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Nacho Redondo

Queremos ser y sentirnos mejor pero no ocurre nada si tan solo nos quedamos en el propósito. Si de verdad quieres conseguir algo tienes que marcarte unos firmes objetivos con los que te involucres y con los que puedas disfrutar el camino para conseguirlos, aún sabiendo que habrá momentos de desesperación y desasosiego.

Si quieres que algo cambie debes actuar y para eso debes ponerte en marcha. Cualquiera de los métodos conocidos para el establecimiento de objetivos te puede resultar útil.

Una de las primeras cosas en las que debes poner el foco es hacia las cosas buenas que te trae la vida. Luego busca la forma de mejorar y entrena para conseguir el cambio deseado ya que no lo conseguirás de un día para otro.

Para conseguir tus objetivos ya sabes que te tocará trabajar duro y seguramente tendrás que renunciar a algunas cosas, por eso es tan importante que hagas una buena definición de los mismos y hayas hecho un previo del para qué quieres alcanzar esos objetivos.

Me apasiona el trabajo en equipo y para esto de alcanzar objetivos es necesario contar con los mejores, ya sabes «si quieres llegar rápido ve solo, si quieres llegar lejos ve acompañado».

Debes tener actitud para mejorar todos los días, para buscar tu objetivo, para descubrir aquello que te apasiona y aquello que realmente te haga feliz. La única batalla que se pierde es la que se abandona.

Una de las cosas que más estrés nos produce es la velocidad a la que vamos por el mundo, estamos en la era de las prisas donde queremos todo para ya. No nos paramos a pensar en lo que realmente queremos y eso nos lleva a que vivamos en transparencia, sin poner foco en lo verdaderamente importante.

El pasado día 2 la tierra alcanzó su velocidad máxima en perihelio, el momento más próximo al sol, que fue de 110.700 kilómetros por hora, y nosotros parados, creyendo que esto no se mueve y evitando movernos. Es curioso que ni nos tambaleemos a esa velocidad. Estamos en un momento que requiere de acción, acción para tomar decisiones, para poner nombre y apellidos a nuestros objetivos y para ponernos en marcha.

Te invito a que hagas un experimento hoy: cuando te sientes a comer busca disfrutar conscientemente de la comida de forma pausada y relajadamente, disfruta con el gusto y la vista pero también con el olfato. Cuando des el primer bocado detente y date cuenta de la textura, de la temperatura y del sabor, come despacio y disfruta del momento. Claro está, debes alejarte de cualquier distracción como el móvil o la televisión. Verás como el hecho de hacerlo conscientemente cambia tu percepción acerca del momento. Si te concentras encuentras resultados distintos.

Para la cultura japonesa el IKIGAI es un estilo de vida, una razón de ser. En Ogimi, un pueblecito del archipiélago de Okinawua en el que viven unas 3.500 personas y de las cuales noventa tienen cien o más años lo tienen claro: parte de su secreto está en el control del estrés, en las relaciones sociales y en hábitos saludables. Pues quizás ese es un buen objetivo con el que empezar.

Busca tu IKIGAI que no es ni más ni menos que la realización de aquello que pretendes. Se compone principalmente de 1. Lo que amas. 2. Lo que necesita el mundo. 3. Por lo que te pueden pagar. 4. En lo que eres bueno. Es otra forma de establecer objetivos.

Piénsalo, necesitamos un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida, necesitamos aprender de nosotros mismos y de los que nos rodean, necesitamos conocer el para qué para saber el cómo.