El Geolodía 2023 propone un viaje apasionante de millones de años a las Tetas de Viana, a través de las gafas de la Geología

Publicado por: Marta Perruca
07/05/2023 08:00 AM
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Monumento Natural de las Tetas de Viana en Viana de Mondéjar. Imagen: Enrique Díaz
Monumento Natural de las Tetas de Viana en Viana de Mondéjar. Imagen: Enrique Díaz

El Monumento Natural de las Tetas de Viana constituye uno de los paisajes más emblemáticos de la Alcarria. De hecho, hace apenas unos meses era escenario de una iniciativa por la que se conseguía el record Guiness al lazo rosa desplegado más grande contra el cáncer de mama. El Geolodía 2023 brinda hoy la oportunidad de conocerlo en profundidad y ahondar en cómo la geología ha esculpido esos cerros, sus rocas y los paisajes que se ciernen a sus pies durante millones de años, a lo largo de un viaje apasionante a través del tiempo

 

El Geología 2023 de Guadalajara da cita esta mañana a más de un centenar de personas que subirán a las Tetas de Viana, en Viana de Mondéjar, pedanía de Trillo, para observar los páramos de la Alcarria a través de las gafas de la Geología y descubrir un paisaje dinámico, que ha ido evolucionando a lo largo de millones de años. Se trata de una iniciativa que organiza a nivel nacional la Sociedad Geológica Española (SGE), la Asociación para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra (Aepect) y el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) para divulgar la utilidad de la Geología como disciplina científica y los valores del patrimonio geológico.

 

En Guadalajara se celebra bajo el título “Las Tetas de Viana: visita geológica a un Monumento Natural” y está organizado por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) y la Universidad de Alcalá de Henares (UAH), con la colaboración del Ayuntamiento de Trillo, el Geoparque Mundial de la Unesco Comarca de Molina - Alto Tajo, y la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha y su Red de Áreas Protegidas, que incluye este Monumento Natural de las Tetas de Viana.

 


Los organizadores del Geolodía de Guadalajara, Enrique Díaz, geólogo e investigador del IGME-CSIC y Amelia Calonge, doctora en Ciencias Geológicas por la UCM y catedrática de Escuela Universitaria de la Unidad Docente de Geología de la UAH, acompañan a El Decano en esta aventura geológica hacia las profundidades de uno de los paisajes más emblemáticos de la provincia, para descubrir algunos de sus misterios.

 


La Alcarria forma parte de la gran Cuenca Sedimentaria del Tajo, una cuenca endorreica (el agua no tenía salida fluvial hacia el océano) que se formó durante el Cenozoico, entre los Montes de Toledo, el Sistema Central y la Cordillera Ibérica.

 


Las rocas que encontramos en la Alcarria se formaron, por tanto, en un ambiente de lagos y ríos de interior, que no iban a desembocar al mar, dentro de un clima tropical: “Podemos imaginarnos varios ríos en lo que es ahora el Sistema Central y la Cordillera Ibérica, en lo que sería la Cuenca del Tajo. Se trata de ríos con meandros, que van erosionando los materiales más blandos y respetando los más duros, que es donde esos ríos se encajan”, comenta Calonge.

 


A lo largo de la ruta de ascenso y descenso a estos cerros testigo, se pueden observar distintos tipos de roca: areniscas, conglomerados y calizas con oncolitos, “un recrecimiento en forma de capas de carbonato cálcico en torno a partículas, conchas de moluscos (caracoles, bivalvos) o palitos como núcleo, formándose una especie de pelota que puede alcanzar tamaños bastante grandes. Aquí encontramos algunos ejemplos bastante buenos”, explica el geólogo. “Los oncolitos son el resultado de la actividad de unas algas, que antes llamábamos cianofíceas y ahora se conocen como cianobacterias”, añade Calonge.




Estas rocas se formaron durante el Mioceno, uno de los periodos del Cenozoico: “Tienen entre 10 y 15 millones de años de antigüedad. En este periodo se formaron la mayor parte de las rocas que hay en la Alcarria: las arenas y gravas depositadas en los canales de los ríos dieron lugar a areniscas y conglomerados, intercalados entre los limos y arcillas de las llanuras de inundación, mientras que en los lagos se depositaba el carbonato cálcico que dio lugar a las calizas del páramo”, aclara Díaz.

 

En este sentido, habría que diferenciar entre el periodo en el que se formaron esas rocas y los procesos geológicos que configuran el paisaje, que son más recientes. En estos procesos intervienen dos importantes escultores que trabajan a través de la erosión: el agua y el viento. “En los niveles de rocas que aparecen cerca de Viana de Mondéjar hay conglomerados que son muy redondeados, lo que sólo es atribuible a la erosión de los ríos. La erosión del viento siempre da como resultado rocas más angulosas. Aquí se observa cómo el modo de transporte selecciona el sedimento según su tamaño, dando lugar a diferentes tipos de roca.. En la parte inferior tenemos unos conglomerados con unos cantos de mayor tamaño y encima, areniscas y arcillas, con partículas de menor tamaño porque el río pierde energía y tiene menos capacidad de arrastrar esos elementos”, relata Amelia Calonge.

Esquema simplificado de la formación de la Alcarria frente a la paramera. Imagen: Enrique Díaz
Esquema simplificado de la formación de la Alcarria, frente a la paramera. Imagen: Enrique Díaz




Los geólogos pretenden con esta visita que sus participantes sean capaces de comprender uno de los aspectos esenciales en la formación de los páramos de la Alcarria. En palabras de Díaz, “un páramo es una superficie elevada que puede ser resultado, bien de la sedimentación continuada que va rellenando las cuencas y aumentando su espesor hacia arriba manteniendo la superficie superior plana, o bien puede ser resultado de la erosión continuada de relieves, como la montaña que se va erosionando progresivamente durante millones de años y al final queda plana. Cuando lo que ha provocado esa superficie elevada plana es la erosión de rocas previas, a ese páramo lo llamamos paramera, como las que existen en la Cordillera Ibérica por Sigüenza, Molina y Cuenca. Sin embargo, en el caso del páramo de la Alcarria, que abarca parte de las provincias de Guadalajara, Cuenca, Madrid e incluso Toledo, es la sedimentación y el relleno de una cuenca sedimentaria lo que ha dado lugar a esa superficie elevada”.

 

Las Tetas de Viana se configuran como un lugar estratégico para poder comprender la formación de todo este paisaje de alcarrias y parameras: “Están pegando al río Tajo, por lo que es un remanente último a modo de relicto de la superficie del páramo de la Alcarria. Desde allí se puede ver todo lo que hay a un lado, la superficie de paramera erosionada en la Cordillera Ibérica al este, y la superficie de la Alcarria, al norte y oeste, que es la continuación del mismo nivel que tenemos en las Tetas de Viana” 

 

Imagen aérea de las Tetas de Viana y los paisajes de la Alcarria. Imagen: Enrique Díaz
Imagen aérea de las Tetas de Viana y los paisajes de la Alcarria. Imagen: Luis Mosquera Díaz de Aguilar.


En el caso de estas particulares montañas, señala, “la erosión ha formado estos dos cerros testigo, que se denominan así porque dan testimonio de hasta dónde llegó la sedimentación antes de que se encajara el río Tajo. Los ríos Badiel, Henares y Tajuña también se han encajado sobre las rocas más antiguas (del Mioceno) en los últimos millones de años, dando así lugar a la morfología característica de la Alcarria”.

 


“El broche de oro de este Geolodía son las Tetas de Viana. Lo que pretendemos contar es la belleza de la geomorfología, cómo los diferentes medios de erosión, en este caso el aire y el agua, han ido esculpiendo los materiales más blandos y han respetado los más duros, más difíciles de erosionar. En las Tetas de Viana, lo más llamativo es la parte superior, formada por rocas calizas, más duras, que protegen lo que hay debajo”, añade Calonge.

 


“La erosión del propio río Tajo actual en estos últimos pocos millones de años de erosión fluvial es lo que ha dado lugar a la morfología característica de la Alcarria. Por ejemplo, esos meandros que hace el río Tajo aguas abajo de Trillo, al lado de las Tetas de Viana, son heredados de los que había antes en la planicie del final del relleno de la cuenca sedimentaria y que gradualmente se han ido encajando para dar lugar a los meandros actuales. De hecho, el geólogo Raúl Gorgues propuso como Lugar de Interés Geológico del inventario nacional del IGME-CSIC la “Red fluvial-lagunar fósil supraalcarreña” anterior al encajamiento del río Tajo. El páramo de la Alcarria era una llanura muy suave por la que divagaban ríos meandriformes, y esos ríos son los que luego han dado lugar a muchas de las hoces y de los meandros encajados que vemos actualmente en la Alcarria y muchos otros lugares del paisaje castellano”, indica el investigador del IGME-CSIC.

Esquema de la discordancia de las Tetas de Viana. Imagen: Amelia Calonge
Esquema de la discordancia de las Tetas de Viana. Imagen: Amelia Calonge




Pero no sólo la erosión es un elemento moldeador del paisaje, también lo es la tectónica de placas, de lo que se encuentra un ejemplo muy revelador en este paraje. Antes de salir de Viana de Mondéjar, pedanía de Trillo y punto de partida de la ruta, se aprecia a los pies de los cerros unos estratos inclinados en la parte inferior, y otros horizontales sobre los anteriores y que llegan hasta arriba: “Lo que se ha formado entre medias se conoce como un plano de discordancia. Por debajo de la discordancia están las rocas del Oligoceno, entre hace 34 y 23 Ma (millones de años), que están inclinadas porque fueron afectadas por un plegamiento durante la orogenia Alpina, cuando se formó la Cordillera Ibérica (coetánea con los Pirineos, los Alpes o el Himalaya), y después afectadas por la erosión. Por encima de la discordancia están las rocas del Mioceno, entre 23 y 5 Ma, que siguen casi horizontales hasta la cumbre del cerro.” Díaz explica que lo más importante de una discordancia es la cantidad de información que aporta sobre los procesos geológicos en el pasado: sedimentación, compactación, plegamiento, erosión y nueva sedimentación, “todo ello con sólo ponerse las gafas de ver geología”.

 


Según asciende la ruta hacia la cima de las Tetas de Viana se pueden palpar las rocas de esa discordancia. “Son momentos diferentes de los procesos geológicos. En un momento, se depositan los materiales, normalmente en disposición horizontal, en un segundo momento, se plegaron, en un tercero, probablemente, se erosionaron, y en otro posterior, se deposita lo que hay encima, en forma de capas horizontales”, apunta la profesora.

 

Los diferentes niveles de la discordancia. Imagen: Amelia Calobge
Los diferentes niveles de la discordancia. Imagen: Amelia Calonge.


Finalmente, los Geolodías también sirven para aprender uno de los aspectos más prácticos de la Geología, como son los riesgos geológicos. Un poco antes de llegar al punto más alto de la ruta se observa uno de los riesgos geológicos más característicos de la Alcarria: la inestabilidad de los taludes y el desprendimiento de bloques: “Precisamente este año no es posible subir a la Teta redonda, que es a la que se suele ascender por la escalera, porque el año pasado, a finales de noviembre y después de unas lluvias muy fuertes, las rocas que estaban a punto de caer, con el agua infiltrada sobrepasaron el límite y se produjo un desprendimiento bastante grande. Han quedado algunos bloques inestables y, para evitar riesgos, nos quedaremos en el collado (...) Sabemos que las laderas de los cerros y los valles de la Alcarria son bastante activas y va a seguir habiendo desprendimientos y corrimientos de tierras. Por eso tenemos que estar alerta, como ocurre también con las inundaciones y los terremotos: sabemos dónde y con qué intensidad, pero no sabemos cuándo van a ocurrir”, valora Enrique Díaz.

 


La Geología también sirve para explicar los problemas de la dependencia del agua que hay en la Alcarria y la posibilidad de contaminación de los acuíferos “porque lo que tenemos arriba son rocas permeables que pueden filtrar los productos agroquímicos y fertilizantes que se usan en la superficie. Todo eso se entiende gracias a toda esta información que tenemos de las rocas y si disposición en capas, pliegues y fallas”.

 


El Geolodía de Guadalajara alcanza su 15ª edición


El Geolodía se celebra en Guadalajara desde el año 2009 y desde hace unos años alterna excursiones geológicas entre el Geoparque Mundial de la UNESCO de la Comarca de Molina-Alto Tajo y el resto de la provincia. Hoy es una cita señalada en el calendario para muchos aficionados al senderismo y a la Geología. “Se trata del 15º Geolodía, una actividad que desde 2011 se realiza en todas las provincias de España. El origen se encuentra en 2006 en Teruel , en 2008 se sumó Alicante y en 2009 lo hizo Guadalajara, con lo que nuestra provincia es una de las pioneras”, indica Calonge. “En 2009, que fue cuando empezamos con los Geolodías de Guadalajara, pudimos tener en torno a los 50 o 60 participantes, pero por ejemplo, en el que hicimos en 2017 entre Chera y Morenilla, llegamos a tener más de 300 personas. También se ha celebrado el Rillo de Gallo o el Barranco de la Hoz, que fueron eventos multitudinarios”, recuerda Díaz.

 


Este año, el Geolodía se ha programado los días 6 y 7 de mayo en todas las provincias de la geografía española, y en los archipiélagos de Canarias y Baleares “se intenta que se celebre un Geolodía en cada una de las islas”, además de en las ciudades autónomas de Ceuta y en Melilla. El objetivo, según Díaz, es “visibilizar la Geología, que la gente aprenda a valorar el patrimonio geológico, así como divulgar la utilidad de la Geología como disciplina científica, por ejemplo, en el tema del agua, la interpretación del paisaje o los riesgos geológicos. Nosotros hablamos aquí de los desprendimientos, pero en otros Geolodías se habla de las inundaciones o, por ejemplo, en La Palma seguro que tratan el tema de la erupción del volcán. En definitiva, se trata de promover el conocimiento de la Geología y la utilidad que tiene para la sociedad”.

 


“Este año, además, celebramos el Geolodía en un momento muy sensible, con la tramitación del proyecto de Real Decreto de ámbitos del conocimiento, en la que quieren que la Geología como área desaparezca, para incluirse dentro de las Ciencias de la Tierra. Personalmente creo que es una barbaridad, porque La Geología constituye junto a las Matemáticas, la Física, la Química y la Biología una de las cinco ciencias básicas fundamentales.”, advierte la catedrática de la UAH.

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