• Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Opinión

Nacho Redondo

Se cuenta de que allá por los años sesenta un empresario mexicano, Enrique Corcuera, construyó en su casa la primera pista de lo que después sería el pádel que hoy conocemos. Una de las versiones es que le puso paredes e hizo más pequeña una pista de tenis con el propósito de no tener que ir a por las pelotas que se iban por el fondo. Otra de las versiones es que construyó unos muros con el propósito de que la vegetación de su casa no invadiera la pista donde habitualmente jugaba a tenis y la hizo más pequeña.

Sea como fuese este empresario mexicano se convirtió en el padre del pádel. Una de las muchas visitas que recibía en su casa de Acapulco fue la del empresario Alfonso de Hohenlohe, propietario de hoteles en la costa del sol española y quien construyó las dos primeras pistas de pádel en Marbella en uno de sus establecimientos.

De argentinos que visitaban Marbella y también a Corcuera en México, se empezaron a construir pistas en el país del tango, Argentina, donde se popularizó y tuvo su auge. Fue en los años ochenta donde este deporte experimentó un ascenso entre quienes buscaban hacer deporte además de relacionarse con gente, una de las cosas buenas que tienen estas quedadas, ya que tenemos que contar con otros tres jugadores para la partida. Y así hasta nuestro días.

Vengo practicando este deporte desde más de diez años lo que me ha permitido conocer a mucha gente. He participado en torneos, he jugado en distintos clubes, he acompañado en la parte emocional de promesas de este deporte, realizo talleres de coaching a través del pádel y lo más importante, formo parte de un grupo de amigos que venimos realizando desde hace algún tiempo la «Liga Puntako», que tiene de todo menos de liga; por eso ahora lo denominamos «Pachangas Puntako».

Aquí nos juntamos, al menos, un par de veces a la semana para disfrutar de un poco de ejercicio con la excusa del pádel además de compartir, y esto es lo verdaderamente importante, unos ratos de conversación, risas y alguna cerveza de un grupo variopinto de personas que, sobre todo, se han convertido en muy buenos amigos.

Ya no recuerdo el tiempo que llevamos juntos, pero es el suficiente para haber pasado por todo tipo de momentos tanto a nivel personal como profesional. En los segundos nos apoyamos, alentamos, recibimos, damos consejo y aportamos nuestras experiencias y vivencias profesionales, además de cómo es lógico, podemos encontrar muchas respuestas gracias a la variedad de profesiones que estamos en el grupo.

Pero es en los momentos personales donde se ve la esencia de las personas y en este grupo hay PERSONAS con eso, con mayúsculas, que se alientan, se consuelan, se preocupan, se interesan, se respetan y se quieren. Y se demuestra constantemente.

Hemos pasado por momentos complicados en lo personal en los que el apoyo incondicional del grupo ha sido y es increíble, en la que la preocupación por el de al lado es lo primero y en los que las palabras de ánimo son sinceras.

Hemos convertido nuestras quedadas en una forma continua de estar en contacto, de comentar y compartir todo tipo de cosas a través de nuestras redes sociales o nuestro grupo de whatsapp. En definitiva, hemos creado unos lazos de amistad realmente fuertes.

Esta semana me lesioné el gemelo y todos los que estaban alrededor vinieron a procurarme los primeros auxilios. Dejaron sus respectivas partidas para preocuparse por mí. Y luego durante la semana han hecho lo mismo, desde las pregunta a través de mensaje como las llamadas diarias de interés por mi salud.

Gracias a todos por ser y por estar, por formar parte de esta sociedad, por ayudar a los demás, por compartir tanto y por ser ejemplo.

¡VIVA PUNTAKO!

Compartir en Redes sociales