El Sueño del Infante es el que las personas con enfermedad mental de AFAUS convirtieron en realidad

Publicado por: Marta Perruca
23/04/2023 08:00 AM
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La Asociación AFAUS Pro Salud Mental abrió las puertas del Hotel del Infante en abril de 2019 para dar visibilidad a las capacidades de las personas con enfermedad mental e impulsar la contratación en el empleo ordinario. El camino ha sido largo y lleno de obstáculos, pero hoy trabajan 27 personas que han encontrado en este recurso autonomía e independencia económica y una posibilidad de promocionar con garantías a un puesto de trabajo ordinario, entre otros muchos alicientes

 

Guadalajara cuenta con un rincón muy especial en el casco histórico de la ciudad, a un paso del Palacio del Infantado y la Plaza de Dávalos, en la calle San Juan de Dios. Se trata del Hotel “El Sueño del Infante”, que se complementa con un coqueto restaurante, “El Huerto del Infante”. Un establecimiento que no sólo se caracteriza por unas instalaciones modernas y acogedores y por la amplia sonrisa con la que sus trabajadores reciben cada día a los clientes. Detrás de este establecimiento turístico se encuentra una iniciativa maravillosa, que brinda una oportunidad de empleo y formación a un colectivo todavía muy desconocido y sobre el que aún pesa una gran cantidad de prejuicios.


La Asociación AFAUS Pro Salud Mental, que lleva desde el año 1992 promoviendo un inmenso abanico de iniciativas y proyectos para fomentar la independencia, el ocio y el empleo de personas con enfermedad mental, abría las puertas del hotel el 1 de abril de 2019 y un poco más tarde, el 10 octubre, inauguraba el restaurante, con el objetivo de dar una mayor visibilidad a sus capacidades, “para que las empresas se animen a contratar a personas con este tipo de discapacidad”, explica Maribel Rodríguez, terapeuta ocupacional y secretaria de la Junta Directiva de AFAUS. Los diferentes puestos de un hotel ofrecen esa ventaja, al tratarse de un trabajo de cara al público, con la que no cuentan otros proyectos de capacitación, como los que la asociación lleva a cabo en el ámbito del empleo verde, a través de los que forman y emplean a trabajadores en el reciclaje de aceites, cartón, plásticos, ropa o elaboración de material de oficina, entre otros. “Nosotros somos un Centro Especial de Empleo, por lo que podemos ir haciendo contratos, pero lo ideal es que las personas tengan acceso al empleo ordinario”,aclara la terapeuta. En la actualidad, trabajan en este recurso un total de 27 personas que cubren todas las funciones.

 

Además, cabe señalar, que si algo caracteriza a AFAUS es el hecho de ser una asociación formada principalmente por personas con enfermedad mental y no sólo  familiares.

 

 

Al frente de la recepción se encuentra Bea. Empezó a trabajar en el hotel antes incluso de que abriera sus puertas, en las labores de limpieza, después de la obra, “quitando la tapicería de las sillas para llevarlas a tapizar, limpiando las habitaciones a fondo…”. Recuerda que nada más abrir, tenían ya todas las habitaciones completas, lo que supuso un reto para ella: “Ha sido un camino largo, pasito a pasito, pero me ha dado muchas alegrías. Ahora vivo emancipada y eso es gracias al trabajo”. Asegura que en el trabajo normalizado ha encontrado ocio y aprendizaje, donde “cada día aprendo algo nuevo de mis compañeros”. Llegó a AFAUS desde un hospital de día, a través de un curso de formación para el empleo: “Yo me apuntaba voluntaria a cualquier cosa y en una conferencia que dieron me enteré de que iban a abrir un hotel y eché el currículum y después de hacer la entrevista, me cogieron”. Antes de trabajar en el hotel, explica, no conocía a nadie de la asociación, y a través de su programa de ocio y de las excursiones que organizan “amplié mi círculo de amistades”. AFAUS, afirma, “me ha cambiado la vida. De estar recuperándome un hospital de día a tener mi propio trabajo y una independencia económica, lo que me ha dado muchas libertades”.

Álvaro despacha al otro lado de la barra del bar. Dicharachero, afable y con mucha disposición, comenta que llegó a Guadalajara desde Las Palmas de Gran Canaria: “Tenía treinta y tantos años, no tenía trabajo, ni dinero y tenía una hipoteca, que no podía pagar. Entonces me vine a Guadalajara para trabajar en Remar con un primo mío, que es carpintero y por circunstancias me encontré con AFAUS, donde llevo ya siete años y medio”, relata. En un principio, “empecé a trabajar en reciclaje de aceite, cartón y ropa y después me pasaron al hotel”. Guadalajara y AFAUS le han aportado tranquilidad e independencia, lo que asegura que valora muchísimo, porque “no todo es tener dinero en el bolsillo”.

 

 

Desmontando prejuicios

La iniciativa de empleo que se desarrolla en este hotel se fraguaba haciendo honor a su nombre, casi como un sueño, que se perfilaba un día cualquiera, paseando por la ciudad, cuando se encontraron con que este hotel había cerrado sus puertas: “Pensamos que sería muy bonito poner en marcha un hotel teniendo en cuenta el abanico de perfiles profesionales que se requieren: recepcionista, camarero, cocinero, pinche de cocina, servicio de lavandería, habitaciones… Ya no son los típicos puestos auxiliares, como jardinero...La idea preconcebida que se tiene es que las personas con enfermedad mental no puedan tener trabajos estresantes, a turnos, cara al público y esto cumplía los requisitos para demostrar que eso no es verdad”.

 

Es cierto que a raíz de la pandemia del Covid-19 se ha comenzado a hablar más abiertamente de la salud mental, pero tal y como reconoce Maribel Rodríguez, sólo de cierto tipo de patologías: "Hablamos de ansiedad, de depresión, de malestar emocional, pero hay más enfermedades que no tienen por qué ser peores, ni mejores. No se trata de endulzar. Igual que en otras patologías no se hace, parece que en salud mental si hablamos de esquizofrenia son palabras mayores. Lo son, pero es algo que no eliges: tienes la que tienes, por las circunstancias que sean, y todas las enfermedades mentales merecen el mismo nivel de apoyos y oportunidades y no que unas se estigmaticen más que otras”, valora la terapeuta. Rodríguez hace hincapié en que al final cada personas somos un mundo “y afrontamos la enfermedad de una manera o de otra. Lo que necesitamos son oportunidades y apoyos y que esas muletas cada vez vayan siendo menos, para que sólo las tengas cuando las precises”.


En este sentido, indica que el proceso de adaptación a un puesto de trabajo para personas con este tipo de discapacidad no es muy diferente al del resto, teniendo en cuenta que, en cualquier persona, es habitual la aparición de cierto nivel de estrés cuando se comienza a trabajar en un empleo nuevo: “Me parece mucho más estresante la situación de personas que nos han llegado que en un único mes habían tenido cinco trabajos diferentes de tres o cuatro días, porque al final, no da tiempo a adaptarse y ya se ha acabado el contrato (...) En un trabajo, cuando es estable y de calidad, sea el trabajo que sea, ellos pueden tardar más en ese aprendizaje, pero en la medida en que van confiando en sus capacidades y conociendo el puesto, el estrés se va reduciendo”. De hecho, incide la terapeuta, todos los turnos están cubiertos con usuarios del centro: “No tenemos nadie externo para hacer turno de noche, cuando se podría pensar que en el turno de noche no sería posible, por el tema de la medicación. Aquí los turnos de noche los hacen personas también con discapacidad. Tenemos cuatro personas, que son técnicos de apoyo a la producción, pero son trabajadores también. Son compañeros, que aparte de hacer su trabajo, apoyan al compañero con discapacidad si hiciera falta. No es una elite que esté por encima, ni mucho menos”.


Algunos de los trabajadores, comenta Maribel, habían tenido una experiencia laboral previa, pero una parte importante no había trabajado nunca. Otros lo habían hecho con anterioridad a que comenzase la enfermedad y “algunos han tenido experiencias poco satisfactorias con muchos contratos en poco tiempo”. “Ahora mismo tenemos a dos personas que han promocionado a empleo ordinario, que es algo que intentamos favorecer, ayudándoles en esa búsqueda de empleo, pero también, dándoles una excedencia por si no va bien, para que no pierdan este puesto de trabajo”, añade.

 



El sueño de AFAUS es el Sueño del Infante

Para poner en marcha este hotel, explica Maribel Rodríguez, la organización elaboró un plan de viabilidad, que ponía de manifiesto un crecimiento en la demanda de plazas hoteleras, al amparo de la celebración de eventos deportivos de carácter nacional e internacional dentro de una estrategia para convertir a Guadalajara en Ciudad Europea del Deporte y una oferta que no satisfacía las necesidades de todos los bolsillos: “Había poca oferta en los precios medios, por lo que nosotros pretendemos que la calidad sea la máxima, pero eso sí, a un precio un poco más ajustado”, explica.

 

Elaboraron un plan de obra y consiguieron la financiación necesaria para adquirir el edificio y dos años más tarde lograban hacer realidad ese sueño. Tan sólo hay que acercarse a conocer este establecimiento para percibir esa magia que surte su efecto cuando se pone en marcha la maquinaria del empeño, la ilusión, la voluntad y el esfuerzo, con dosis elevadas de estos ingredientes, eso sí, y con más piedras que rosas en el camino.

 

Apenas unos meses después de abrir se daban de bruces con una pandemia mundial: “Abrimos el 1 de abril y el restaurante el 10 de octubre, y el 1 de enero de 2020 ya nos cancelaron reservas, porque eran eventos deportivos que venían de fuera de España”. A pesar de ello, recuerda Rodríguez, “no hemos cerrado nunca, ni un sólo día. Hicimos un ERTE parcial del 60% de la plantilla, en marzo, y a los 15 o 20 días lo levantamos, porque estaban en casa que se subían por las paredes… Lo hablamos con el equipo y todos preferían venir, aunque fuera para desempeñar otras funciones de limpieza, de repasar las juntas y otro tipo de labores para mantener el hotel habilitado”.

 

Las personas que viven “El Sueño del Infante” están hechas de un material especial, porque creen realmente en sus sueños y son capaces de seguir aprendiendo y construyendo realidades aun en las situaciones más adversas. La pandemia les puso la más dura de las pruebas, pero el proyecto de AFAUS demostró con creces que el equipo profesional que formó para llevar el hotel y el restaurante está más que capacitado para desarrollar sus funciones.

 

Personas con discapacidad ayudando a otras personas en los momentos más difíciles

Durante esos días, contribuyeron con el Ayuntamiento de Guadalajara a dar asilo a las personas sin hogar, en el periodo de confinamiento: “Desde el Ayuntamiento nos mandaron personas que no podían ir a albergues y tampoco podían estar en la calle. Esa experiencia fue muy bonita porque era gente que venía sin nada. Había que proveerles de ropa, que trajimos de nuestro servicio de recogida de ropa usada, ropa interior, cepillo de dientes, crema de afeitar, lavar la ropa que traían… Incluso hubo una persona que llegó con su perro y si no le dejábamos entrar con el animal decía que dormiría en la calle, aunque la Policía le detuviera y tuvimos que habilitar un espacio en la terraza donde, desde la ventana, lo pudiera ver. También pusimos a su disposición juegos y lectura para que se entretuvieran, porque eran muchas horas aquí metidos sin poder salir a la calle”.


Fueron días muy duros, en los que las calles estaban vacías y los trabajadores tenían que acudir a su puesto de trabajo con pases especiales, haciendo frente a las situaciones más estrambóticas: “Recuerdo un trabajador que vivía en una de las viviendas tuteladas. La ley en esos momentos decía que las personas con discapacidad no podían salir de las viviendas para nada, por lo que él no podía venir a trabajar. Por un lado, está la relación laboral y, por otro, el recurso en el que la persona vive, pero ¿en qué situación está una persona que no está de baja, pero tampoco puede trabajar? Esa persona llegó hasta el punto de pedir el alta voluntaria en ese recurso y le buscamos un piso para que durante ese tiempo pudiera residir en esa habitación y venir a trabajar”, relata Maribel.

 

Luis es el trabajador responsable de la lavandería, continúa la terapeuta, “es una persona que residía en el recurso de salud mental de  Alcohete, desde donde pasó directamente a una de nuestras viviendas autónomas y de allí, a trabajar en la lavandería”. Rodríguez apunta que ha convertido la lavandería en su espacio, donde tiene todo perfectamente organizado y está pendiente de hasta el más mínimo detalle para facilitar el trabajo al resto del equipo. “Eso le mantiene activo y le ayuda a organizarse y a estructurarse”. Su implicación es tal, según la responsable, que “está en casa y manda mensajes, oye, que creo que el tiempo cambia y tengo ropa tendida, por favor, que el que está de tarde, que la recoja... He dejado tantas sábanas listas, etc… El hecho de tener una responsabilidad le hace sentirse una persona válida. Eso es difícil de explicar, pero cuando vives en una institución pierdes toda capacidad de tomar decisiones, porque todos deciden por ti. El poder él decidir cómo lo hace, cuándo lo hace y saber que de él dependen otras personas le hace empoderarse y sentirse más fuerte, a pesar de su situación personal”.


Cuando la pandemia trajo a nuevos clientes sin hogar a este establecimiento, continúa la responsable, Luis ponía todo su empeño personal para entregarles la ropa limpia y perfectamente planchada. Hubiera sido más que suficiente, en estas circunstancias tan extremas y excepcionales, con lavarles la ropa, “pero cuando se lo decíamos, Luis nos respondía: Yo he vivido en la calle y me hubiera gustado que alguien me hubiera dado la ropa oliendo bien, limpita y planchada, por lo que yo, si puedo, lo voy a hacer y lo hacía por su cuenta, aunque tuviera que quedarse más tiempo”.


La responsable del proyecto hace hincapié en el hecho de que, a lo largo de estos episodios, “personas con discapacidad estuvieron atendiendo a otras personas con mayor o igual necesidad”.


Posteriormente, empezaron a recibir a personal del hospital, “profesionales que, a lo mejor, estaba prevista una intervención quirúrgica y no podían volver a casa, porque tenían que estar aislados para prevenir contagios. También otros que se habían contagiado, que llegaban con su EPI y a los que tenían que dejar la comida en la puerta ... Y toda esa atención la han hecho ellos y ellas directamente”, valora Rodríguez.


Finalmente, en esta última etapa, también han acogido a refugiados de la Guerra de Ucrania. “Hemos tenido muchos niños y mamás. El primer grupo llegó muy afectado a nivel anímico y psicológico, sin conocer el idioma. Veías que al poco tiempo el escenario se transformó y encontrabas a los niños jugando con los trabajadores en la sala, haciendo deberes, juegos, trayéndoles pinturas, juguetes. Salió un grupo de voluntarios que venían a darles clases de español; otro grupo que les enseñaban la ciudad o se quedaban jugando con los niños para que las mamás pudieran salir a pasear… Se hizo una red que puso de manifiesto que esto es mucho más que un hotel”. En aquel momento, relata, el hotel se convirtió en una gran familia en la que todo el equipo se preocupaba de que los niños tuvieran el bocata preparado para ir a la escuela, llevaran una dieta equilibrada o hicieran los deberes.

 

“Es una iniciativa que tiene alma y que se nutre de los proyectos de vida de las personas que están aquí y que gracias a este trabajo hacen otras muchas cosas. Están saliendo del ámbito sanitario, para formar parte de la sociedad y ahora ven la salud mental o a su psiquiatra como una especialidad más, cuando antes era el centro de sus vidas. Por otro lado, esa sensibilidad que ellos tienen, por las dificultades que han pasado, les hace muy cercanos a las personas que vienen, por lo que los comentarios que tenemos hacen referencia a un lugar familiar y acogedor”, concluye Maribel Rodríguez.

 

 

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