El Abrigo de La Malia, en Tamajón, continúa ampliando el conocimiento sobre los primeros grupos de Homo sapiens que ocuparon el interior de la Península. La campaña arqueológica desarrollada en 2026, la novena desde el inicio de las excavaciones sistemáticas en 2018, ha permitido recuperar nuevos restos de animales, herramientas, carbones y evidencias de hogueras, además de materiales correspondientes a etapas posteriores de la Prehistoria.
Alrededor de 15 especialistas han participado este año en los trabajos de un yacimiento que todavía no ha agotado su secuencia arqueológica. Los investigadores continúan descendiendo hacia niveles más antiguos y no descartan que futuras campañas puedan alcanzar cronologías correspondientes a los neandertales, aunque por ahora no existe ninguna evidencia que permita afirmarlo.
"Lo interesante no es la pieza única, sino todo el conjunto", explica Adrián Pablos, investigador postdoctoral "Ramón y Cajal" del Departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid y codirector de las excavaciones. Según señala, son los restos, su posición y los análisis posteriores los que permiten reconstruir lo ocurrido en el abrigo miles de años atrás.
La investigación de La Malia dio un salto en 2024, cuando la revista Science Advances publicó un estudio que situó las ocupaciones humanas más antiguas documentadas en el yacimiento entre hace aproximadamente 36.200 y 31.760 años. El trabajo aportó nuevas evidencias sobre la presencia de los primeros Homo sapiens en el interior de la Península, una zona que durante años había sido considerada prácticamente una "tierra de nadie" entre la desaparición de los neandertales y las primeras evidencias conocidas de humanos modernos.
"Hemos puesto un punto en el mapa", resume Pablos. Desde entonces, las investigaciones han permitido avanzar no solo en la datación de las ocupaciones, sino también en el conocimiento de cómo utilizaban el territorio aquellos grupos humanos. Los restos de animales, las herramientas de piedra, los sedimentos, las hogueras y pequeños fragmentos de carbón aportan información sobre sus actividades y formas de vida.
Un estudio publicado en 2025 en Quaternary Science Advances analizó precisamente las estrategias de subsistencia de estos grupos. Los restos animales apuntan al aprovechamiento de ungulados medianos y grandes y a estancias breves pero recurrentes en La Malia, probablemente relacionadas con actividades de caza. A ello se suman investigaciones sobre ADN antiguo de caballos recuperados en el yacimiento, que permitieron identificar los ejemplares más antiguos conocidos hasta entonces del denominado linaje ibérico.
La imagen que ofrecen las investigaciones es la de un territorio utilizado de forma recurrente por poblaciones nómadas que conocían los recursos disponibles y se desplazaban en función de ellos. Las reconstrucciones apuntan a estancias relativamente breves, de semanas o algunos meses, durante las cuales utilizaban el abrigo para encender fuego, preparar los animales cazados y desarrollar otras actividades cotidianas.
El entorno de Tamajón también permite ampliar la perspectiva. Peña Capón, Los Enebrales, La Malia y la Cueva de los Torrejones conservan evidencias de diferentes momentos de una larga presencia humana. Las cronologías de algunos niveles de Peña Capón encuentran correspondencias con La Malia, aunque los investigadores subrayan que no hay evidencias suficientes para afirmar que fueran exactamente las mismas personas.
Además, un estudio publicado en 2026 en Science Advances sobre Peña Capón ha identificado materias primas utilizadas para fabricar herramientas procedentes de lugares situados a entre 600 y 700 kilómetros de distancia, incluido el actual suroeste de Francia. El conjunto de procedencias estudiadas dibuja una red territorial mínima próxima a los 89.000 kilómetros cuadrados.
Los investigadores interpretan estas distancias como una posible evidencia de redes sociales entre diferentes comunidades de cazadores-recolectores, a través de las cuales podían circular materias primas, objetos e información. De este modo, los datos obtenidos en Tamajón apuntan a un interior peninsular que no estaba aislado, sino integrado en redes humanas que se extendían a cientos de kilómetros.
La campaña de este año también ha mantenido la vertiente divulgativa del proyecto. El pasado 30 de agosto, La Malia abrió sus puertas al público en dos turnos de visita y, el 1 de septiembre, Adrián Pablos presentó en el Centro Cultural las últimas investigaciones sobre el yacimiento. En esa misma jornada, Miriam Cubas abordó las sociedades agricultoras y ganaderas prehistóricas de Tamajón.
"La investigación tiene que revertir en la sociedad y en la gente de la zona", sostiene Pablos. Las jornadas de puertas abiertas reúnen habitualmente entre un centenar y 120 personas y permiten acercar a vecinos y visitantes el trabajo de los investigadores y los resultados que se obtienen.
Este vínculo ha cobrado especial relevancia este año tras el incendio forestal que afectó al entorno de Tamajón. El equipo mantuvo contacto con el Ayuntamiento durante la emergencia y ofreció su colaboración para contribuir a la recuperación del territorio mediante conferencias, charlas y otras actividades que ayuden también a mantener la llegada de visitantes. "Nos hemos ofrecido al alcalde, a la Diputación, a quien haga falta, a hacer lo que sea necesario para que esto se recupere", afirma Pablos.
El alcalde de Tamajón, Eugenio Esteban, destaca igualmente el compromiso municipal con el proyecto. "Para un municipio como Tamajón supone un esfuerzo mantener durante tantos años este compromiso con la investigación, pero también es un enorme privilegio", señala. Esteban considera que la presencia de este patrimonio implica la responsabilidad de investigarlo, protegerlo y facilitar su conocimiento por parte de la sociedad.
Una de las principales herramientas para trasladar estos resultados al público es el Centro de Interpretación Paleontológica y Arqueológica de Tamajón (CIPAT), abierto en 2021. El centro ha superado ya los 10.000 visitantes y continúa incorporando recursos destinados especialmente al público familiar y escolar. En 2025 recibió, además, el Premio Regional de Turismo de Castilla-La Mancha al Mejor Proyecto Turístico Sostenible.
Para el equipo investigador, este espacio permite que los resultados de las excavaciones no queden restringidos al ámbito científico. "El objetivo es que lo que se descubre aquí no se quede únicamente en las excavaciones o en las revistas científicas", señala Pablos. El alcalde añade que el CIPAT permite convertir ese patrimonio en un recurso de cultura, educación, turismo y desarrollo para el territorio.
Con la campaña ya concluida, La Malia vuelve a quedar protegida mientras los materiales recuperados pasan a los laboratorios, donde serán analizados durante los próximos meses o años. Después de nueve campañas, el yacimiento mantiene abierta la investigación sobre los primeros Homo sapiens del interior peninsular y, al mismo tiempo, contribuye a reconstruir la historia de un territorio de Guadalajara habitado y utilizado durante decenas de miles de años.