Ismael Barrios. Director de Radio Castilla-La Mancha

Me he decidido a escribir sobre la radio porque estoy viendo a este medio sufrir y hay que hacer algo. Parece que cierto postureo de la modernidad lo está poniendo contra las cuerdas y eso puede confundirnos con la causa principal que radica en los cambios del sector audiovisual, como le ocurrió a la prensa en la transformación digital.

Nos guste o no, vivimos en la cultura de la imagen, de las tres pantallas a la vez con el móvil, la tablet y la gran pantalla que cada vez es más grande en el salón. Vemos más y escuchamos sin necesidad de ver. La imagen la llevamos a todas partes, y eso antes sólo ocurría con la radio. Incluso la tele se convierte en radio, prueben a escuchar las tertulias de las televisiones y verán cómo no necesitan fijarse. En la tele hacen radio.

La radio ha perdido la exclusividad de la inmediatez. Antes sólo la radio era la primera en contar las cosas y ahora nos informa antes hasta el vecino con un tweet que alguien le haya enviado. Ya, ya sé que puede ser falso, pero eso hoy día importa menos.

La audiencia no se renueva, los jóvenes no escuchan la radio y entonces reinventamos el medio cambiándole el nombre. Mejor introducir términos como podcast, comunicación sonora, radioficciones, proyectos sonoros, tratamiento del audio….etc. Es la Radio Martini, “donde estés a la hora que estés” que menciona el maestro Gorka Zumeta en su último libro “La Radio, el acompañante silenciado”.

El directo se devalúa frente al laboratorio del sonido. La habilidad, la concentración, la tensión, la pericia, los reflejos, la capacidad, la mirada del técnico de radio en acción, su improvisación de recursos se desvirtúa.

En fin, que ahora le toca a la radio iniciar su transformación como le tocó a la prensa hace 10 años pasar del papel al periódico digital. Y creo que hay que hacerlo como demostraron los periodistas de Castilla-La Mancha entonces, comprometidos con lo auténtico que era el periodismo. Fue muy difícil, porque hasta el modelo de negocio se tambaleó y en esas están aún pero lo consiguieron porque creían en ello.

En la radio tiene que pasar lo mismo. Hay que reforzarla con la tecnología pero sin renunciar a lo auténtico que sobre todo es su nombre, a su naturaleza que es la cercanía, a la credibilidad que es su valor, a la relación emocional con el que escucha y te habla porque eso es la comunicación.

La radio de los nuevos tiempos, es una tarea que nos toca sobre todo a los que trabajamos en la radio y estoy convencido que debe hacerse desde el aprecio a este medio de comunicación sin victimismos ni complejos porque eso nos debilita y nos desvía del objetivo. Tenemos que creer en la radio donde vivimos cada día, escucharla para que nos escuchen. Escuchar la radio es un hábito, y hay que crearlo nuevo porque el de antes ya no existe. Si nosotros los profesionales no lo hacemos desde la autoestima y el amor propio a este medio no seremos capaces de crear lo más importante que ya ha conseguido la prensa: leer el periódico sin papel y con el mismo nombre.

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