Después de varios meses inflavalorando riesgos -con todo lo que pasaba, no pasaba nada en los mercados-, los inversores en renta variable han visto por fin las orejas al lobo con la guerra en Irán
El Ibex 35 ha pasado así de marcar máximos absolutos en torno a los 18.500 puntos a derrumbarse cerca de un 8%, más de 65.000 millones de euros. para buscar soporte sobre los 17.000 puntos en un primer impacto con los bancos, las aerolíneas y en general las empresas más ligadas al turismo como los sectores más castigados.
Tras la miopía mostrada por el afán expansionistas derivado de un exceso de liquidez, los mercados han terminado poniéndose las gafas para reconocer que los objetivos de inflación pueden saltar de nuevo por los aires. El precio del petróleo, según algunos analistas, podría dispararse hasta los 150 dólares por barril en el peor de los escenarios. Casi el doble del precio actual.
Aunque probablemente no se alcancen esos niveles, la OPEP ya ha anunciado el aumento de la producción y Estados Unidos tiene bajo la manga el as del crudo venezolano, lo cierto es que el mercado petrolífero va a vivir fuertes tensiones.
De momento, los precios en la zona euro ya han subido de forma inesperada hasta el 1,9% en febrero. Cerca otra vez del límite objetivo y todo apunta a que la cosa irá a peor en marzo. A estas presiones inflacionistas por la energía se van a sumar, además, los mayores costes para el transporte de mercancías que atraviesan por el estrecho de Ormuz y el mayor retraso de los proveedores que amenazan el comercio mundial. Asumir que este shock no generará cambios supone un inmenso error.
Al menos, los principales bancos centrales mundiales tienen ahora un mayor margen de maniobra. La Fed podría retrasar el posible recorte de tipos previsto. Aunque el fortalecimiento del dólar y su posición estratégica en el mercado de las energías vuelve a situar a Estados Unidos como la región menos vulnerable a esta crisis provocada por ellos mismos en un entorno de alta deuda.
El caso de Europa es algo diferente. Los tipos de interés del Banco Central Europeo se encuentran en niveles neutrales, en torno al 2%, pero es más sensible a las presiones inflacionistas. Eso explicaría la reacción más intensa a la baja de las bolsas europeas. En este sentido, los analistas recuerdan que ya se empieza a observar una mayor exigencia para financiar.
Por el momento, señalan en UBP, "las políticas de apoyo y unos beneficios empresariales resilientes parecen seguir sustentando el entorno económico global, lo que mantiene intacto un escenario base, aunque sin descartar un repunte temporal de la volatilidad si la situación se deteriora aún más".
Aunque el exceso de liquidez en el mercado podría ayudar a apaciguar las tensiones a medio plazo, a expensas de la duración y extensión del conflicto, a corto plazo la historia muestra que los precios de los metales preciosos y del petróleo tienden a aumentar en los días posteriores al inicio de un conflicto convirtiéndose en activo refugio para los inversores. En el mercado de divisas se espera una mayor fortaleza del dólar y una clara apuesta por el franco suizo gracias a su tradicional estabilidad como activos refugio.
Dentro de la renta variable, lo más razonable parece una toma de beneficios en aquellos sectores más revalorizados en los últimos meses, como es la banca, y más penalizados por la subida de los precios del crudo y la caída de la demanda como el turismo. También ha crecido la preocupación en torno a los valores más dependientes de las exportaciones, en especial a Estados Unidos, como el vino o el aceite.
Por el contrario, más allá de las opciones de refugio y cobertura, esa mayor liquidez buscará rotar hacia los sectores más beneficiados por la guerra. Este el caso de las compañías armamentísticas, de telecomunicaciones, aeroespacial, infraestructuras o farmacéuticas. Todas ellas deberían beneficiarse de un incremento de las inversiones, en especial en Europa.
De momento, el mercado ya ha parado el primer golpe. La cota de los 17.000 puntos de Ibex ha funcionado. Y no sería raro que quitara de nuevo las gafas para mantener el afán expansionista mostrado en los últimos meses. Si Estados Unidos consigue localizar y limitar la guerra y estabilizar el precio del crudo en torno a los 80 dólares por barril, no sería extraño ver al selectivo tanteando de nuevo la zona de máximos a la vuelta de la esquina.
Julio Muñoz. Periodista de información económica y experto en comunicación.