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Esther-Olvido Corral del Rey

Qué se puede hacer cuando una ley creada para un colectivo minoritario va en contra de la igualdad del 52 por ciento de la población, las mujeres.
El Consejo de Ministros ha aprobado la llamada Ley Trans sin alterar ni un ápice uno de los puntos más controvertidos, la autodeterminación de género. No se han tenido en cuenta las consecuencias derivadas de reconocer jurídicamente la identidad de género y en este sentido nos encontramos con una contradicción jurídica. No es lo mismo la definición de género que se maneja desde el feminismo ya desde la Conferencia de Beijing en 1995 y ratificada por los Estados en el Convenio de Estambul en 2011, que la definición que se maneja desde la Teoría Queer. Para las (y los) feministas, el género es una construcción social y cultural donde se reparten diferentes roles a mujeres y hombres.

Por su puesto, este reparto se realiza bajo el prisma machista de esta sociedad patriarcal. El análisis crítico de la categoría género permite erradicar la desigualdad estructural que padecemos las mujeres por nacer con el sexo femenino.

Según la Teoría Queer, el género se concibe como identidad y se refiere a la vivencia interna de cada persona. Un día te despiertas sintiéndote o identificándote mujer y, al otro día, te sientes o te identificas como un hombre. ¿¡Y sobre sentimientos pretendemos legislar!?. Todo esto se traduce en que una persona podrá cambiar oficialmente de sexo con su sola declaración en el Registro Civil. ¡Uy, perdón!, de sexo no, de género o de sexo autodeterminado.

Pretender introducir en nuestra legislación conceptos y normativa contraria a la Ley de Igualdad entre mujeres y hombres y que pone en grave riesgo la Ley contra la Violencia de Género.El propio Consejo General del Poder Judicial, ha advertido de que el Anteproyecto de Ley discrimina a las mujeres, facilita el fraude de ley, pone en riesgo el deporte femenino, desprotege a las y los menores y vulnera el derecho de las personas adultas a recibir ayuda y acompañamiento sin que sea considerado terapia de conversión. Les remito a ustedes, al artículo “Y al final, ¿qué soy?”, publicado en este medio en julio del 2021.

Los problemas ya se están haciendo notar y en el ámbito deportivo la polémica está servida. Como deportista, competidora y profesional del deporte, me gustaría dar mi opinión. Este Anteproyecto de ley contraviene las actuales decisiones que en materia de categorías deportivas están adoptando las Federaciones Internacionales emitidas tras atender las recientes investigaciones sobre la relevancia del sexo en el rendimiento deportivo.

El deporte parece haber iniciado una senda revisionista respecto a las deportistas transexuales y la creación de una nueva categoría así como las limitaciones a la edad de transición. Esta semana varias Federaciones se han pronunciado a favor veto. Tras la natación, el atletismo y el fútbol, el rugby anuncia la exclusión de las deportistas trans tras ser los primeros en pronunciarse sobre su exclusión en 2020.

Al rugby, le ha seguido la FINA. Ya en 2019, Lía Thomas, quien inició su transición en ese año, compitió en las categorías femeninas, batiendo todos los récords, cuando anteriormente ocupaba el puesto 500 del ranking. La Federación Internacional de Natación, con criterios científicos sobre el rendimiento físico y absolutamente coherentes, decidió que en el Mundial de Natación celebrado recientemente, las personas trans que competían no podían participar en categorías femeninas. ¡Es que es de justicia competitiva!. Que las personas trans no compitan en una categoría femenina nos les quita derechos civiles. Lo que no es un derecho es competir con ventaja. En el deporte, compiten cuerpos físicos, no sentimientos.

Hablo con muchas mujeres que compiten al más alto nivel y existe mucha preocupación entre ellas. Los lobbies trans (principalmente gente con recursos) están ejerciendo una gran presión social. Según qué deportes (natación, atletismo, rugby, artes marciales…), muchas de ellas ya se están negando a competir contra lo que llaman hombres biológicos, término que está siendo censurado en muchas redes sociales. La persecución está llegando incluso a clubes de fútbol. El último ha sido el Real Madrid. La Unión Europea va a imponer sanciones disciplinarias por negarse a apoyar la mal llamada (principalmente por sectores conservadores) “ideología de género”. El género no es una ideología sino una construcción social. Me reiría a carcajadas si no es porque este es un asunto muy serio.

Y es que al final, por mucha transición o por mucha identidad de género, la genética es lo que es y los cromosomas que nos definen como mujeres u hombres son los que son. Y, por lo tanto, el deporte no puede obviar esta realidad. Bajo esta premisa, luego cada cual que se sienta como quiera pero nunca en detrimento de las mujeres. Porque el derecho a ser no existe. Se es o no se es y punto. Se tienen derechos por Ser pero no derecho a Ser.

Precisamente el feminismo surgió para exigir los derechos que históricamente nos han negado por SER MUJERES. No es que tengamos derecho a ser mujeres. Somos mujeres y se nos niegan muchos derechos por serlo. No obstante, si queremos trabajar por la no discriminación en el deporte, y sobre todo, en el deporte femenino, las diferentes federaciones internacionales y nacionales deberán tener en cuenta este aspecto porque lo que tampoco podemos hacer es prohibir a cualquier persona, independientemente de su sexo o de su sentimiento identitario, que pueda competir al más alto nivel o en cualquier categoría amateur. De cualquier manera, la Ley del Deporte en nuestro país deberá cambiar porque al final tendremos que encontrar una manera de integrar a las personas trans en la competición de una forma equitativa para todo el mundo porque es de justicia social.

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