El dinero en efectivo tiene los días contados ante el afán de control de las autoridades

Publicado por: Julio Muñoz
08/01/2023 08:00 AM
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Imagen: Pexels. Markus Spiske.
Imagen: Pexels. Markus Spiske.

La seguridad es la excusa perfecta para poner puertas al campo y cercenar libertades 

 

 

Cada vez que las autoridades dicen que van a tomar medidas contra el terrorismo, el narcotráfico o el blanqueo de capitales, nos podemos echar a temblar. En realidad, nos están diciendo que van a recortar libertades. En la “supuesta” defensa de nuestra seguridad, las autoridades han encontrado un filón para incrementar el control sobre la ciudanía. Una falsa tranquilidad por la que estamos dispuestos a entregar nuestra alma al diablo. Sin duda, en este marco se puede encuadrar las recientes normativas aprobadas por los países de la Unión Europea destinadas a “dificultar” el uso de efectivo y otros medios de pago alternativos, entre ellos las criptomonedas, con fines criminales.  

 

Bajo esta premisa se ha aprobado un límite de 10.000 euros para pagos en efectivo en los 27 países que conforman la Unión Europea. A ello se añaden nuevos controles que afectan a sectores como la joyería o la orfebrería.  

 

Las nuevas normas de la UE contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo se extenderán también a las criptomonedas, obligando a todos los proveedores de servicios de criptoactivos a tomar medidas preventivas en relación con sus clientes. Ningún movimiento se escapará de la mirada inquisidora de las autoridades monetarias. 

 

Para ello, a todas las entidades ligadas a este tipo de activos se les exigirá verificar información cuando realicen transacciones por a partir de los 1.000 euros. A ello se suman medidas para mitigar los riesgos en relación con las transacciones con monederos autocustodiados, aquellos en que el usuario tiene control completo sobre los criptoactivos.  

 

El dinero electrónico permitirá trazar todas nuestras operaciones financieras 

 

Con todas estas medidas enfocadas a restringir el uso del dinero físico o deslocalizado en realidad lo único que pretenden es saber en qué nos gastamos el dinero. Trazar todos nuestros movimientos financieros. En un principio eso se hizo para conocer los gustos de los consumidores y enviar publicidad a medida. Ahora, sin embargo, sirve para tenernos a todos bajo control respecto a nuestro consumo en alimentos, tabaco, ropa u otros bienes.  

 

En los despachos del Banco Central Europeo ya se empiezan a oír comentarios en las que se indica que el anonimato total, como el que ofrece el dinero en efectivo y las criptos, no son una opción viable. De esta forma, a través del dinero electrónico nos podrán “reeducar” en un futuro si creen que nuestros gastos no son los correctos o incluso son delictivos a su criterio.  

 

El objetivo es acabar imponiendo el dinero electrónico soberano. Con este, además, se podrán evitar posibles crisis financieras pues al tratarse de anotaciones en cuenta, ni los bancos ni el sistema tendrán riesgo de iliquidez en caso de que sus clientes acudan en masa a sacar su dinero. Un corralito virtual. Mientras tanto, los criminales seguirán encontrando fórmulas para mantener su actividad delictiva. 

 

Las restricciones del dinero en efectivo en España cada vez son más duras 

 

Un control del que los españoles no somos ajenos. En España, la nueva Ley 11/2021 limita el pago de efectivo a 1.000 euros en comercios, 10.000 euros para no residentes. Esta última es la cantidad máxima con la que se puede entrar o salir del país. Se ha dado así una vuelta de tuerca más a las restricciones impuestas tras los atentados de las Torres Gemelas. 

 

La ley española sobre la utilización del dinero físico, de hecho, se ha convertido en una de las más restrictivas en Europa.  Muchos países no tienen limitación como Austria, Reino Unido o Alemania, entre otros, y aquellas que la tienen permiten en general la utilización de cuantías mucho más altas en sus transacciones.  

 

En este sentido, España se sitúa entre los países con mayor represión en el uso de dinero físico junto a Grecia (500) e Italia y Francia (1.000 euros), aunque en este último caso las restricciones son para la compra en comercios o entre particulares, pero desaparece para comprar otro tipo de bienes más caros como automóviles, por ejemplo. 

 

Al respecto, se han ignorado algunos de los dictámenes europeos referentes a la utilización del dinero en efectivo. Entre ellas, la que hacer apunta a los derechos de los ciudadanos a emplearlo como crean conveniente en el ejercicio de su libertan. Apunta además a la desproporcionada desigualdad y la discriminación en los límites a los residentes frente a los no residentes, así como a la necesidad de algunos sectores o empresarios de abonar en efectivo algunas de sus transacciones. 

 

Recomendaciones que, pese a su lógica, han caído en saco roto ante el objetivo prioritario de mantenernos a todos bajo control y evitar huecos que algunos quieran aprovechar para defraudar el fisco. Pero al final pagamos todos, justos por pecadores, convirtiendo un problema suyo de ineficiencia administrativa en un problema de la ciudadanía a costa de nuestras libertades. 

 

Julio Muñoz es periodista de información económica y experto en comunicación 

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