“Lo de ‘El Morsa’ era un secreto a voces. Le gustaban los rubitos”

Publicado por: Ana María Ruiz
19/12/2022 08:00 AM
Reprods.: 2.013
Antonio Tejedor MIngo, en primer plano, en una imagen de archivo de 2012//Imagen: Universidad Pontificia de Salamanca
Antonio Tejedor MIngo, en primer plano, en una imagen de archivo de 2012//Imagen: Universidad Pontificia de Salamanca

El Decano ha hablado con ex alumnos del colegio Maristas de Guadalajara, testigos de los presuntos casos de pederastia por parte de un antiguo profesor del centro en los años 80

 

Tras el revuelo que ha ocasionado la publicación en el diario El País de un nuevo dosier sobre los presuntos casos de pederastia en el seno de la iglesia española, en el que aparecía el testimonio de un ex alumno del colegio Maristas de Guadalajara asegurando haber sido testigo de tocamientos por parte de un antiguo profesor en la década de los 80, El Decano ha contactado con varios antiguos alumnos que estudiaron en el centro en esos años, que vienen a corroborar esta versión.

 

Todos tuvieron como maestro a Antonio Mingo Tejero, apodado ‘El Morsa’ por su gran bigote. Ninguno ha querido dar su nombre verdadero y prefieren relatar sus experiencias desde la confidencialidad y el anonimato. “Guadalajara era una ciudad pequeña y todos nos conocíamos, pero es cierto que lo de ‘El Morsa’ era un secreto a voces. Le gustaban los rubitos”, afirma uno de ellos, que además asegura haber sido testigo de cómo este profesor, que impartía Religión, Gimnasia y Pretecnología, realizaba tocamientos a algunos de los niños: “Se sentaba a los críos en las rodillas y, mientras les corregía los trabajos, les metía mano por debajo del chándal”. Añade que “todos vimos cosas raras que, con el paso del tiempo, hemos comprendido, pero en aquellos años, en los que éramos unos niños, no lo entendíamos”. 

 

Todos estos chavales, hoy hombres entrados en la cincuentena, fueron alumnos de Antonio Mingo Tejedor en la década de los años 80. Impartía clases en 6º, 7º y 8º de la antigua EGB, que se cursaba con 12, 13 y 14 años. Otro de los ex alumnos asegura que los tocamientos por debajo de esta prenda deportiva eran habituales por parte del hermano marista: “No se cortaba un pelo. Lo habrá hecho con un montón de clases, pero en aquel momento todo el mundo lo vio natural”. Asegura que ‘El Morsa’ tenía sus favoritos, “le gustaban especialmente los rubios, yo me libré porque no encajaba en ese perfil”. Preguntados por qué entonces no se denunciaban estas conductas, todos coinciden en señalar que “eran otros tiempos” y los profesores tenían mucha autoridad pero además ellos no entendían realmente que aquello supusiera ningún tipo de abuso: “Con el paso del tiempo muchos aún mantenemos contacto y hemos hablado del tema pero la gente en general tiene bonitos recuerdos del cole y ha pasado página”. Ninguna de las personas con las que ha hablado El Decano fue víctima de tocamientos, o al menos no lo confiesan.

 

Esta Redacción ha tenido acceso a un largo escrito de 25 páginas en el que Vicente Carrasco, el ex alumno que ha sacado todo el tema a la luz, narra cómo fueron sus experiencias. No ha sido víctima de los presuntos abusos pero, según ha podido saber este diario, lleva años tratando de convencer a los favoritos para que denuncien. En ese escrito, que titula ‘Yo estuve allí’, relata cómo en clase de Pretecnología (lo que hoy sería Plástica), tuvo intención de preguntar al hermano Antonio cómo se usaban algunas herramientas de marquetería, ante lo que algunos de sus compañeros le aconsejaron: “Si vas a preguntarle vete de frente, con la mesa de por medio, nunca vayas a preguntarle al lado suyo”, algo que le extrañó. Más tarde lo entendió: “Un día que estábamos en aquel taller me fijé que había uno preguntándole algo y hablando con él, pero había algo extraño (...) La mano izquierda de ‘El Morsa’ estaba dentro del pantalón de chándal de aquel chaval por la parte de atrás y debía de estar metida hasta bastante dentro”. No reproducimos el resto del párrafo por su dureza pero se narran supuestos tocamientos a niños en plena clase, junto a la mesa del profesor, delante del resto de sus compañeros. Relata cómo los favoritos de Antonio Tejedor se convertían en intocables para los demás y eran premiados con las mejores notas: “Yo los llamaba los favoritos porque de algún modo lo eran, pero no eran un grupo, no tenían mote, no eran amigos entre ellos. Lo único que tenían en común era eso de lo que no se hablaba”. 

 

Carrasco manifiesta que lleva callado desde 1982 “porque a mí no me pasó nada, a mí no me metió mano aquel monstruo, pero lo veía día sí y día también al lado mío. He estado callado porque si ellos no hablaban, no me sentía con el derecho de hablar, pero ya está bien”. Según relata a El País, escribió hace meses a la orden de los Maristas para que investigara lo sucedido y lo único que le ofrecieron fue pedirle perdón: “Yo no necesito que me pidan perdón, no soy una víctima. Yo quiero que investiguen”, afirmaba al diario nacional.

 

Nada más conocerse la publicación de la noticia, el director del colegio Maristas de Guadalajara, Ángel de las Heras, remitió un comunicado a las familias para poner en su conocimiento que “hemos abierto una investigación para esclarecer los hechos ocurridos” añadiendo que “en nuestra institución, cuando tenemos conocimiento de un caso, se toman medidas cautelares y se aparta a las personas sujetas a investigación de cualquier actividad con menores”.  Añade el director: “Pedimos perdón a las víctimas por no haber sido capaces de protegerles”. 

 

Antonio Tejedor Mingo ya no trabaja en el colegio de Guadalajara. Actualmente es delegado de la ONGD SED en Maristas Ibérica. La organización tiene sede el Alcalá de Henares y vinculada a la institución de los hermanos Maristas. Pertenece a la Red Española de Entidades Solidarias para el Desarrollo y a la Red Iberoamericana de Solidaridad Marista. Trabaja en la creación de materiales para educar en solidaridad, la paz y la justicia a los alumnos de las escuelas maristas españolas y obtiene de ellas el 40% de su financiación global. El Decano se ha puesto en contacto con la Conferencia Marista Española para conocer si se va a tomar alguna medida tras conocerse las informaciones de El País. La respuesta que obtenemos es que, al ser fin de semana, “aquí no hay nadie que os pueda atender”. Tampoco ha sido posible contactar con el departamento de Comunicación de la institución a pesar de haberlo intentado. 

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