Pablo Bellido Acevedo. Secretario General del PSOE de Guadalajara

Resulta que nuestra región, Castilla-La Mancha, es la comunidad autónoma que más esfuerzos económicos está dedicando a paliar los terribles efectos de la pandemia. No es una opinión, son hechos. Los últimos datos publicados por el Ministerio de Hacienda sobre gasto sociosanitario en noviembre señalan que nuestra región ha dedicado durante este último mes 522 millones de euros, lo que supone el 1,36% de su Producto Interior Bruto, cuando la media del país fue del 0,63%. Sí, los que más y en más del doble que la media española.

No somos la región más rica de España, pero sí estamos siendo la que, en la medida de nuestras posibilidades, más energías aplica para dar respuesta a un desafío de dimensiones gigantescas y cuyos efectos devastadores se multiplican en numerosos frentes que atender. Creo que podemos sentirnos orgullosos, pero nunca relajarnos.

No es la primera vez que los números se expresan con esta rotundidad: un informe del Comité de las Regiones de la Unión Europea ha destacado la labor de Castilla-La Mancha frente a la pandemia en aumento de UCIs o en reparto de mascarillas. También estamos entre las tres primeras comunidades en trazabilidad y seguimiento de casos de Covid-19. Y somos la región española que más ayudas está ofreciendo a las pequeñas y medianas empresas y al colectivo de autónomos, con un plan de 80 millones en 2020 al que se acaba de sumar otro más de 65: en total, 145 millones de euros, lo que nos sitúa a años luz de cualquier otra región.

En este ámbito sorprende las demagógicas quejas de algún partido exigiendo aquí más ayudas y compensaciones al Gobierno regional. Ese mismo partido gobierna en cinco comunidades autónomas y en todas ellas ha destinado muchísimo menos a socorrer a sus PYMES y autónomos. Evidentemente para quienes están sufriendo la crisis economía toda ayuda puede parecer poca, pero los datos son irrefutables, y quienes desde la política se embarcan en críticas injustas deberían al menos igualar donde gobiernan lo que aquí está haciendo el Gobierno de García-Page.

Si atendemos a los consejos de Isaac Newton y nos centramos en encontrar la verdad en la simplicidad de los hechos, y no en la confusión que -inflamada por intereses particulares- a menudo los rodea, encontramos en estos datos una contundencia extraordinaria. Ningún presidente o presidenta y ningún consejero o consejera tiene la responsabilidad sobre la pandemia, pero sí el deber de intentar paliar sus efectos en quienes la están sufriendo en su vertiente sanitaria o socioeconómica. Y ahí la administración en Castilla-La Mancha ha asumido un papel de liderazgo al ser la que más recursos emplea contra la pandemia. Por si fuera poco, lo está haciendo mientras reduce el déficit, que prácticamente se sitúa en equilibrio presupuestario.

Si en anteriores crisis, como la más reciente derivada del colapso financiero mundial que produjo el estallido de la burbuja inmobiliaria, la fórmula pasó por encoger la mano y el corazón, en este caso la receta pasa por apretar los dientes y abrir la mano para atender las necesidades de quienes más lo necesitan. En este punto me parece también de justicia reconocer el esfuerzo que están haciendo miles de administraciones locales, ayuntamientos y diputaciones, y el propio Gobierno de España con la extensión de los ERTES o la dotación de los fondos ICO entre otras.

Siempre se puede hacer mejor, qué duda cabe. Pero resulta incontestable que, en la comparativa con todas las demás regiones que enfrentan el mismo problema, aquí no solo no lo estamos haciendo peor, sino que nos estamos esforzando el doble. Y no me cabe ninguna duda de que si fuese al contrario, si fuésemos la que menos, no faltarían voces que lo denunciarían para alertar, con toda la razón, de la necesidad de corregir el rumbo.

Para afrontar este desafío colosal Castilla-La Mancha también cuenta con el Parlamento autonómico que más ha trabajado desde que el virus irrumpió en nuestras vidas. Las Cortes regionales encabezan el ranking en número de leyes aprobadas, muchísimas de ellas por unanimidad, y algunas de respuesta directa a la crisis sanitaria o económica como la pionera ‘Ley de reserva estratégica de material sanitario’ o la ‘Ley de Medidas urgentes para la declaración de proyectos prioritarios’. Además, la de Castilla-La Mancha está entre las pocas asambleas que han cumplido con el compromiso de tramitar el nuevo presupuesto para que estuviese aprobado a tiempo de entrar en vigor el 1 de enero, cuando esta herramienta resulta más necesaria que nunca para reaccionar contra la pandemia.

Contrasta este trabajo colectivo y la gran unidad en la toma de decisiones con un ambiente viciado por discursos de división que no se corresponden con lo votado, pero que contribuyen a generar zozobra, lo que menos necesitamos en este momento para superar el enemigo más descomunal al que nunca nos hemos enfrentado como sociedad.

Como contraste, en comunidades autónomas vecinas que no están haciendo tanto esfuerzo en gasto sanitario ni en compensaciones a sus autónomos el ambiente es de mayor unión, consecuencia de que la oposición, en lugar de desarrollar estrategias oportunistas, se dedica a apoyar a sus gobiernos y a generar confianza en la ciudadanía. Podría citar muchos casos, pero me quedo con Castilla y León o Aragón por citar ejemplos de los dos partidos mayoritarios que saben comportarse con responsabilidad y mesura.

Desde mi punto de vista bastaría con dejar de distraer esfuerzos en discutir lo que está bien hecho, o al menos mejor hecho que el resto. El desafío que arrostramos nos va a seguir exigiendo más y mejor trabajo, pero debemos abordarlo sin entretenernos en cuestionar aquello sobre lo que precisamente no existe debate posible. Esfuerzo y unidad son las dos actitudes necesarias para derrotar al enemigo común, que no es otro que el virus. Ojalá acabemos siendo, también, la región en la que más unidos y unidas luchamos contra esta terrible pandemia. Para ser justo creo que sí se puede agradecer a parte de la oposición, la minoritaria, sus propuestas y contribuciones que lógicamente se combinan con críticas y con apoyos, pero no debemos renunciar a que la otra minoría se sume.

Frecuentemente les pedimos a la ciudadanía que contribuya a ayudar con su comportamiento individual. Decimos que parar el contagio del virus es responsabilidad de todos y cada uno de los individuos que formamos esta sociedad. Y, siendo así, cómo ignorar la responsabilidad colectiva que tienen las instituciones, los partidos políticos y las personas que los lideran. “Recuerda que de la conducta de cada uno depende el destino de todos” dijo Alejandro Magno. Ojalá, más en este momento de gran dificultad, sepamos exhibir una conducta, un comportamiento, a la altura de los más bellos ideales que han guiado la historia de la humanidad. Lo necesitamos más que nunca para vencer al coronavirus.

Compartir en Redes sociales