Tras las terribles imágenes de las llamas que llevan más de una semana arrasando la Sierra Norte de Guadalajara, comienzan a verse las primeras y desoladoras instantáneas de la situación en la que ha quedado la zona.
Alrededor de 32.000 hectáreas calcinadas. Según los datos del Colegio de Registradores, cerca de 21.000 de ellas ubicadas en Espacios Naturales Protegidos del Parque Natural de la Sierra Norte y la Microrreserva 'Cerros Volcánicos de La Miñosa' y 9.990 en montes de utilidad pública. Mas de 1.000 fincas registrales y 479 edificaciones afectadas. Este es el balance provisional de un incendio que se ha convertido en el segundo más importante de España en número de hectáreas quemadas y en el más devastador de la región desde que se tienen recuentos de datos.
Miles y miles de bosques, pastos y espacios salvajes abrasados. Un paraje natural de un valor ecológico y ambiental incalculable teñido de gris y negro. Cientos de árboles, especies vegetales endémicas y singulares, fauna especialmente protegida -mucha de ella objeto de programas de conservación- insectos también protegidos como el ciervo volador o la mariposa apolo y otros tan imprescindibles como las abejas. Todos, desaparecidos bajo la voracidad de un fuego que será difícil de olvidar en esta provincia. Una auténtica catástrofe medioambiental cuya recuperación costará demasiados años.
Y si esta auténtica devastación del ecosistema de la Sierra Norte es un drama con mayúsculas, las llamas se han llevado por delante la economía de toda la zona, basada fundamentalmente en el turismo y la ganadería. Familias enteras que, de la noche a la mañana, han perdido su forma de vida y el trabajo de años, cuando no de generaciones. Reservas anuladas en establecimientos de hostelería y casas rurales que suponen enormes pérdidas en plena temporada. Ganaderos sin pastos que no pueden alimentar a sus animales. Apicultores con el cien por cien de sus colmenas perdidas. Por no hablar de las consecuencias que tendrá para los serranos a nivel psicológico y anímico regresar a un paisaje dantesco que antes era puro verde. Pura vida.
Desde el Gobierno regional ya se habla de que la recuperación a todos los niveles costará decenas de miles de euros. Se va a necesitar mucha ayuda para que la Sierra Norte recupere, no sólo su belleza, sino su modo de vida.
Aún con este panorama y con otro incendio en Selas, en la zona de Molina de Aragón -afortunadamente ya controlado- todavía existen tarugos -por no utilizar un término más grueso- empeñados en emponzoñar, enrarecer y calentar el ambiente en medio de la tragedia para sacar rédito político de la desgracia. Y otros que, en un mal entendido corporativismo, tampoco dan tregua.
Sólo recordarles que todavía quedan muchos efectivos, técnicos y voluntarios trabajando en la sierra, poniendo en riesgo sus vidas, que necesitan del respaldo, el apoyo y el reconocimiento a su trabajo y no del ruido partidista.
Tambien los hay empeñados en 'matar al mensajero'. Ponen el foco en la prensa, a la que acusan de criminalizar a todo un sector. Nada más lejos de la realidad. Los periodistas, especialmente los locales, conocemos y sabemos del esfuerzo de los agricultores y ganaderos de esta tierra. De su lucha, de sus desvelos y de sus dificultades. Y de su ingente labor a la hora de colaborar en el control de los incendios. No se puede culpabilizar a todo un sector por la inconsciencia, la imprudencia, la irresponsabilidad y la temeridad de una sola persona. Los técnicos han confirmado que el origen estuvo en una cosechadora, lo cual estrecha el cerco.
Si fue un accidente, una chispa mal apagada, si no había medios suficientes para reducir riesgos en un día en que se podía cosechar pero la temperatura y el viento aconsejaban lo contrario, si hay uno o varios culpables y quién o quiénes son lo determinará la investigación de la Guardia Civil. Y sobre el culpable deberá caer todo el peso de la Ley, así como el rechazo social, además de cargar sobre su conciencia haber arrasado su propia tierra y la de sus paisanos.
Ningún medio de comunicación, al menos los de esta provincia, han señalado con el dedo al alcalde de Robledillo de Mohernando, tal y como se empeñan en trasladar desde su partido, Vox. Siempre se ha informado de que se le está investigando como presunto autor del incendio. Y, lógicamente, se ofrece su imagen porque no se trata de un agricultor o una persona anónima, sino de un cargo público con bastón de mando.
Lo que sí ha manchado su imagen ha sido ofrecer una rueda de prensa a escasos kilómetros de La Mierla -donde se originó el incendio- para escenificar un lamentable 'Donde dije digo, digo Diego'. Flaco favor le han hecho desde Vox Guadalajara al acalde agricultor, Rubén Marchamalo, exponiéndole en una comparecencia casi improvisada, poco preparada y que ofreció más dudas que certezas, consiguiendo convertir las imágenes de la misma en memes y en contenido de reels que se están volviendo virales en redes sociales a nivel nacional.
Todavía estamos muy lejos de poder dar la buena noticia de que el incendio está controlado y extinguido. Hasta entonces, dejemos el ruido innecesario e interesado que llega desde demasiados flancos.
El día en que el fuego comenzó a descontrolarse, coincidió con los homenajes a los once miembros del retén de Cogolludo que perdieron la vida en el devastador incendio del Alto Tajo en 2005. Una desgracia que abrió demasiadas heridas sociales, políticas y económicas, mientras las familias todavía hoy lloran a sus seres queridos.
De nada sirven los recuerdos, las flores en plazas y rotondas y las declaraciones grandilocuentes cuando, ante una catástrofe como la de La Mierla -en la que afortunadamente no ha habido que lamentar víctimas mortales- algunos se empeñan en abrir más frentes. Y sin cortafuegos.
Han pasado 21 años y no hemos aprendido absolutamente nada. Desolador.