Investigadores de la UAH desvelan más de 100 grabados nuevos del Paleolítico Superior en la cueva de Los Casares

Publicado por: Marta Perruca
18/06/2023 08:00 AM
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Investigación y documentación de los grabados en el seno A. Imagen: Multipaleoiberian ERC Project
Investigación y documentación de los grabados en el seno A. Imagen: Multipaleoiberian ERC Project

El equipo de investigación de la Universidad de Alcalá volverá en septiembre u octubre al interior de la cueva para continuar documentando los grabados y pinturas rupestres de las salas más profundas, una vez terminada la investigación arqueológica sobre las últimas ocupaciones de neandertales en el centro de la Península Ibérica, en el Paleolítico Medio y las primeras de homo sapiens, en el Paleolítico Superior

 

Las investigaciones que la Universidad de Alcalá (UAH) está llevando a cabo en la cueva de Los Casares en la Riba de Saelices han desvelado más de 100 representaciones gráficas grabadas adicionales a las que describieron Juan Cabré y su hija, María Encarnación, en los años 30 del siglo pasado, en la primera sala, conocida como Seno A, además de contextualizar cronológicamente las ocupaciones de los homo sapiens que realizaron esos grabados y pinturas en el Paleolítico Superior, entre hace 19.000 y 14.000 años, en el conocido como periodo Magdaleniense.

 

La cueva de Los Casares es la cavidad con grabados paleolíticos más importante del centro peninsular, declarada Monumento Nacional en 1934, y una de las más relevantes de Europa. Se trata de uno de los tres yacimientos arqueológicos visitables que existen en la provincia de Guadalajara, junto con el sitio visigodo de Recópolis en Zorita de los Canes y el castro celtibérico “El Ceremeño”, en Herrería. Ahora, gracias a las campañas arqueológicas que vienen desarrollándose desde 2014, cuenta con nuevas herramientas y grafías que mostrar a sus visitantes y en un futuro no muy lejano, podrá contar, además, una historia mucho más completa sobre las distintas fases de ocupación de la cueva, entre el Paleolítico Medio y Superior, que comprenden las últimas poblaciones de neandertales en el centro de la Península Ibérica, hace unos 43.000 o 44.000 años antes del presente, y los primeros homo sapiens, de en torno a unos 30.000 o 32.000 años atrás, así como el clima, la vegetación o la fauna que existía en estos periodos.

 

 

El equipo del Área de Prehistoria de la UAH, capitaneado por los profesores y arqueólogos José Javier Alcolea y Manuel Alcaraz, regresará al interior de la cueva para abordar la fase final de estas investigaciones, en una nueva campaña que tendrá lugar en septiembre u octubre.

 

A pesar de su importancia, esta cavidad, era hasta ahora un yacimiento muy poco estudiado. Antes de las investigaciones de la UAH, sólo se habían abordado dos intervenciones: la primera, se corresponde con la que llevaron a cabo Juan Cabré y su hija en los años 30 del siglo XX, que desveló la existencia del conjunto de grabados y pinturas rupestres, y la más reciente se remontaba a la década de los 60, cuando la Universidad de Zaragoza, bajo la dirección de los profesores Antonio Beltrán e Ignacio Bandiarán, realizó varias excavaciones en la entrada y en el seno A. Unos trabajos que, además de desenterrar niveles y materiales de época medieval y de la prehistoria reciente, sacaron a la luz un asentamiento más antiguo que las pinturas y grabados rupestres, relacionado con las sociedades neandertales del Paleolítico Medio. En estas campañas se encontraron utensilios tallados en piedra, junto con restos óseos de herbívoros y carnívoros, así como un hueso metacarpiano perteneciente a un neandertal.

 

“La cueva de Los Casares, posiblemente por sus condicionamientos geográficos, por estar en un sitio remoto, ha sido un lugar que prácticamente no se ha estudiado y cuando se ha hecho, por diversos problemas, no se ha llegado a explotar cientifícamente los resultados, como ocurrió con las investigaciones de la Universidad de Zaragoza de los 60 del siglo pasado, cuando teóricamente se hizo un estudio del arte rupestre que nunca llegó a publicarse. Nosotros creemos que, en un periodo de cuatro o cinco años, podremos hacer una publicación global de la cueva que la deje en el lugar que se merece desde el punto de vista patrimonial y científico”, valora Alcolea.

De esta manera, tal y como explica el profesor de la UAH, las excavaciones arqueológicas, que han consistido en la realización de varios sondeos en distintos puntos de la cueva, están prácticamente terminadas, a falta de realizar los últimos análisis de laboratorio de las muestras recogidas y publicar los resultados. “Hemos confirmado lo que buscábamos, es decir, que la cueva tiene una ocupación muy importante a lo largo de toda la Prehistoria y estamos en condiciones de contextualizar un poco mejor a las gentes que realizaron los grabados y pinturas rupestres. Hemos encontrado algunos restos discretos que nos permiten afinar las cronologías”, comenta el investigador.

 

En las próximas campañas, los trabajos se centrarán en “concluir la documentación gráfica de las paredes” en las salas más profundas, a lo largo de los próximos dos o tres años “y luego tardaremos otros dos o tres en publicar el estudio global”, adelanta. Se trata, según el prehistoriador, de un trabajo muy complejo y largo, “porque hay que reconstruir prácticamente todo el proceso de grabado y pintura que ha habido en la pared”, a lo que habría que añadir el deterioro de la cueva “por el paso del tiempo y la propia frecuentación humana que ha tenido”.

 

No obstante, Alcolea anuncia que se encuentran a punto de publicar los resultados de la primera sala, lo que se conoce como seno A, “donde hemos descubierto muchas figuras nuevas, muy características de la cueva, con una gran abundancia de figuras humanas”, ejecutadas en momentos diferentes, “lo que nos permite acotar cuándo se realizaron”. En este sentido, estiman que se trata de una sala “que representa la actividad gráfica paleolítica más moderna de la cueva, entre hace 19.000 y 14.000 años, en lo que se conoce como periodo Magdaleniense”.

Javier Alcolea estudiando los grabados del Seno A. Imagen: Imagen: Multipaleoiberian ERC Project
Javier Alcolea estudiando los grabados del Seno A. Imagen: Imagen: Multipaleoiberian ERC Project



Los estudios realizados por el arqueólogo Juan Cabré, junto a su hija, María Encarnación, identificaron medio centenar de grabados en esta sala. “Hoy en día, si hacemos un cómputo de las unidades gráficas que hemos aislado en el seno A, sólo en la primera sala, tenemos más de 150. Hay muchas más figuras y eso lo hemos conseguido porque la tecnología y la metodología de documentación ha avanzado mucho en estos prácticamente cien años”. La tecnología empleada incluye una iluminación “muy mejorada” y unas técnicas fotográficas “mucho más desarrolladas e incluso la utilización de tecnología 3 D y de fotogrametría”.

 

Entre los nuevos grabados que se han encontrado con estas nuevas técnicas, aparecen animales, figuras antropomórficas y signos, “dentro de un ambiente gráfico propio de la época a la que pertenece, que es el Paleolítico Superior”. La relevancia de estas grafías de la cueva de Los Casares radica, según José Javier Alcolea, por un lado, en la abundancia de antropomorfos, “figuras humanas teóricamente masculinas”, que la convierten, posiblemente, uno de los conjuntos rupestres con más presencia de figuras humanas de Europa Occidental” y, por otro, en la existencia de figuras de animales que no son comunes en otros territorios: “Fundamentalmente, lo que hay en Los Casares son caballos, grandes bovinos, que son uros esencialmente, y ciervos, pero además, aparecen frecuentemente otro tipo de animales, como son los grandes félidos, los leones”. El profesor de la UAH aclara que, en este sentido, “dentro de un ambiente gráfico muy normal, muy habitual en toda la Europa Occidental, en el Interior de la Península, en el centro, existiría una versión geográfica o cultural de ese lenguaje, que incluiría algunos temas que en otros lugares son muy raros y muy poco importantes y aquí son muy importantes y muy repetitivos, como en Los Casares son los grandes félidos o los antropomorfos”.

Antropomorfo seno C. Imagen: Javier Alcolea
Antropomorfo seno C. Imagen: José Javier Alcolea

 

Glotón seno C. Imagen: Jabier Alcolea
Glotón seno C. Imagen:José Javier Alcolea

 

Leona seno C. Imagen: José Javier Alcolea
Leona seno C. Imagen: José Javier Alcolea



Las investigaciones se centrarán ahora en la zona más profunda de la cavidad “que es la parte que conocemos peor desde el punto de vista gráfico”. Los trabajos consistirán en reproducir las salas de la manera más fiel posible: “vamos a hacer unas modelizaciones 3D, cartografiar todas las paredes y a describir todo lo que esté grabado y pintado”.

 

La ocupación humana en la cueva de Los Casares

Los trabajos que en un inicio pretendía abordar una actualización de las investigaciones de Bandiarán, según Alcolea, ha terminado desarrollando “un estudio global de toda la cavidad, desde el punto de vista geológico, arqueológico y gráfico”.

 

En ella han participado un número importante de investigadores, universidades y centros como el Museo Neanderthal de Alemania, capitaneados por el Área de Prehistoria de la Universidad de Alcalá, bajo la dirección de los profesores e investigadores, Manuel Alcaraz y José Javier Alcolea. “Tenemos un equipo en el que intervienen geólogos, tecnólogos, técnicos contratados por la UAH y gente de fuera de la Universidad que nos apoya en campos auxiliares, en la arqueozoología, en la paleobotánica, etc. Es un equipo amplio de unos 15 profesionales y tenemos el apoyo de alumnos de la Facultad de grado o postgrado que han ido rotando a lo largo del tiempo”.

 

Este equipo ha contado con varias fuentes de financiación a través de dos proyectos generales de investigación sobre el Paleolítico del interior peninsular; “Territorio, ambiente y cultura de neandertales y humanos modernos en el interior de la Península Ibérica durante el Pleistoceno Superior” (HAR2017-82483-C3-3P), financiado por el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital (Mineco) y Population dynamics and cultural adaptations of the last Neandertals and first Modern humans in inland Iberia: a multi-proxy investigation(Movimiemtos de población y adaptaciones culturales de los últimos neandertales y los primeros humanos modernos en el interior de la Península Ibérica) (ERC-2018-STG-805478) financiado por el Consejo Europeo de Investigación, y actuando directamente sobre la cueva, cinco proyectos específicos entre 2018 y 2022, autorizados y financiados por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha”.


Con esta investigación, recuerda Alcolea, se pretendía demostrar si la cueva había sido testigo de las últimas ocupaciones neandertales del centro la Península y de algunas de las primeras del homo sapiens: “No demostrar específicamente la contemporaneidad de las dos ocupaciones, lo cual es muy difícil y, de hecho, lo que hemos documentado es que eso no pasa”. La cueva de Los Casares, según han desvelado los trabajos arqueológicos, tendría una ocupación muy dilatada a lo largo del tiempo, “que por lo que hemos conocido por nuestras excavaciones, arranca con poblaciones de neandertales, que son algunas de las últimas que habitaron el centro de la Península Ibérica con una cronología de unos 43.000 o 44.000 años antes del presente (…) A partir de ese momento, sigue habiendo una frecuentación humana de esa cavidad, pero todos los restos que tenemos parecen apuntar a nuestra especie. No sabemos con precisión cuando comienza esa frecuentación, pero estimamos que es en fechas antiguas del Paleolítico Superior, hace 30.000 o 32.000 años es probable que los homo sapiens estén ya frecuentando la cueva. Por lo tanto, hay un hiato entre las dos ocupaciones. No son contemporáneas. Lo que sí hay es una continuidad: Cuando desaparecen los neandertales, son sustituidos por nuestra especie”, insiste el investigador.

 

Trabajos arqueológicos en el Seno A. Imagen: José Javier Alcolea
Trabajos arqueológicos en el Seno A. Imagen: José Javier Alcolea



La continuidad que existe en la ocupación de la cueva hasta prácticamente nuestros días ha tenido consecuencias en la conservación del yacimiento arqueológico, según relata el investigador. Normalmente, en la Prehistoria Antigua las zonas habituales para los hábitats son las entradas de las cuevas. En Los Casares esa zona de entrada está muy alterada, de tal manera que el yacimiento casi ha desaparecido. “Nosotros sabemos, porque hay zonas en las paredes con encostramientos calcáreos que tienen todavía restos de huesos, que hubo un yacimiento con ocupación. Un depósito sedimentario bastante potente que ya ha desaparecido. No sabemos a ciencia cierta por qué, pero todo parece indicar que tiene que ver con la explotación de la cueva con un uso completamente diferente al de la habitabilidad humana. Posiblemente ese uso sea la guarda de ganado, seguramente por mucho tiempo, desde la Edad Media, hasta prácticamente nuestros días. Eso produce remociones y ha barrido el yacimiento. Por eso, lo que es explotable científicamente es lo que está en el interior de la cueva. Normalmente esas zonas no se corresponden con las que acogen un hábitat constante, sino con espacios que se frecuentan de manera esporádica, por lo que los restos arqueológicos son mucho menores cuantitativamente y tienen algunas características especiales. Allí es donde Ignacio Bandiarán encontró en los años 60 el metacarpiano neandertal que hoy por hoy está perdido”, comenta.

 

En lo que se refiere a los restos encontrados, el arqueólogo explica que hay una secuencia que se repite en la primera sala y a veces también en las salas profundas, que se corresponde con restos hispano-musulmanes, con bastante cerámica medieval ligada a los pobladores del yacimiento hispano-musulmán que existe en la entrada de la cueva, en los niveles más superficiales; posteriormente, se encontraron restos de la Prehistoria reciente, que tiene que ver con las sociedades productoras, de agricultores y pastores donde aparecen restos de cerámicas: “Tenemos fechas que van desde el Calcolítico, la edad del Cobre, hasta el Neolítico, con fechas bastante antiguas, en el V o VI milenio antes de Cristo”, señala. En niveles más profundos, se encuentran restos “muy discretos” de las ocupaciones que realizaron los grabados y pinturas rupestres, que se corresponden con el Paleolítico Superior, alguna industria lítica y restos de frecuentación en forma de carbones, etc., “que hemos podido datar y tienen que ver con la introducción de antorchas o elementos de iluminación en la cueva”; y por último, se han hallado los restos del hábitat neandertal “que son fundamentalmente restos de industria lítica y de fauna, limitados a la primera sala de la cueva”.

Grabado de la conocida como hierogamia de Los Casares
Grabado de la conocida como hierogamia de Los Casares



La hierogamia de Los Casares

Uno de los aspectos que ha levantado mayor controversia de la Cueva de Los Casares tiene que ver con la interpretación de los grabados, de lo que se hacía eco el programa de Iker Jiménez, Cuarto Milenio en el año 2011. En concreto, llamaba la atención una escena con figuras humanas a la que se le atribuían ciertos ritos reproductivos e incluso se quería identificar entre las grafías figuras antropomorfas con enormes aparatos reproductivos masculinos: “Es una pequeña escena que publicó el profesor Jordá en los años 80, en el homenaje al profesor Martín Almagro en un artículo que se llamaba ‘El mamut en el arte paleolítico peninsular y la hierogamia de Los Casares’. Una escena en la que se habla de un coito, de la existencia de varios antropomorfos y un mamut mezclados en una especie de ceremonia sacra en la que estarían involucaradas varias entidades sagradas o divinas. Esto viene de la interpretación de las figuras de un calco de Juan Cabré de 1933 y nuestra revisión de la zona lo que ha demostrado es que la supuesta representación de un coito no existe; que efectivamente hay antropomorfos, pero son completamente normales y que todo era una interpretación, porque para componer esa supuesta escena se utilizaron partes de otras que ahora sí conocemos y que son animales y partes de otros signos”, aclara José Javier Alcolea.

 

Para el experto, “interpretar lo que quieren decir estos grabados es una empresa que nos puede llevar directamente a la melancolía. No lo sabemos, ni probablemente lo vamos a saber nunca. Nosotros lo único que podemos saber es hasta qué punto estos grabados conformaban una forma de lenguaje, pero ese lenguaje no tiene traducción. De hecho, nosotros, como científicos e investigadores, hemos abandonado en gran parte los estudios que tendían a descifrar el significado de las grafías prehistóricas. Nos interesa documentar su valor como lenguaje y hay aspectos que nos sirven mucho, como patrones territoriales, repetición de símbolos en determinadas épocas o determinados espacios, etc., que nos permiten conocer mejor a las sociedades de aquellas épocas, pero el significado directo de una representación o de un conjunto, es prácticamente inhaprensible”, concluye.

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