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Lidia Casado

Estas Navidades volví a ver “Wonder”. Y sentí la necesidad de releer el libro (“La lección de August”, de R. J. Palacio). Porque sí, la película está bien y es bastante fiel a la novela. Pero como el libro… no hay nada.

Lo leí con las chicas del club de lectura juvenil de Azuqueca de Henares hace unos tres años. Me encantó ir descubriendo con ellas no solo esta historia de superación, tolerancia y empatía sino, también, cómo está contada.

Me cautivaron los preceptos del profesor de August y, sobre todo, cómo la autora va cambiando el foco, en cada una de las partes de la obra, para mostrarnos cómo van viviendo la misma realidad los diferentes personajes de la novela.

Es algo que pasa todos los días (cada uno tenemos puntos de vista diferentes sobre la realidad) pero me maravilló comprobar hasta qué punto es importante no solo la empatía sino, también, el respeto a los demás.

Porque solo las ollas saben los hervores de su caldo. O como se dice en la obra: sé amable pues toda persona con quien te encuentras está librando una dura batalla. Siempre.

Es una novela (y una película) bienintencionada y tierna que da mucho que pensar. Y aunque su propuesta (en el fondo, todos somos buenos. Y malos. Al mismo tiempo. Solo hay que entender las razones. O la falta de ellas) pueda sonar un poco misterwonderfulista, creo que tiene profundidad. Y que deja poso.

Nos seguimos leyendo.

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