El cuarto rey mago

Publicado por: Nacho Redondo
05/01/2023 07:00 AM
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Hay una leyenda que dice que no eran tres los sabios que viajaron a honrar el nacimiento de Jesús, sino cuatro solo que uno de ellos se quedó por el camino para curar a un viejo moribundo, lo que le hizo llegar tarde a Judea. Artabán es ese otro rey mago descrito por un clérigo y escritor de Estados Unidos allá por 1896.

 

Artabán partió de una isla cercana a la orilla del Nilo con un diamante, un jaspe de Chipre y un rubí de Libia.  El diamante se lo ofreció al moribundo después de sanar sus heridas para que tuviera algún bien material con el que emprender su camino de vuelta. El rubí lo empleó para salvar la vida de uno de los niños que perseguían los emisarios de Herodes, lo que le llevó a prisión por treinta años. Finalmente utilizó el jaspe para impedir que un padre vendiera a su hija cuando iba de camino a entregar el mismo como ofrenda en el momento en el que Jesús iba a ser crucificado, cayendo al suelo al temblar la tierra en el momento de la espiración y quedando gravemente enfermo.

 

En el instante previo a la muerte recibió una visita que le dijo: “tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”.

 

Para saciar la curiosidad de mis lectores decir que los magos seguramente estaban siguiendo una nova y que Artabán se perdió porque no fue capaz de interpretar las señales del cielo al perder la referencia en el momento en el que la Luna y la nova entraron en conjunción, lo que tapó la luz y con ello la guía para este cuarto rey.

 

Dado el día señalado con el cinco de enero, fecha en la que se publica este artículo, la historia de los magos de oriente tiene que ver mucho con la riqueza de nuestra sociedad actual. Podemos decir, sin ningún miedo a equivocarnos, que nunca hemos tenido tanto como lo que tenemos ahora, incluso en estos momentos en los que otra crisis nos acucia. Pero nuestras necesidades están cubiertas con mejor o peor tino y, en caso de necesidad, tenemos una sociedad que puede ayudarnos a conseguir cualquier cosa.

 

También es verdad que solemos pensar en el merecimiento de aquello que nos falta y de lo mejor que somos respecto de los demás. Pero se nos olvida que el mayor mérito es sacar el mayor partido a nuestros valores y esforzarnos en ser mejores cada día de nuestra vida. El regalo, pues, es el sentido que le damos a nuestra vida. No nos hace falta mucho más.

 

Este regalo que nos da la vida tiene mucho que ver con las frases que antes mencioné de la última visita que recibió Artabán. El regalo que, además, también tiene mucho que ver con esta tradición de los reyes magos y que no es otro que las madres, porque cuántas veces les podemos decir las mismas frases a cada una de las nuestras: “tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste”.

 

Las madres son la brújula que dan sentido a la vida, son las que llenan ese vacío que a veces tanto nos falta en la sociedad en la que vivimos, son las que convierten las falsas sensaciones de gratificaciones instantáneas en motivaciones y recuerdos para toda la vida, son las que nos muestran la importancia más del ser que del tener.

 

Las madres son las que nos conectan al instante con el momento y las que nos devuelven la verdadera ilusión a través de los valores. De ahí la importancia de conectar de nuevo con ellos. Las madres son las que nos conducen de vuelta a los momentos de felicidad pedidos y nos llenan la retina de buenos recuerdos. Son las que nos indican que es bueno volver a empezar y que nos enseñan que siempre habrá momentos difíciles por superar.

 

Las madres nos enseñan que atravesaremos momentos difíciles y que tenemos que aprender a superarlos, en ocasiones estarán con nosotros y en ocasiones nos tocará lidiar solos. Sin darnos cuenta nos dan la fortaleza suficiente para enfrentarnos a cualquier avatar de la vida y a elegir la actitud con la que enfrentarnos a ella.

 

Las madres, por tanto, son esas cuartas reinas magas de las que no habla la tradición pero que, sin embargo, son esenciales en tu historia. Las reinas magas son las que nos han hecho el mejor de los regalos: la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

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