La Nevera del Val de Molina de Aragón busca mecenas para evitar su colapso

Publicado por: Marta Perruca
09/05/2026 08:00 AM
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La Asociación de Amigos del Castillo de Molina de Aragón ha puesto en marcha una campaña de mircomecenazgo para abordar un proyecto de recuperación de esta singular construcción con más de 400 años de historia

 

La la palabra “patrimonio”, recordaba la presidenta de la Asociación de Amigos del Castillo de Molina, Sara Herranz, proviene etimológicamente del latín patri-, que significa padre y -monium que quiere decir herencia, es decir, el legado de nuestros padres. La arquitecta daba comienzo así a su intervención, durante la jornada que esta organización llevaba a cabo con el propósito de presentar una iniciativa de micromecenazgo para restaurar la antigua Nevera del Val, gravemente amenazada, hasta tal punto que su colapso, si no se actúa rápido, puede ser inminente.

 

Si eso llegara a ocurrir, no sólo se reduciría a escombros una construcción antigua de mampostería, con más de 400 años de historia, sino que también se eliminaría el testimonio de una profesión ya desaparecida y, con él, un pedazo de nuestra historia e identidad. Y es que, cuando se destruye el patrimonio no sólo se pierde una parte del pasado de las comunidades herederas, también se debilita su futuro.

 

Los miembros de este colectivo son conscientes de que toda herencia conlleva una responsabilidad, que no es otra que mantener ese legado para las generaciones futuras, así que para revertir este proceso y recuperar este elemento para la ciudad, la Asociación de Amigos del Castillo de Molina ha puesto en marcha una campaña a través de la plataforma de Hispania Nostra, que mantiene la conocida Lista Roja del Patrimonio de nuestro país. Una iniciativa que en su primera semana ha recaudado más de 5.000  euros, pero necesita llegar, al menos, a los 8.661 euros para realizar las actuaciones imprescindibles para su conservación y hasta los 12.312, para abordar un proyecto un poco más ambicioso que incluye una escalera de acceso a la base del pozo, para facilitar que sea visitable.

 

Con esta jornada, además de implicar a la población en su conservación, transmitieron a los vecinos de Molina el conocimiento que, tras meses de investigación, han adquirido sobre esta curiosa construcción y su utilización por parte de nuestros ancestros y explicaron los pormenores del proyecto arqueológico que han encargado a un experto para afrontar su recuperación. Como colofón a la jornada, se llevó a cabo una visita a la Nevera, ubicada en uno de los parajes más emblemáticos de la localidad, a las espaldas del Castillo de Molina, pero que, sin embargo, era desconocida para una parte importante de la población.

 

Debido al éxito que tuvo la sesión, la Asociación de Amigos del Castillo de Molina ha decidido repetir esta experiencia el próximo sábado, 16 de mayo, a partir de las 12.00 horas, con una nueva conferencia en el Salón de Actos del Espacio Anida, para que aquellos que no pudieron asistir tengan la oportunidad de conocer este curioso elemento del patrimonio de la ciudad.

 



Cómo funcionaban las antiguas neveras

José Ángel Jambrina, uno de los miembros de la Junta Directiva de la Asociación, explicó la evolución de las despensas y neveras, desde las primeras sociedades sedentarias en la prehistoria, hasta prácticamente nuestros días. Cómo estas comunidades guardaban los cereales y las leguminosas en vasijas de barro, silos o cuevas para garantizar su conservación. La propia muralla del Castillo de Molina, señaló, conserva una atalaya conocida como la Torre de la Nevera. “Hasta ahora, estamos hablando de que el hombre guardaba productos alimenticios en lugares frescos, secos y apartados de la luz del sol, pero de repente el concepto cambió. Ya en la época medieval, pero sobre todo hacia mediados del siglo XVI,comienzan a levantar construcciones específicas para guardar la nieve y transformarla en hielo”.

 

Entre el siglo XIV y el XIX tiene lugar la denominada Pequeña Edad de Hielo, con los periodos más fríos e intensos entre el 1570 y el 1700, que además de una gran inestabilidad meteorológica con alternancia de periodos de sequía, lluvias torrenciales e inundaciones, se manifiesta en España con inviernos más largos y severos y nieves más persistentes, lo que garantiza la materia prima para producir el hielo, que luego se utilizaba para conservar los alimentos, pero también para refrescar bebidas o hacer granizados.

 

Además, en el Renacimiento español aflora una burguesía que empieza a reclamar ciertos privilegios y productos considerados de lujo, como pueden ser bebidas frescas y granizados en verano: “Con el hielo, por ejemplo, se refrescaba el agua de limón y la horchata”, comenta.

 

Ante los beneficios que genera esta industria, también surge el consiguiente afán recaudatorio por parte de la Corona, que pone en marcha un impuesto denominado “el quinto de la nieve” que irá sufriendo modificaciones con el paso del tiempo. “Este impuesto va a existir en toda la Península Ibérica y va a gravar a todo tipo de pozos, salvo a algunos de menor tamaño, pertenecientes a ciertos nobles a los que el Rey les hace una regalía, para dar servicio a su casa”, explica el investigador.

 

La nieve, como es lógico, se recogía en invierno y se transportada hasta el pozo, donde era depositada sobre un lecho de paja. En el interior, se compactaba con la ayuda de diversas herramientas, generando varias capas, separadas por paja, para facilitar su conservación y su posterior extracción.El hielo se extraía en los meses de verano, se cortaba en barras y se aislaba con diversos materiales, para ser transportado después en las alforjas de las mulas, guardadas en cajetones de madera.

 

La zona con mayor predominio de estos pozos era el Levante español, con el fin de suministrar hielo a los puertos pesqueros, para llevar el pescado al interior. “En Murcia llegó a haber hasta un millar de operarios destinados en zonas donde se concentraban estos los pozos”, apunta Jambrina.

 

Estas explotaciones tenían bien definida la planificación del producto, a qué zonas iba a ir destinado el hielo, la merma que sufriría en el transporte y el beneficio económico que iban a generar las partidas. “En Murcia sabían que iban a perder un cuarto del producto”, señala. Las neveras que existían en las ciudades también tenían una merma, que estaba a su vez estudiada.

 

Las barras de hielo, como el trigo, debían venderse libres de arena, piedras o paja. Además, tal y como recordó el investigador, son el precedente de las barras de helado que hoy encontramos en cualquier supermercado.

 

Las principales vías de comunicación, por las que transitaban personalidades importantes, se convirtieron en puntos estratégicos para la comercialización de los productos derivados de este hielo a la nobleza o al clero durante sus trayectos, como el agua de limón. Al mismo tiempo, se configuraron verdaderas rutas comerciales para la distribución del hielo, pero también de otros productos que los transportistas encontraban en los puntos de destino y exportaban para no volverse "de vacío".

 

Las neveras en el Señorñio de Molina

En el Señorío de Molina existen ejemplos de pozos de nieve en Traiz, en el castillo de Embid o Torrubia. En la finca de la Torrecilla, en Molina de Aragón, existe una nevera, que según han podido saber, se va a restaurar. También han localizado otra a las afueras del pueblo, cerca de la carretera N-211.

 

Por ejemplo, en la fábrica de resina de Mazarete de Calixto Rodríguez (siglo XIX) existían dos pozos, ya que la nieve se utilizaba para enfriar más rápidamente la colofonia y reducir su oxidación, teniendo en cuenta que la colofonia amarilla era más apreciada que la roja.

 

El Catastro del Marqués de la Ensenada, que se elaboró entre 1749 y 1756, recoge tres pozos neveros en el término de Molina de Aragón, entre los que seguramente se encuentre la Nevera del Val. “Habría una cuarta nevera que era propiedad de la Hermandad del Santísimo Sacramento que era para uso del pueblo”, añade Jambrina. También existe documentación de las neveras de Setiles, Tortuera, La Yunta o Alustante, Novella, entre otros.

 

En la provincia de Guadalajara, Jambrina destacó el ejemplo de la nevera de Cogolludo que ha sido restaurada por el Ayuntamiento de la localidad y ha iniciado el expediente para ser declarada Bien de Interés Cultural (BIC) y la documentación existente sobre un nevero de Sigüenza, con información sobre la actividad de los pozos y las tarifas a las que se vendía el producto.

Imagen: Asociación de Amigos del Castillo
Imagen: Asociación de Amigos del Castillo



Sobre la Nevera del Val

Por su parte, Sara Herranz, que además es arquitecta, explicó la relevancia constructiva de este monumento, ubicado en un enclave privilegiado, junto a antiguos caminos históricos, como la Cañada Real de Andalucía a Zaragoza, y en una ladera orientada al norte, lo que favorece de manera natural la conservación del hielo. “Esta ubicación, cuidadosamente elegida, refleja el conocimiento tradicional del territorio y la importancia que tuvo esta construcción en su momento”.

 

La edificación tiene una planta cilíndrica, parcialmente excavada en el terreno, de unos 3,6 metros de diámetro y cerca de 5 metros de altura, levantada con mampostería de piedra caliza y rematada por una cúpula construida mediante aproximación de hiladas.

 

La nevera cuenta con una única puerta de acceso, por la que se introducía la nieve y se extraía el hielo, y en su interior aún se conservan elementos como mechinales destinados a sostener estructuras de madera.

 

Aunque su uso continuado se perdió hace décadas, la memoria oral conserva testimonios de su utilización puntual incluso a mediados del siglo XX, lo que demuestra que su función y su valor perduraron mucho más allá de su época de mayor actividad.

 

Tal y como aclaró la arquitecta, la nevera fue construida con la roca procedente de canteras existentes en las inmediaciones de la misma. Para ello, se tuvo que excavar el pozo en la roca caliza, que luego utilizaron para levantar la construcción, con un mortero de arena y cal. “La intención es llegar hasta la base de la nevera, si nos diera el presupuesto, y estoy segura que, si fuera posible, llegaríamos a la base de la roca viva de la montaña”, comenta. En el fondo de la nevera, se encontraría un desagüe para evacuar el agua que se va acumulando al fondo. El problema de este mortero, según la experta, es que con el paso del tiempo pierde sus propiedades aglutinadoras y se convierte en arena, lo que hace que las piedras se vayan desprendiendo paulatinamente: “Es el mal que amenaza los monumentos de Molina”, apunta la arquitecta, quien recordó que en marzo de 2021 se produjo un desprendimiento en uno de los paños de la muralla del castillo, junto a la carretera N-211, afectado por esta circunstancia.

 

Como consecuencia de la degradación del mortero, las piedras de la Nevera se están desprendiendo y el muro está perdiendo grosor, al tiempo que se va amplificando la abertura donde antes se encontraría la puerta de esta construcción. A esta degradación se suma la existencia de una vaguada que reconduce las aguas de las lluvias hacia esta edificación, lo que contribuye a acelerar el proceso de degradación.

 

El proyecto de restauración

El proyecto para abordar su recuperación incluye dos fases. La primera, con un coste de 8.661 euros, consiste en la realización de una excavación arqueológica, con la retirada de los escombros del interior y la documentación de los mismos, así como la consolidación de los paramentos de piedra y la reconstrucción de la puerta y las zonas caídas y la instalación de puerta de reja de forja. La segunda fase está valorada en 3.651 euros y consiste en la instalación de una escalera metálica para poder acceder a la base de la nevera.



Desde un granito de arena hasta guardianes de la nevera

La campaña de micromecenazgo para recuperar la Nevera del Val ofrece distintas modalidades de colaboración, con aportaciones que van desde los 10 hasta los 2.000 euros y recompensas vinculadas al patrimonio histórico y cultural de Molina de Aragón. Todas las aportaciones incluyen ventajas fiscales, con desgravaciones de hasta el 80% en los primeros tramos y entre el 40 y el 45% en las aportaciones más elevadas.

 

La opción más básica, “Tu granito de arena”, permite colaborar con 10 euros. Los participantes reciben una tarjeta virtual de agradecimiento y una invitación para visitar la Nevera tras las obras de recuperación.

 

Por 20 euros, la modalidad “Apadrina una piedra” añade además un certificado personalizado de apadrinamiento de una piedra de la Nevera. En el siguiente escalón, “Comprometido con la Nevera”, con una aportación de 50 euros, incorpora también un sello postal conmemorativo de la Nevera del Val.

 

La modalidad “Ayudante de la obra”, fijada en 100 euros, suma a las recompensas anteriores y añade una cuota gratuita durante un año para hacerse socio de la Asociación Amigos del Castillo de Molina de Aragón.

 

A partir de 250 euros, bajo el nombre “Maestro de la obra”, los mecenas recibirán además una réplica cerámica arqueológica elaborada artesanalmente. Se trata de una escudilla medieval realizada a torno y vidriada en blanco y manganeso, decorada con un león rampante sobre fondo estrellado, inspirada en una pieza hallada en el Prao de los Judíos de Molina de Aragón. La pieza original, datada entre los siglos XIV y XV y perteneciente a época cristiana, fue hallada en el Prao de los Judíos de Molina de Aragón.

 

La reproducción ha sido realizada por Luis Larriba, técnico superior en Cerámica Artística, profesor de alfarería y azulejería tradicional de la Escuela de Folklore de la Diputación de Guadalajara durante 35 años y colaborador habitual de distintos museos arqueológicos.

 

Hasta los 250 euros, todas las donaciones tienen una deducción en la Declaración de la Renta del 80%. Por ejemplo, en el caso de los Ayudantes de Obra, cuya aportación asciende a 100 euros, Hacienda les va a devolver el 80 euros y como entre las recompensas se encuentra la cuota gratuita durante un año a la Asociación de Amigos del Castillo de Molina, los que adquieran este rol tendrán 90 euros en beneficios.

 

A partir de este tramo las aportaciones tendrán entre el 40 y el 50% de desgravación en la declaración de la renta, dependiendo de si se trata de personas físicas o jurídicas.

 

Las aportaciones de 500 euros, correspondientes a la modalidad “Mecenas del Patrimonio”, incorporan nuevas experiencias culturales y turísticas, como entradas para la Torre de Aragón y el Museo de Molina con acompañante, la participación en un escape room en el interior del Castillo y un ejemplar del libro “Historias de Molina y Otros Relatos”, publicado por la asociación.

 

En el tramo de 1.000 euros, denominado “Protector de la Historia”, se añade además una visita guiada privada al Castillo y una comida o cena para dos personas en el restaurante molinés “El Castillo”.

 

La modalidad más elevada, “Guardián de la Nevera del Val”, con una aportación de 2.000 euros, incluye todas las recompensas anteriores y sustituye la experiencia gastronómica por una comida o cena para dos personas en el Parador Nacional de Molina de Aragón.

 

Hasta el momento, las modalidades con mayor respaldo son las correspondientes a “Ayudante de la obra” y “Apadrina una piedra”.

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