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Nacho Redondo

La risa es una poderosa manera que tenemos de comunicarnos con el resto de las personas y es una forma de expresar lo que pensamos. La ausencia de risa también informa sobre lo mismo. La risa es una herramienta de expresión tan rica en matices que no hace falta nada más para poder expresarnos. A veces actúa, incluso, como antídoto ante la tristeza, la ansiedad o la soledad.

La risa produce efectos relajantes en quien la practica, sobre todo si es genuina, además de estimular a nuestro cerebro para entrar en un estado como de meditación y calma. Al fin y al cabo, la risa ayuda a liberar endorfinas, gracias a las cuales se puede sentir placer y contribuyen a mitigar la sensación de dolor y a fortalecer nuestro sistema inmune, todo ello de forma totalmente natural.

La risa resulta tan beneficiosa que combate frontalmente esos estados de tristeza con los que nos encontramos en nuestro día a día, convirtiéndose en la aliada perfecta para conseguir confianza y aumentar nuestra autoestima, además de ayudarnos a recuperar nuestro equilibrio emocional.

Y no estoy diciendo que se trate de una pócima milagrosa que cure cualquier tipo de mal. Ni tan siquiera estoy diciendo que tenemos que esforzarnos para reír constantemente. La vida es complicada y nos provee de situaciones duras que tenemos que afrontar, que tenemos que pasar el duelo correspondiente y que necesitamos del tiempo oportuno para reponernos. Lo que si estoy diciendo que se trata de una herramienta que nos puede ayudar a recuperarnos de cualquier circunstancia o que, incluso, nos puede ayudar a conseguir mirar con otra perspectiva.

Según distintos autores nos encontramos con varios tipos de risas y seguro que todos tienen sus razones en sus explicaciones. Lo que es seguro es que es una reacción que se da para descargar aspectos que tienen que ver con las emociones resultando algo maravilloso su observación en otros. Tanto es así que cuando alguien nos sonríe nos penetra en el alma provocando una conversación ausente de palabras, pero muy emocionante. Lo mejor de la risa es que es contagiosa.

La risa no es algo exclusivo de nadie, ni de los humanos. Podemos encontrar la risa en cualquier persona y en muchos tipos de primates, además de perros, gatos, caballos, etc., porque muchas veces también se ríe a través de los ojos o distintos gestos.

Reírse favorece nuestra adaptación a grupos y disminuye las tensiones. Nos permite concentrarnos de mejor manera y abordar cualquier tipo de conflicto con una perspectiva distinta. Además, nos ayuda a reducir los niveles de miedo y a superar la adversidad. La risa nos conecta emocional y socialmente con otras personas, lo hizo durante nuestros primeros meses de vida con nuestros padres y esto se va afianzando para poder utilizarlo con el resto de nuestras relaciones.

Para saber convivir hay que entender otros puntos de vista y otras perspectivas, hay que entender que a veces existen diferencias irreconciliables y hay que aprender a sobreponernos de las situaciones y de esos momentos en los que se discute por todo. Y aquí la risa juega un papel importante porque nos ayuda a mejorar esas situaciones y relaciones, mejorando nuestro día a día.

Todos podemos pasar por momentos complejos dentro de nuestras vidas viendo problemas en cada cosa que nos rodea, en cada palabra que nos dirigen o en cada instante, haciéndonos intolerantes a la frustración y disminuyendo nuestra capacidad para resolver los problemas de relaciones. Todo esto resulta entendible y comprensible, pero hay que buscar la manera de salir de ahí, de avanzar y de volver a ser nosotros mismos. Comprender que ni todos los que se ríen son totalmente felices ni que todos los que discuten por todo tienen perdida toda su relación, es fundamental para conseguir estabilizarnos y encontrar la tan anidad felicidad.

Lo que sí es seguro que la risa es una herramienta para ayudarnos con todo esto, de procurarnos una nueva perspectiva y de facilitarnos más positividad para transformar cualquier situación.

Por lo tanto, ríe y sonríe.

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