto de préstamo, que deberán devolver una vez su situación se haya consolidado, para poder ayudar a otras familias, incluso les prestan un vehículo si fuera necesario.

Se trata de un “modelo de éxito” para la fijación de población en el corazón de la despoblación cuya clave, según su vicepresidente, Mario González, se encuentra en el proceso de selección y en el seguimiento de las familias. Quien fuera portavoz del PP en la Diputación de Guadalajara durante muchos años, ahora jubilado, asegura no obstante, que se podría trabajar a mayor ritmo si se contase con más recursos y entiende que ha llegado el momento de profesionalizar determinados aspectos de la labor de la asociación porque “con trabajo voluntario no siempre podemos llegar a todo”

El proyecto ‘Pueblos con Futuro’ arrancaba hace dos años…

Dos años y medio. Empezamos en febrero de hace dos años. De hecho, una de las familias que entró entonces se ha comprado una casa en Pareja. Se trata de una familia de Venezuela, muy trabajadora y muy ahorradora. Un matrimonio con dos hijos.

En esta localidad de la Alcarria se han instalado varias familias e incorporamos una más, a finales del año pasado, para reforzar el tema del colegio.

“Llevamos ya 25 familias y más de 100 personas. De ellas, alrededor de 40 tienen un trabajo en el medio rural y habrá más de 40 niños”.

¿Cuántas personas se encuentran detrás de la asociación y cuántas se están beneficiando de este programa?

Somos siete personas voluntarias y ahora hay una persona con unas horas de dedicación a la semana para reforzar un poco y ver si es ese el camino.

Llevamos ya 25 familias y más de 100 personas. De ellas, alrededor de 40 tienen un trabajo en el medio rural y habrá más de 40 niños.

Además de Pareja, ¿con qué otros municipios estáis trabajando?

Tenemos otros 15 pueblos más. Dos familias están en la provincia de Zaragoza, una en Gallocanta y otra en Cubel. Ahora hemos incorporado otra familia en un pueblo de Cuenca, en Salmeroncillos, y en la provincia de Guadalajara tenemos en Pareja, Peralveche, Salmerón, Saelices de la Sal, Santa María del Espino, Tordesilos, Fuentelsaz, Atienza, Brihuega, Algora, ahora irá una familia a Torremocha, Ciruelos del Pinar, la Olmeda de Cobeta… Están muy repartidas, salvo en Pareja y Atienza, que tenemos algunas más.

La verdad es que estamos muy contentos.

¿De dónde vienen esas familias?

Tenemos algunas familias mixtas de españoles cuya mujer o marido procede de otro país, principalmente de América Latina. También tenemos de varios países de Europa. De Ucrania hemos ubicado a una familia en Atienza, que no tiene intención de volver, porque la zona de donde vienen parece estar bastante devastada. Tenemos de Georgia, Perú, Venezuela, República Dominicana… La mayoría son de fuera y es entendible porque una familia española que haya salido de una zona rural y que no le haya ido bien en la ciudad, le cuesta mucho volver. Parece que lo ven como un fracaso, cosa que no debería ser así. Quizá la cosa haya cambiado un poco con el Covid… pero en España todavía sigue asentada esa cultura de que hay que vivir en las grandes ciudades para tener éxito.

“La mayoría son familias de fuera y es entendible porque una familia española que haya salido de una zona rural y no le haya ido bien en la ciudad, le cuesta mucho volver, porque lo entienden como un fracaso”

Sin embargo, una familia que viene de un país extranjero tratando de salir adelante no le importa ir al pueblo si realmente tiene allí un modo de vida.

¿Cómo tomáis contacto con las familias y los ayuntamientos interesados?

Respecto a los ayuntamientos, a veces, somos nosotros los que nos ponemos en contacto con ellos, porque hemos tenido alguna noticia sobre una posibilidad de trabajo, pero otras veces son ellos los que nos llaman a nosotros para pedirnos familias, a veces, a través de representantes que hay en los pueblos. En los casos de Gallocanta y Cubel ha sido uno de los representantes que conocía el caso de una familia en Molina de Aragón y veía que estaban muy contentos.

Las familias hay veces que nos encuentran a través de algún asistente social de los pueblos, que ya nos conocen. También, a través de Cáritas Madrid y las parroquias. Hay otra asociación que nos ha enviado un par de familias, que se llama “Campo Motiva” y está dentro de Cepaim…

¿Cuáles son los apoyos de ‘Pueblos con Futuro para lograr esta empresa?

Hemos tenido la ayuda de La Caixa, con 20.000 euros que nos dieron la vida, porque si no, no podríamos avanzar sólo con los donativos.

Cada familia nos viene costando de media unos 2.500 euros, dependiendo de la situación. Aunque, luego esas aportaciones las van devolviendo, siempre hay circunstancias por las que tardan un poco más. Por ejemplo, tenemos tres familias a las que les está costando un poco más.

Siempre hay cantidades que son a fondo perdido y así lo ha querido la Caixa, por ejemplo, en las ayudas para la alimentación.

Ahora también hemos firmado un convenio con la Diputación de 15.000 euros, que nos ha dado un poco de tregua para terminar el año y nos ha permitido, junto con la aportación de La Caixa, incorporar a lo largo de este año más de diez familias. Si tuviéramos algún recurso más, se podría avanzar a mayor ritmo.

Estamos muy contentos con estas aportaciones, pero estaría muy bien contar con más recursos que nos pudiera garantizar la incorporación de más familias.

“Estamos muy contentos con estas aportaciones, pero estaría muy bien contar con más recursos que nos pudiera garantizar la incorporación de más familias”

¿Cuál sería el siguiente paso?

Yo creo que tendríamos que dar el paso a profesionalizar ciertos trabajos dentro de la asociación, pero necesitamos más recursos.

En los pueblos nos lo van demandando y ahora vemos que tampoco podemos darnos mucho a conocer, porque corremos el riesgo de desbordarnos. Siempre he tenido mucho miedo a morir de éxito. Por eso, creo que deberíamos profesionalizar algún trabajo para no tener que depender en todo del voluntariado, porque hay veces que no llega.

Entonces, es posible fijar población en el medio rural…

Sí, hemos demostrado en poco tiempo que se puede incorporar familias en los pueblos. Es diferente a otros proyectos, como los programas Leader o Proder, que ayudan a la inversión, pero probablemente, no fijen población, ni ayudan a incorporarse a este tipo de familias.

Estamos hablando de familias que no tienen recursos y que buscan una salida digna, porque están atrapados en las grandes ciudades, con situaciones difíciles. Algunas han estado compartiendo piso y metiéndose una familia de cinco o seis miembros en una habitación.

En un pueblo, con una vivienda y un trabajo, encuentran cierta libertad y otra forma de vida.

Esas familias con niños encuentran una oportunidad y, en ese sentido, creo que hemos acertado con el modelo.

Tampoco nos hemos inventado nada. Estamos dando ese apoyo, pero además, lo más importante es la labor de selección de las familias y el seguimiento. Eso es clave, porque nos ayuda a ubicarles en el sitio que mejor puedan encajar. Aun así, no siempre acertamos y, de hecho, hemos tenido que reubicar a dos familias.

El modelo está ahí y no es complicado, pero hay un coste por la incorporación de cada familia que hay que asumir. Si se quiere frenar la despoblación, estamos viendo que, de esta manera, sí se puede fijar población y no es muy costoso, teniendo en cuenta que se están metiendo muchos miles de euros en proyectos, obras, infraestructuras, que están muy bien, pero luego no fijan población.

“Estamos hablando de familias que no tienen recursos y que buscan una salida digna, porque están atrapados en las grandes ciudades, con situaciones difíciles”

¿Cómo está afectando esta coyuntura actual de inflación y subida de precios a vuestra labor?

Por ejemplo, hemos tenido algunas familias que económicamente han ido muy pillados y que, en lugar de rebajar la deuda, hay ido casi aumentándola. En esto la luz ha sido un golpe bastante duro para algunas familias. A lo mejor, en una casa donde había estado una familia con un consumo de unos 60 ó 70 euros al más, han pasado a más de 150 y 200 euros. Eso, para una familia, a lo largo de un año, puede desbordar su economía, si está tratando de salir adelante.

Eso nos ha creado problemas importantes en dos o tres familias.

Seguro que después de estos más de dos años atesoráis numerosas anécdotas…

Sí, por ejemplo, tenemos una familia en Fuentelsaz que la abuela había emigrado a Venezuela de joven. De hecho, conoció a su marido en el mismo barco en el que abandonaba España. Al final han tenido que regresar a España por la situación que hay ahora allí.

Es una familia que se ha quedado con el bar del pueblo y en verano, además, llevan también la piscina. Las dos chicas han seguido con los estudios y ellos se han sacado el carnet de conducir, porque no han podido homologarlo aquí, porque les faltaba un papel, que es uno de los problemas más comunes.


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