La localidad de Hiendelaencina, en la Serranía de Guadalajara, apenas contaba un centenar de vecinos en 1844, cuando el agrimensor navarro, Pedro Esteban Górriz, enfrascado en sus labores de lo que hoy conocemos como topografía y gracias a su afición por la mineralogía, descubrió un crestón baritoso en el que asomaba un filón de plata en el paraje conocido como Canto Blanco, junto al camino que une este municipio con Atienza.
La mineralización de este pequeño municipio consiste en dos sistemas de filones, con dirección noreste-suroeste, el primero, y este-oeste el segundo. En total, se hallaron nueve filones, de los cuales el más relevante es el “Filón Rico”, situado sobre la localidad de Hiendelaencina, en el que se excavaron las minas más productivas. Este filón, con una disposición prácticamente vertical, tenía un grosor de entre 20 y 30 centímetros.
El descubrimiento de Górriz encendía la mecha del desarrollo minero, que desató una suerte de “fiebre de la plata” en la zona: se abrieron numerosos pozos y en tan sólo una década, el pueblo llegó a alcanzar los 5.000 vecinos, según el censo del año 1857, gracias a la necesidad de mano de obra y de servicios. En poco tiempo, al pueblo llegaron obreros siderúrgicos, comerciantes, albañiles, herreros, mecánicos, farmacéuticos, médicos arrieros para el transporte del material de construcción, etc, mientras la fisionomía urbanística de la población se transformaba por completo. La explotación minera de la plata en Hiendelaencina fue la más importantes de la historia de España, llegando a producir el 60% de este metal en nuestro país.
Pero la gallina de los huevos de plata dejó de dar sus frutos en los años 20 del siglo pasado, precipitando el declive de este municipio que, de un plumazo, abandonaba la senda argentada y volvía a convertirse en un pueblo agrícola y ganadero, con un puñado de servicios. Hoy alberga apenas 107 vecinos, según los últimos datos del padrón de 2025, aunque su estructura urbanística y sus edificaciones todavía recuerden a aquellos años de prosperidad y, debido a la triste realidad de la despoblación, sigue siendo uno de los pueblos más importantes de la zona.
Hiendelaencina ya no cuenta con filones productivos de plata, pero mantiene intacta su identidad y un excepcional patrimonio minero con capacidad para convertirse en un nuevo foco de desarrollo que, sin tanta fiebre, garantice el futuro del pueblo y sus gentes.
En 2016 y después de más de una década superando obstáculos y complicaciones, abría sus puertas el Centro de Interpretación “El País de la Plata”, dedicado a la historia de la minería del pueblo y su transformación social. Se encuentra en un edificio de propiedad municipal en la Calle Mayor, dotado con numerosos paneles, vitrinas, maquetas y una sala de audiovisuales. Este recurso, gestionado por la Asociación de Amigos del Museo, abre todos los fines de semana de 12.00 a 14.00 horas y permite concertar visitas fuera de estos horarios en el teléfono 616 679 164 o en el correo electrónico elpaisdelaplata@gmail.com.
El objetivo ahora es conquistar las galerías de la mina de Santa Catalina para ofrecer una experiencia inmersiva similar a la de las minas de mercurio de Almadén, en Ciudad Real: un sueño que el Ayuntamiento lleva décadas dibujando y que ahora empieza a rozar con los dedos.
Las restos de este mina se encuentran a unos 400 metros del centro de interpretación, siguiendo la calle de las Escuelas y, como curiosidad, albergan desde 2022 el Jardín de Rocas “Luis Carcavilla”, con los ejemplares más comunes del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara.
En diciembre de 2022, la Conferencia Sectorial de Turismo daba el visto bueno al Plan de Sostenibilidad Turística “País de la Plata”, con un presupuesto general de 2.290.300 euros, cofinanciados a través de un convenio con la Secretaría de Estado de Turismo del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, que aporta 587.000 euros; la Diputación Provincial, 920.900 euros y el Gobierno regional, 782.400 euros.
En 2023 se redactaron los proyectos técnicos y en noviembre se completaba el proyecto definitivo de recuperación de Santa Catalina. Las obras salían a licitación en 2024, pero el contrato fue declarado desierto en el mes de agosto por falta de ofertas. Finalmente, en diciembre de ese mismo año se adjudicaban las obras con algunas modificaciones, que incluían una reducción de 70 metros en el tramo de la galería que pretende hacerse visitable – que inicialmente era de 275 metros- y la separación para una licitación y obra posteriores del proyecto de rehabilitación de edificaciones emblemáticas de la mina, como el castillete, la sala de máquinas, el pozo, el almacén y el edificio de oficinas.
En marzo de 2025, la Diputación de Guadalajara suscribía los contratos con las empresas adjudicatarias: Minesur Ingeniería S.L., responsable de la ejecución material por importe de 2.208.661,78 euros; y Túneles y Geomecánica SL, al frente de la dirección y coordinación de seguridad y salud de la obra, con un precio de 91.800 euros. Esta última empresa es la misma que elaboró para el Ayuntamiento de Hiendelaencina el anteproyecto de recuperación de la mina de Santa Catalina, sobre el que se basó la propuesta de Diputación para optar al Plan de Sostenibilidad Turística en Destino, aprobado por la Conferencia Sectorial de Turismo en 2022.
Los trabajos tienen un plazo de ejecución de 16 meses, con lo que deberían estar terminados en torno a agosto de 2026. Sin embargo, el convenio a tres bandas del PSTD, con una vigencia de 3,5 años, finalizaba en junio de 2026.
Ese mismo mes de marzo, durante una reunión de la Comisión de Seguimiento de la convenio, se aprobaba por unanimidad la decisión de prorrogar el acuerdo, una vez constatado que todas las administraciones implicadas habían realizado ya sus aportaciones económicas.
A mediados de diciembre de 2025, se publicaba en el BOE una resolución de la Secretaría de Estado de Turismo que incluía una adenda de prórroga y modificación del convenio, que se ampliaba por cuatro años más. De esta manera, las empresas tendrán hasta el 20 de diciembre de 2029 para llevar a cabo la ejecución de la obra y se alarga hasta el 20 de junio de 2030, el plazo para proceder a su justificación.
La adenda no altera la cuantía total, aunque sí reorganiza las actuaciones contempladas, especialmente en lo relativo al anexo técnico. Las principales actuaciones continúan girando en torno a la recuperación y puesta en valor de la Mina Santa Catalina, concebida como uno de los grandes atractivos turísticos del proyecto ‘El País de la Plata’.
Entre las intervenciones previstas destacan la rehabilitación de edificios para la creación de un centro de visitantes, la ejecución de obra civil para la recuperación del entorno minero, la implantación de sistemas de iluminación eficiente o el desarrollo de una musealización inmersiva. A ello se suman iniciativas como la creación de una marca turística propia, el desarrollo de una página web específica para la promoción del destino y la gestión del proyecto a través de una gerencia.
Las obras marchan a buen ritmo. Tal y como se puede ver sobre el terreno, hasta el momento, se ha ejecutado la rampa de acceso, abriendo una gran brecha en el suelo. La excavación se ha realizado por perforación y voladura controlada, aplicando técnicas de sostenimiento con bulones de acero y hormigón proyectado en los tramos críticos, siguiendo métodos mineros profesionales.
“Estuve en el lavadero de San Carlos diez años y, como era de la misma empresa, nos metíamos a la mina a curiosear. Llegamos hasta la sexta planta. Cuando se montó el castillote se hizo hasta la sexta planta. Entonces sacábamos agua constantemente y lo vaciábamos. Ahora el agua está a unos 40 metros”, comenta a El Decano de Guadalajara un vecino de la localidad, que merodeaba por el entorno de la mina.
Este mismo vecino comenta que las obras han avanzado unos 15 ó 20 metros en el interior de la galería, donde se está abordando un espacio museístico completamente nuevo, pero la intención es que el proyecto se adentre en las galerías antiguas. También se está trabajando en la rehabilitación de los vestuarios y en otras edificaciones.
De acuerdo con el proyecto elaborado por la empresa Túneles y Geomecánica S.L., para convertir la mina Santa Catalina en un recurso turístico visitable se analizaron varias alternativas de acceso (ascensor vertical, galerías en rampa, soluciones mixtas, etc.). Tras evaluar la complejidad técnica, el coste y la protección del patrimonio, se decidió construir una galería peatonal en rampa descendente desde la carretera CM-1001 de Atienza, evitando el uso intensivo de ascensores y preservando el castillete histórico.
El acceso peatonal desde el Museo de la Plata se plantea mediante un camino acondicionado hasta el inicio de la rampa.
En una adjudicación posterior también están previstas las obras de restauración de las instalaciones en superficie: el edificio de oficinas, el pozo y su castillete, la sala de máquinas y el almacén auxiliar, respetando la imagen que tenían en época de explotación.
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El proyecto aprobado prevé una galería de acceso de 315metros de longitud total (110 metros en trinchera abierta y 205 metros de galería subterránea). La rampa tiene una pendiente longitudinal descendente del 12%. La sección es de herradura con 3,75 m. de altura y 3,50 de anchura, ampliándose a 3,90×5,00 m. en los ensanchamientos destinados a espacios expositivos
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En el recorrido subterráneo se incluyen tres ensanchamientos que servirán como salas de exposición: uno amplio que intercepta el antiguo “Filón Rico” y otros para mostrar el proceso de extracción. Además, se instalarán pasarelas y barandillas para garantizar la seguridad del visitante y una iluminación adecuada de bajo consumo en todo el recorrido.
Asimismo, el plan incluye un nuevo pozo de emergencia de 2,10 m. de diámetro y unos 43 m. de profundidad, con una escalera interna y descansillos cada 2,5 m, que actúa como salida secundaria y una futura ubicación para un posible ascensor que no se ha podido incluir en el proyecto por problemas de costes.
La ventilación será natural por las bocas y pozos, pero se reforzará con equipos de extracción forzada ubicados en el pozo de emergencia, para mantener condiciones de aireación aceptables.
Los trabajos de exploración geotécnica han identificado dos niveles relevantes: a unos 21 metros se ha encontrado un pozo intermedio parcialmente colmatado y a 43 m. de profundidad, la galería del polvorín. En este último se hallaron restos de muros y equipamiento y se verificó su estado, que no presentaba colapsos importantes, por lo que la intención es mantenerlo accesible como parte de la visita.
También se midieron las condiciones ambientales internas, con una temperatura estable de 18 °C y una humedad alta de en torno al 80 %, , condiciones constantes que facilitan la conservación de la galería habilitada.
La historia minera de Hiendelaencina no fue lineal, sino que estuvo marcada por ciclos alternos de auge y decadencia. Distintos estudios, como el titulado “El distrito minero de Hiendelaencina (Guadalajara)”, de Antonio López Gómez, permiten distinguir varias fases bien definidas que explican tanto el crecimiento explosivo del municipio, como su posterior declive. Las conclusiones de este estudio vienen recogidas en el Proyecto de Musealización de la Mina de Santa Catalina “El País de la Plata”, elaborado por la empresa Túneles y Geomecánica, y en la web del Ayuntamiento de Hiendelaencina ,
Durante siglos, la agricultura de subsistencia y la ganadería marcaron el ritmo de vida de la localidad, pero ese mundo cambió de forma drástica en 1844, cuando el agrimensor Pedro Esteban Górriz descubrió el filón de plata en Canto Blanco. En agosto de 1844, Górriz funda la sociedad “Santa Cecilia” junto a otros socios, para explotar el yacimiento; más tarde, con los mismos socios, abre las minas de “La Suerte” y “Fortuna”, junto a Santa Cecilia y en 1845, Juan Alcarz demarca la Mina de Santa Catalina, junto a la anterior.
Ese mismo año, tal y como recoge el proyecto, se pone en marcha la fábrica de “La Constante”, de capital inglés, para separar el preciado metal de los minerales extraídos.
Al calor de esta fiebre de la plata surgían más de 200 sociedades mineras, muchas con capital extranjero, e infinidad de pozos con los nombres más variopintos: Mala Noche, La Suerte, La verdad de los artistas, El Relámpago, Vascongada, Nochebuena, Laura, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, etc.
En apenas una década, la población se multiplicó y el pequeño núcleo rural se transformó en un centro industrial en plena efervescencia.
Corresponde a los años inmediatamente posteriores al descubrimiento del Filón Rico en 1844. Es la etapa de mayor expansión y riqueza.
Es el periodo más importante en cuanto a los cambios estructurales en la sociedad, con una fuerte llegada de población y el desarrollo de numerosas explotaciones como Santa Cecilia, La Perla o Santa Catalina. En estos años se extrajeron dos tercios de toda la plata del distrito.
Sin embargo, el progreso tuvo un alto coste humano: La falta de seguridad en el trabajo concentra desde 1851 a 1860 el 53,20% de las muertes producidas por accidente. Entre los accidentes más funestos destaca la catástrofe de la mina “La Perla” en 1869, con una docena de fallecidos por un incendio. Las condiciones eran duras, con jornadas largas de 12 horas y técnicas aún rudimentarias.
Tras el agotamiento de los niveles más superficiales, la producción comenzó a descender.
Las labores realizadas a mayor profundidad reducen el mineral extraído y se inicia el aprovechamiento de escombreras y materiales antes descartados, en los que participan incluso mujeres y niños. La falta de inversión y planificación agrava la situación.
Hacia el final del periodo surge un nuevo impulso con la llegada del empresario francés Bontoux, quien descubrirá nuevas zonas ricas.
Impulsado por Bontoux y la sociedad “Nueva Santa Cecilia”, este periodo supone una recuperación significativa.
Se introducen avances técnicos importantes, como el uso de aire comprimido para el desagüe, que se alimentaba con una central eléctrica situada en el río Bornova. Destaca el hallazgo de una zona muy rica, que generó enormes beneficios en pocos años en el pocillo de San Miguel. Al poco tiempo, comenzó a explotar con éxito los filones de “La Fuerza” y “Mala Noche”
Este resurgir demuestra que, pese al agotamiento inicial, el yacimiento aún tenía potencial en profundidad, lo que favoreció el surgimiento de nuevas sociedades.
Bontoux regresó a Francia con los bolsillos llenos en 1897. Posteriormente, la actividad entra en declive y sólo se mantenían con producción apreciable las minas de Santa Catalina y Santa Teresa. Las condiciones de trabajo, a más de 500 metros de profundidad, eran complicadas, con altas temperaturas y mala ventilación.
Se trata de una nueva etapa de crecimiento, liderada especialmente por la mina Santa Teresa, con el descubrimiento a 300 metros de profundidad de una metalización de gran riqueza . En este periodo, se abordaron inversiones que mejoraron tecnológicamente la explotación, incorporando perforadoras y nuevas infraestructuras energéticas. La actividad se intensifica y se racionaliza el trabajo minero.
Aun así, las condiciones seguían siendo extremas, con trabajos a más de 500 metros de profundidad, altas temperaturas y ventilación deficiente.
El declive definitivo llega tras la Primera Guerra Mundial. La disminución de la extracción de plata y la retirada de capitales extranjeros provocan el cierre progresivo de las minas. En 1926, la Sociedad de Minas de Plata de Hiendelaencina, creada en 1918, cierra definitivamente, poniendo fin a casi un siglo de explotación.
Aunque la minería se dio por finalizada, hubo intentos posteriores de recuperación. En los años 40 se reabrieron algunas explotaciones sin éxito, y en la década de 1980 una empresa instaló un lavadero para procesar escombreras en la mina de San Carlos. Sin embargo, la espectacular caída del precio de la plata frustró cualquier continuidad.
Un panel en las inmediaciones de la mina de Santa Catalina recoge la historia del yacumiento, Se trata de una de las primeras explotaciones registradas en Hiendelaencina, registrada el 28 de julio de 1845 por Juan Alcaraz. Su pozo principal, con una boca de aproximadamente 2,80 por 1,60 metros, llegó a alcanzar los 600 metros de profundidad, convirtiéndose en una de las infraestructuras más relevantes del distrito minero.
En sus inicios, la actividad minera se realizaba en condiciones muy duras, sin maquinaria avanzada y mediante el esfuerzo manual de los propios mineros —exclusivamente hombres—, que trabajaban en ambientes con temperaturas cercanas o superiores a los 40 grados.
A lo largo del tiempo, la explotación pasó por distintas sociedades. En 1869, la empresa “La Bella Raquel” asumió su gestión en un periodo de baja rentabilidad, trabajando junto a otras minas cercanas como La Perla y Tempestad. Aunque inicialmente hubo dificultades, se alcanzaron profundidades de más de 400 metros.
Posteriormente, en 1882 se creó el grupo “Nueva Santa Cecilia”, que impulsó nuevos trabajos de explotación. A pesar de no encontrar grandes vetas en un primer momento, las labores continuaron hasta lograr importantes beneficios gracias a la metalización en otras zonas del filón.
Ya en el siglo XX, el sector vivió nuevas transformaciones empresariales, como la fusión de compañías en 1898 y la creación de la “Nueva Argentífera” en 1909. Décadas después, en 1983, se impulsaron proyectos de investigación y reaprovechamiento de escombreras, logrando recuperar mineral con contenido en plata.
En los años noventa, la mina pasó a manos de la sociedad “Argenta-Infantado” y, posteriormente, fue cedida al Ayuntamiento de Hiendelaencina como parte del desarrollo del Museo de la Plata.