TERRITORIO DEPORTE. Rayo Arriacense, de una ilusión nacida en el colegio a una familia de 330 jugadores

Publicado por: Carlos Garrido
17/09/2026 09:34 AM
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Foto Rayo Arriacense
Foto Rayo Arriacense

Lo que comenzó en 2013 como respuesta a la inquietud de un grupo de niños y familias del CEIP Las Lomas se ha convertido, más de una década después, en un proyecto que reúne a alrededor de 330 jugadores repartidos en 17 equipos. 

 

Antes de los 17 equipos, antes de los aproximadamente 330 jugadores y antes incluso de que existiera un escudo al que defender cada fin de semana, hubo unos niños que simplemente querían continuar jugando.

 

Para encontrar el origen del CD Rayo Arriacense hay que regresar a 2013 y al CEIP Las Lomas de Guadalajara. Allí surgió la demanda de un grupo de pequeños y de sus familias que terminó convirtiéndose primero en una ilusión, después en un reto y finalmente en un club.

 

Aquellos primeros jugadores, nacidos en los años 2000, 2001 y 2002, habían comenzado su andadura deportiva con apenas cinco o seis años. La intención era ofrecerles continuidad. Más de una década después, aquella necesidad inicial ha dado lugar a una estructura que alcanza desde las categorías inferiores hasta sénior.

 

El crecimiento se puede explicar con cifras. Sin embargo, cuando desde el Rayo Arriacense tienen que definir aquello que realmente diferencia al club, no recurren a ellas. Hablan de la “Familia Rayista”.

 

“Este club no se limita a ofrecer una actividad deportiva, sino que busca crear una verdadera familia”, explican desde la entidad. Una expresión con la que resumen la cercanía que pretenden mantener entre jugadores, entrenadores y familias pese al crecimiento experimentado durante estos años. Porque en el Rayo Arriacense existe una premisa por encima de la categoría o del nivel de cada futbolista: que todos encuentren su sitio.

 

De unos cuantos niños a 330 jugadores

 

La cantera constituye hoy uno de los grandes pilares del proyecto. El club cuenta con alrededor de 330 jugadores distribuidos en aproximadamente 17 equipos en competición, construyendo un recorrido que comienza en las edades más tempranas y alcanza la categoría sénior. Precisamente esa continuidad que estuvo en el nacimiento de la entidad continúa siendo uno de sus principales objetivos.

 

La aspiración no consiste únicamente en enseñar técnica, táctica o competir cada fin de semana. El Rayo quiere que sus jugadores puedan recorrer las distintas etapas deportivas dentro de una misma casa y bajo una filosofía reconocible.

 

“Poder ver a un niño que empieza desde pequeño y, con el paso de los años, llega a formar parte de los equipos sénior es una de las mayores satisfacciones que podemos tener”, señalan desde el club.

 

Es también una forma de generar identidad. Los futbolistas formados desde pequeños conocen el proyecto, sus valores y a las personas que lo sostienen. De ahí una afirmación que resume buena parte de la apuesta deportiva de la entidad: “La cantera no es solo el futuro del club: es su identidad y una parte fundamental de su presente”.

 

Formar deportistas, pero también personas

 

Esa apuesta enlaza directamente con la filosofía del Rayo Arriacense. El fútbol se entiende como una herramienta educativa y no únicamente competitiva. Respeto, compañerismo, esfuerzo, responsabilidad, humildad y trabajo en equipo son algunos de los valores que el club trata de introducir en el aprendizaje de sus jugadores. También saber ganar y, especialmente, aprender a convivir con la derrota. “Para nosotros, formar buenas personas es tan importante como formar buenos deportistas”, sostienen.

 

En ese camino, las familias tienen un papel que va mucho más allá de acompañar a los pequeños a los entrenamientos o animar desde la grada. La intención es que jugadores, técnicos y padres compartan una misma dirección y contribuyan a generar un entorno positivo alrededor del deporte.

 

Una filosofía que encuentra puntos en común con iniciativas desarrolladas por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, patrocinadora de Territorio Deporte, como el programa Somos Deporte 3-18, dirigido a fomentar la práctica y la formación deportiva entre los escolares de la región mediante diferentes líneas de iniciación, competición, promoción de la actividad físico-deportiva y formación.

 

Todo lo que ocurre antes de que ruede el balón

 

Cuando llega el fin de semana, lo visible son los partidos. Pero mantener en funcionamiento una estructura de las dimensiones que ha alcanzado el Rayo Arriacense exige mucho más.

 

Horarios, instalaciones, desplazamientos, trámites federativos, material, comunicación con las familias y coordinación entre entrenadores y responsables forman parte de un trabajo cotidiano que permanece prácticamente oculto para quien únicamente contempla los encuentros. Y crecer genera también nuevas necesidades.

 

La disponibilidad de instalaciones y horarios se vuelve más compleja conforme aumenta el número de equipos. A ello se añaden los costes del material, las inscripciones y los desplazamientos, además de la necesidad de encontrar personas dispuestas a dedicar parte de su tiempo al funcionamiento de la entidad.

 

El desafío es continuar avanzando sin que el crecimiento termine alterando aquello que hizo diferente al proyecto desde sus primeros pasos: la cercanía.

 

Un club abierto también para ellas

 

Dentro de esa evolución, el deporte femenino ocupa un espacio cada vez mayor. El Rayo Arriacense quiere que niñas y jóvenes dispongan de las mismas oportunidades para iniciarse, competir y construir su propio recorrido dentro del club. Desde la entidad destacan especialmente el aumento de chicas interesadas en formar parte del proyecto y la importancia de generar referentes que permitan a las más pequeñas visualizar un futuro dentro del deporte.

 

El objetivo pasa ahora por continuar aumentando la participación femenina y conseguir que ese crecimiento vaya acompañado también de mayor visibilidad, reconocimiento y apoyo.

 

“Creemos que la igualdad se construye dando oportunidades y haciendo que todas las personas puedan sentirse representadas y protagonistas dentro del club”, explican.

 

Hacer club y hacer ciudad

 

El papel del Rayo Arriacense tampoco termina cuando acaba un entrenamiento. Cada fin de semana, sus partidos reúnen a jugadores y familiares y convierten el fútbol en un espacio de convivencia. Una dimensión social especialmente importante para una entidad que pretende mantenerse integrada en la vida de Guadalajara.

 

Porque representar a una ciudad también puede hacerse desde abajo, acompañando a un niño durante sus primeros años en el deporte, creando amistades entre familias que antes no se conocían o consiguiendo que varias generaciones compartan un mismo sentimiento de pertenencia.

 

Desde el club lo resumen de una manera sencilla: “Representamos al municipio en la competición, pero también ayudamos a hacer municipio fuera de ella”.

 

Detrás de todo ello existe una estructura humana encabezada por una junta directiva en la que figuran Victoria González y Alberto Sanz como presidentes; Adrián Ortega como vicepresidente; Jorge Chavida como asesor; y Miguel Ángel y Sonia García en labores de secretaría.

 

Que la siguiente generación encuentre el mismo camino

 

Más de una década después de su nacimiento, el Rayo Arriacense quiere seguir creciendo. Consolidar sus equipos, fortalecer la cantera, ofrecer oportunidades a los jugadores formados en casa y continuar desarrollando el deporte femenino forman parte de sus próximos desafíos.

 

Pero el futuro vuelve a conducir inevitablemente hasta 2013. Porque si algo explica la historia del club es precisamente la continuidad. Unos niños necesitaban entonces un lugar en el que seguir practicando deporte y varias familias decidieron construirlo. Hoy son alrededor de 330 los jugadores que encuentran ese espacio.

 

Por eso, cuando en el Rayo Arriacense miran atrás, los resultados no aparecen en primer lugar. Hablan de generaciones de futbolistas, entrenadores, familias, amistades y vínculos creados durante todos estos años. Los marcadores se olvidan. Las temporadas terminan. Los jugadores crecen.

 

Lo que el Rayo Arriacense pretende que permanezca es precisamente aquello que comenzó a construirse hace más de una década alrededor de unos cuantos niños del CEIP Las Lomas: una familia que cada temporada vuelve a encontrarse alrededor de un balón.

 

 

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