El Azuqueca batió en un intenso y entretenidísimo partido a La Solana (2-1) gracias a los goles de Aitor Rubio y Michel.

Michel celebra el gol del triunfo. Foto: Alejandro Gutiérrez (CD Azuqueca).

Juanjo Ortega

Partido de locos, sufrimiento a raudales, desesperación y cierta incredulidad por todo lo vivido. Y con todo, lo más importante es que los tres puntos se quedaron en el San Miguel, tres puntos de oro para mantenerse lejos de la zona peligrosa en el Grupo por la Permanencia.

La primera parte se pudo seguir casi sin mirar al terreno de juego. Bastaba con escuchar las instrucciones, ánimos y broncas de Sergio Rubio a sus futbolistas. “¡Vamos tarde a todas!” gritaba el técnico a sus pupilos a los diez minutos. Para entonces, La Solana ya había avisado con un lanzamiento de Jesús de la Hoz que se había marchado alto. Cierto que Migallón, también lo había intentado en una jugada personal, pero el control era visitante.

“¡Ritmo!” exigía Rubio poco después. “José, Michel, al pivote, olvidaros de otros”, añadía el preparador preocupado por la libertad de movimientos en el origen del juego amarillo.

“¡Espabilad!”, demandó a los suyos a los 21 minutos cuando Otman rozó el 0-1 con un disparo cruzado.

Poco a poco, las voces de Sergio Rubio fueron pasando de la preocupación al refuerzo. “¡Bien, chicos, bien”. Y a los 27 minutos anticipó el tanto rojinegro. “¡Sigue, sigue!”, animó a Abad en su pelea por un balón largo. El ariete creyó en la acción, se la llevó y asistió a Aitor Rubio para que éste inaugurara el marcador.

A partir de ahí, la instrucción era otra y clara. “¡Juntos, juntos!”, demandaba Rubio. “Si no llegamos a apretar, bloque medio” le decía a sus mediocentros.

En apenas dos instantes calló el entrenador azudense durante el primer acto. Primero cuando, en el minuto 42, Otman falló con todo a favor tras una gran acción manchega por banda izquierda. Y ya sobre la bocina, cuando Brotón recibió una dura entrada que le dejo KO.

Brotón (dorsal 15) tuvo que dejar el campo lesionado. Foto: Alejandro Gutiérrez (CD Azuqueca).

Tras el paso por vestuarios, Barrena centró buena parte de la atención de Sergio Rubio. Era el recién ingresado en lugar del lesionado Brotón, pero pronto llegaron los reconocimientos ya que el equipo volvió enchufado.

Pronto otro par de sustos acallaron momentáneamente al preparador. Primero con una mano que reclamaron los amarillos tras un tiro de Luque, luego por el remate de Said que Miguel Ángel despejó a córner y, en el mismo, por otro remate en área pequeña del ariete visitante que blocó el arquero rojinegro. “¡Vamos, vamos!”, apretaba Rubio desde el banquillo intentando despertar a los suyos.

Superada la hora, el técnico torció el gesto ante el golazo de bandera de Ángel Luis, que acababa de entrar en el terreno de juego y que limpió las telarañas de la escuadra de Miguel Ángel.

Sergio trataba de insuflar ánimo a los suyos, todavía afectados por el palo recibido.

En el minuto 67, el técnico al igual que el resto del campo gritó mano, algo que también vio el colegiado del encuentro dando la oportunidad a Michel de adelantar de nuevo a los locales, mientras el entrenador visitante clamaba por un supuesto atraco.

Mientras la grada y sus jugadores celebraban el tanto, Sergio Rubio, aprovechaba para dar nuevas instrucciones y mantener enchufados a los suyos. “¡Presión! ¡Sitio! ¡Juntos!”. Los gritos se sucedían desde la cal.

También el refresco, ya que Rubio dio carrete a Amando por Michel para reforzar el centro del campo mientras reubicaba a Migallón al frente de ese doble pivote.

“¡Sácala!”, gritó a su defensa en un balón que, tras varios rechaces acabó en el larguero de Miguel Ángel en un escorzo de Raúl. Sin tiempo para reponerse del susto, Sergio empujó verbalmente a Aitor Rubio en su carrera por derecha. El pase de la muerte del ‘14’ azudense, lo mandó al palo Abad, con tan mala suerte que el rebote, dio en el cuerpo del propio Abad y se marchó fuera.

Y de susto en susto, porque dos minutos más tarde, Miguel Ángel tuvo que estirarse al máximo para evitar un autogol de Lucas. La grada no se creía lo que veía y Sergio Rubio no paraba de mesarse la barba, tenso e incrédulo por lo que estaba viendo. Más aún cuando Abad, con un gran remate, exigió a Monreal a otra gran intervención.

El tiempo se acababa y Rubio llamó a Cubas para ganar más oxígeno además del último pase. Por delante, restaban ocho minutos y el equipo había reculado, tanto que Said controló un balón en área pequeña, pero no encontró portería en su volea a la media vuelta.

Sergio Rubio agotó los cambios dando paso a Ambo, mientras recolocaba una vez más a Migallón y el resto de mediocentros.

“Guille, fuera, salir vosotros”, pedía desesperado a los suyos, agobiados ante los balones al área del rival. Eso sí, Rubio fue de los pocos que no increpó al juez de línea al señalar fuera de juego en un mano a mano de Cubas.

Tampoco dijo nada al comprobar la triple ocasión que marró La Solana, con una mano increíble de Miguel Ángel, un rechace de Ambo y un remate al larguero posterior de Josema. Era el minuto 90 y por delante, restaban cuatro minutos. “No os aculéis”, rogaba Rubio, cada vez con menos voz.

De hecho, cuando el colegiado decretó el final del encuentro, el entrenador azudense apenas pudo apretar con fuerza los puños. Sabía de la importancia de los tres puntos que acababa de cosechar su equipo. Puntos que le mantienen en lo alto del grupo por la permanencia y lejos de esa zona roja a la que no quieren ni acercarse.

Ficha técnica:

CD AZUQUECA: Miguel Ángel, Rubén, Rangel, Michel (Amando, 72’), Abad (Ambo, 86’), Aitor Rubio (Lucas, 82’), Brotón (Barrena, 46’), Lucas, Guille, Migallón, Barroso.

LA SOLANA: Monreal, Jesús de la Hoz, Juli, Diego Sevilla (Vicente, 61’), Sancho, Raúl, Otman (Josema, 61’), Juan, Luque (Ángel Luis, 62’), Said y Pirri (Almarcha, 82’).

ÁRBITRO: Carrasco Hervás. Amonestó a Rangel y Migallón por los locales y a Sevilla, Josema y De la Hoz por los visitantes.

GOLES: 1-0. Minuto 27. Aitor Rubio. 1-1. Minuto 62. Ángel Luis. 2-1. Minuto 68. Michel de penalti.

INCIDENCIAS: Jornada 2. Grupo por la permanencia. San Miguel.

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