Guillermo Alonso

Ignoro el motivo por el que a la vacuna de AstraZeneca le ha salido la mala fama que arrastra. Parece como si le hubiera mirado un tuerto, o si alguien hubiera decidido que no debe triunfar esta vacuna. En cualquier caso, no goza de los parabienes de los que sí disfrutan las que la precedieron en el mercado. Pero lo cierto es que se trata de la vacuna que más dosis entrega, al menos en la Unión Europea, y la que más se ha utilizado hasta ahora.

Poco más de once casos, presuntamente dudosos, en numerosos países llevaron a una paralización temporal de su aplicación, aunque las inquietudes apenas duraron 48 horas, y ya se está poniendo en toda la Unión. Incluso en Gran Bretaña es la más utilizada, y no hay casos extraños, ni reacciones fuera de lo común. Parece segura, o al menos tanto como las otras que no reciben campañas tan negativas.

Al principio sí tenía una limitación, la de no usarse para mayores de 55 años. Eso la hacía útil para otros grupos de población, para agilizar la vacunación de cuerpos y fueras de seguridad, prevención y para docentes. Pero la mala campaña de imagen ha hecho que no se la mire con demasiado cariño. Incluso en las redes sociales hay quienes dicen que con AstraZeneca no quieren ser vacunados. Están en su perfecto derecho, por supuesto, pero yo no tendría ninguna dificultad en vacunarme e inmunizarme con ella. Así que ya lo saben las autoridades sanitarias, si nadie quiere acceder a esta vacuna, que cuenten conmigo, que me apunto. Y no se trata de colarse, pero desde luego adelantaría mucho mi vacunación si muchos se niegan y quedan vacunas sueltas, porque por profesión y edad no me tocaría antes del verano.

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