Pablo Bellido Acevedo

Si hay algo que nos anima y nos permite abrigar esperanza ante los terribles datos que nos deja esta tercera ola de la pandemia es la vacuna. Si las dos olas anteriores las vivíamos con resignación e impotencia y con las mascarillas, las distancias y demás medidas higiénico-sanitarias como única herramienta para combatir el virus, ahora a esas medidas le sumamos una que esperamos sea la definitiva, como es la vacuna. Para contar con ella ha sido necesario un trabajo científico e investigador para el que es difícil encontrar precedentes. Hemos aprendido, o eso me gustaría pensar, que el talento y la ciencia son valores que debemos proteger y potenciar porque sin ellos no es posible avanzar y quizá ni siquiera sobrevivir. Tenemos la vacuna y tenemos la absoluta necesidad de proteger a las personas más vulnerables, fundamentalmente a nuestros mayores. No podemos permitir que se vaya ni uno más si está en nuestras manos evitarlo. Por eso, considero imprescindible que no haya ni una fisura en los protocolos de vacunación, que cada persona se vacune cuando le toque, teniendo absolutamente claro que primero son las personas más vulnerables y el personal esencial que, suele estar en contacto con personas vulnerables, por lo que las razones para protegerles son dobles. Saltarse el orden establecido es injustificable. No puede haber fisuras por las que colarse porque todas las personas somos igualmente importantes a la hora de ser vacunadas, recibir una donación de un órgano o una ayuda de la administración. Si no cumplimos el orden establecido, si nos saltamos los protocolos y buscamos excusas para colarnos, nos conduciremos irremediablemente a la quiebra de la democracia y de la convivencia. Y siempre en favor de los más poderosos. Por eso me parecen inaceptables las propuestas del líder del PP en Castilla-La Mancha, Paco Nuñez, o del alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que dicen que los políticos, los representantes de los gobiernos, deberían vacunarse antes que el resto. No puedo estar más en desacuerdo, la verdad. Y me enfada profundamente, porque creo que unas afirmaciones así dejan ver que, si fuesen ellos los responsables de establecer los protocolos, harían eso: colocar a los políticos primero. Se empieza haciendo propuestas así para, a continuación, justificar a quien se cuela y acabar así abusando del poder. Por eso creo que quienes han quebrado el sistema, quienes han buscado artimañas para saltarse la norma, deben cesar en sus puestos porque han demostrado que se consideran más que los demás y, por eso, no son dignos de la confianza que la colectividad ha depositado en ellos. Y esto me vale para cualquier colectivo, ya sean políticos, militares o jubilados. Comparto plenamente la decisión del PSOE de apartar de la militancia a los responsables públicos socialistas que se han vacunado cuando no les tocaba. Los parámetros éticos que considero exigibles para el conjunto de la sociedad lo son aún más para los integrantes de mi partido, porque tenemos una responsabilidad con las siglas y con las personas que nos antecedieron y que lucharon dando incluso su vida por la igualdad, la libertad, la democracia, la justicia y la convivencia. No podemos quebrar ese legado por laxitud moral, egoísmo o abuso de poder. Dicho esto, creo que es también justo reconocer que hay miles de cargos públicos en España, la gran mayoría no remunerado, y sólo unos pocos han sido tan indecentes como para saltarse el turno y mancillar a los demás. A mí, se me han ido además de familiares y amigos, dos alcaldes de mi provincia por el coronavirus, Siso y Sara, personas a los que quería y admiraba, y lo que menos se merecen es que la gente piense mal de representantes admirables como ellos eran por unos cuantos caraduras. Tampoco lo merece mi querido Juan Ramón Amores, Juanra, magnífico alcalde de La Roda y una persona ejemplar que da una lección de vida, de humildad, generosidad y respeto con cada paso que da. Juanra, con ELA, una discapacidad del 68 por ciento y un grado dos de dependencia, ha dicho públicamente que no quiere estar por delante de nadie, que él cuando le toque y que lamenta que por unos cuantos se juzgue a todos, entre ellos a quienes, como él, no utilizan su cargo para obtener una vacuna, a pesar de necesitarla y mucho. Así que, no. No hay excusas para saltarse los protocolos porque hacerlo conlleva utilizar una posición para colocarse por delante de los demás y eso quiebra la igualdad y la convivencia. Decía Brian Tracy que la integridad es la base sobre la que todos los otros valores están construidos. Seamos íntegros ahora más que nunca porque es la manera de que no se destruya todo lo demás.

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