• Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Opinión

Nacho Redondo

El cine, la televisión o la literatura nos han traído historias sorprendentes que nos hacen reflexionar. Historias llenas de amor y ternura que nos acercan a una realidad a veces muy lejana para todos nosotros. Historias que, aún duras, nos enganchan a esto que tenemos delante de nosotros y que se llama vida.

Vida es la capacidad de nacer, crecer, reproducirse y morir, pero también es la capacidad de un ser físico de administrar sus recursos internos para adaptarse a los cambios que se producen en su medio. Desde esta perspectiva casi todos tenemos claro el concepto de vida. Y también desde esta perspectiva tenemos claro el concepto de muerte.

La vida transcurre en base a lo que vamos asimilando y construyendo, acertando y también equivocándonos, ya que las expectativas son realmente frágiles. La vida es eso que se produce entre nacer y morir y es precisamente lo que nos da esperanza para continuar y, la falta de ésta, es lo que nos hace vulnerables; es lo último que abandonamos antes de morir definitivamente.

Ahora bien, debemos despojarnos de algunas de las creencias con las que convivimos de forma habitual. Me viene a la cabeza la leyenda del carro de Gordias y su famoso nudo gordiano en el que Alejandro Magno pronunció esa célebre frase que se quedó para siempre: “tanto da cortarlo como desatarlo”. Esto tiene que ver con cómo a iguales problemas se pueden ofrecer distintas soluciones, incluso el cortar puede ser una de ellas.

A veces ocurre que las opciones más simples nos proporcionan otras nuevas para desatar nuestros nudos particulares. De hecho, en ocasiones, la manera más fácil de encarar un problema es hacer un cambio, por pequeño que este sea, lo que nos dará una nueva perspectiva y una más fácil resolución.

Independientemente de cómo afrontamos el nudo gordiano particular de nuestras vidas podemos contar con personas y herramientas que nos ayudan a desafiar cualquier situación que se nos presente. Esas personas son compañeros de vida que nos acompañan, y acompañamos, para desarrollar cualquier empresa, independientemente de la relación que nos una. Eso sí, siempre bajo el paraguas de uno de los valores que para mí tiene más importancia en la vida que es la honestidad.

Estamos a punto de llegar a la suma de ocho mil millones de habitantes en el planeta lo que nos da una idea de lo grande que es el lugar en el que vivimos y de lo difícil que es encontrarnos con ese tipo de personas con las que vivir en paralelo. Existe también una hipótesis de universos paralelos que combina la teoría de la relatividad y la física cuántica y que plantea la existencia de múltiples universos que tienen una existencia simultánea y que seguramente no seamos capaces de percibirlos porque estamos limitados por los sentidos que poseemos.

Así, con la grandeza del mundo en el que vivimos, con la cantidad de individuos que vivimos en él, a veces ocurre que se encuentran personas que llevan vidas tan paralelas que tienen que juntarse de cualquier manera. Todos conocemos algún caso en el que las personas son capaces de vivir tan en paralelo que hasta deciden que también quieren morir en paralelo.

La semana pasada se fueron los padres de mi gran amigo Miguel: León y Engracia. Un ejemplo de vidas paralelas en las que la enfermedad, cada uno con la suya, les mantuvo en equivalencia. Tanto es así que murieron en la misma habitación del hospital con muy pocas horas de diferencia.

La teoría de los universos paralelos dice que éstos jamás se encuentran y que de hacerlo dan lugar a una gran explosión como el big-bang. Apostar por el lado humano y por la honestidad es signo de vida. Es darte la oportunidad de explorar para poder ser. Lo de las vidas paralelas y que al final se juntan, como el caso de León y Engracia, quizás tenga más que ver con el origen de la materia, el espacio y el tiempo que con el final al que asociamos la muerte.

Nacho Redondo es coach, mentor de emprendedores, formador y conferenciante.

Compartir en Redes sociales