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Agustín Esteban, presidente de la Asociación de Hijos y Amigos de Alcorlo, recuerda los últimos días del municipio en enero de 1982

M.P.

“Lo peor de todo es no poder visitar las calles o lugares que recorriste cuando eras un crío. Cualquiera, aunque viva en América, puede que vuelva o añore volver, pero en el caso de Alcorlo es incluso peor que un pueblo abandonado desde hace 60 años, con las casas desmoronadas por el paso del tiempo”, afirma Agustín Esteban, presidente de la Asociación de Hijos y Amigos de Alcorlo.

La Biblioteca Pública de Guadalajara del Palacio de Dávalos acogía en la tarde de ayer la segunda conferencia del ciclo “Sierra Norte”, “Alcorlo, el pueblo que fue”, organizada por la Asociación de Amigos de la Biblioteca de Guadalajara, que arrancaba el 26 de octubre con la presentación del libro “Serranía de Guadalajara: despoblados, expropiados, abandonados” por el coordinador de la obra, José María Alonso Gordo, de la que precisamente, Agustín Esteban escribía el capítulo dedicado a Alcorlo.

Para este antiguo vecino, “La Vereda, Matallana, Las Cabezadas, aunque queden un montón de piedras, allí está, pero en Alcorlo nadie puede pasar otra vez por sus calles. Solamente en el año 1995, cuando bajó una barbaridad el pantano pudimos estar de nuevo en plaza y yo estuve encima de la casa de mis padres”, recuerda.

La tarde de ayer fue un momento para la nostalgia y el recuerdo de un municipio del que las máquinas excavadoras y el fuego no dejaron nada antes de ser inundado por las aguas del pantano, a finales de enero de 1982.

En los días previos, se presentaron en el pueblo representantes del gobierno para realizar los pagos a los vecinos por sus viviendas y las tierras que tenían en propiedad: “A mis padres les dieron por aquel entonces 330.000 pesetas, que gastaron en su totalidad para comprar una casa en el barrio de Manantiales”, comenta Esteban. Al resto, se les anunciaría por carta o telegrama que fueran a cobrar las cantidades que les correspondían a Nuevos Ministerios en Madrid.

Hubo quien, según Estaban, jamás acudió a cobrarlo, a otros apenas se le abonó por sus campos lo que costaría la cosecha de aquel año.

Del municipio, sin embargó, sí se salvó la iglesia, pero no a iniciativa del Gobierno de entonces, sino de la Asociación de Vecinos del barrio de Asfain en Azuqueca de Henares que se llevaron la iglesia piedra a piedra con sus propios medios.

El ciclo continuará el lunes, 13 de diciembre, con la tercera conferencia de José Antonio Pinel, profesor de Literatura, sobre la localidad de Jócar, donde no fue un pantano, sino unas máquinas excavadoras las que, según el cronista provincial, Antonio Herrera Casado, “lo limpiaron de tal manera que hoy es imposible saber donde estuvo, tan solo que allí hay una fuente y debe estar por allí, y junto con este pueblo otros tantos de la Sierra”.

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