Por Asun Perruca
Se nos va enero y esta es una de las imágenes que nos ha regalado este mes en cuesta. Yo es que veo esta foto y, qué quieres que te diga, se me revuelven las entrañas. La líder opositora venezolana, galardonada con el premio Nobel de la Paz hace entrega de la medalla enmarcada con dos inscripciones en la parte superior e inferior que rezan respectivamente:
"Al presidente Donald J. Trump. En gratitud por su extraordinario liderazgo en la promoción de la paz mediante la fortaleza, el avance de la diplomacia y la defensa de la libertad y la prosperidad".
"Presentado como un símbolo personal de gratitud en nombre del pueblo venezolano en reconocimiento a la acción decisiva del presidente Trump para asegurar una Venezuela libre. El coraje de Estados Unidos y de su presidente jamás será olvidado por el pueblo venezolano".
Me puse a analizar subjetivamente el gesto de ambos en la foto. Él recibe el galardón con dientes bien visibles y una sonrisa que se me antoja diabólica. No parece una sonrisa de alegría o gratitud, sino más bien la del cazador cuando atrapa a la presa, una presa que no ha cazado él, pero de la que se proclama merecedor. La sonrisa de Corina no muestra dientes, sino unos labios apretados, como intentando contener palabras que no conviene decir en voz alta. Veo incluso el gesto de fastidio de quien ha utilizado una estrategia de rendición-humillación ante quien no la considera preparada para liderar políticamente el país.
Trump aceptó la medalla como un gesto de respeto por parte de Corina, aunque este gesto no ha sentado muy bien al Comité Nobel de Noruega, que ha dejado muy claro que el título de Nobel de la Paz no puede ser transferido, por lo que la laureada oficial sigue siendo Machado.
Así que de momento este personaje narcisista, prepotente, grosero, arrogante, chovinista, racista, machista, misógino, inculto, mentiroso, manipulador, autoritario, vengativo, provocador, demagogo (podría extenderme más, pero me canso) ... no se ha salido con la suya. De momento...
Su narcisismo extremo le ha llevado a autoproclamarse merecedor nada menos que del premio Nobel de la Paz. Y anda que no se está poniendo pesado con el tema, hasta el punto de resultar bastante infantil, que parece un crío con una pataleta. La última ocurrencia hasta la fecha ha sido escribir al primer ministro noruego para decirle algo así: como no me habéis dado el premio, pues ahora me enfado y a partir de ahora me voy a portar mal.
La cosa es que todos sabemos lo que ocurre a veces con las rabietas infantiles: pues que a fuerza de insistir, triunfan en su propósito.
Y este, que es capaz de acciones tan sublimes como entrar a saco en un país a poner orden, a secuestrar a su presidente y señora, o a intentar comprarlo por las buenas o por las malas, igual se atreve a bombardear Oslo para hacerse con el premio. Mira tú, que el mencionado premio lleva el nombre del inventor de la dinamita.
Volviendo a la foto, me preocupan esas inscripciones con las que Corina ha acompañado la medalla del Nobel, especialmente eso de la promoción de la paz mediante la fortaleza. Como la inscripción está en Inglés, compruebo que efectivamente ha utilizado la palabra strength (fuerza como fortaleza) y no force (fuerza como violencia). Si hay quien es capaz de considerar la fuerza como virtud y la intervención como altruismo, igual vemos al susodicho en Noruega recibiendo el Nobel con todas las de la ley.
Es difícil asimilar que alguien tan grotesco haya conseguido los apoyos para llegar a ser tan poderoso. Es difícil y muy inquietante, porque nos hace pensar en otros líderes que han dejado en la historia recuerdos imborrablemente negros.
Así que, mientras sigo contemplando con inquietud cada nuevo disparate que se le ocurre a este elemento, me imagino a la pobre paloma, ya bastante tocada del ala con lo que tiene encima, ojiplática del todo cuando haya visto la medalla del Nobel en manos de Trump, aunque sea de mentirijillas.
Asun Perruca. Maestra y escritora.