La motosierra es una herramienta de jardinería que es muy del gusto de la ultraderecha y la derecha -léase Javier Milei o, recientemente, Isabel Díaz Ayuso- y en Guadalajara parece haber encontrado una nueva fan. La alcaldesa de Guadalajara, Ana Guarinos, quien le va a dar bastante utilidad en el millonario proyecto de 'humanización' y 'renaturalización' del eje Cardenal González de Mendoza-Plaza de la Antigua.
Esta faraónica actuación va a costar la friolera de 10,4 millones de euros, de los cuales el 85% vendrán de fondos europeos y el resto -alrededor de 1,6 millones de euros- serán sufragados por las arcas municipales. Es decir, por los bolsillos de todos los guadalajareños.
El elemento ‘estrella’ del proyecto de marras es una grotesca e innecesaria plataforma de hormigón, que no lleva a ninguna parte y que se situará frente al Museo Francisco Sobrino y al Santuario de la Virgen de la Antigua. Pero además, incluye la tala de 121 árboles de los existentes actualmente en la zona. Ahí es nada.
Lo peor de todo es que de esta cantidad, y según figura en el pliego de condiciones, 72 totalmente sanos se tirarán abajo por "afección a las obras" y tan sólo 20 se cortarán por estar en estado decrépito, con plagas, por la influencia de sus raíces en los pavimentos, por estar torcidos o por ser especies invasoras. Esto supone que un 60% del arbolado situado entre la calle Cardenal González de Mendoza, la plaza de la Antigua y el parque Sor María Lovelle va a ser pasto de la motosierra del equipo de Gobierno del PP y Vox.
Cabe destacar además, que la licitación se ha producido con 'agosticidad'. Es decir, se publica en el mes de julio con un plazo de fin de presentación de ofertas marcado para el 31 de agosto. Así, el Ayuntamiento se asegura que no haya demasiadas 'luces y taquígrafos' y de que buena parte de los ciudadanos se enteren a la vuelta de vacaciones de la tremenda burrada que se va a perpetrar en pleno centro la capital. Porque, salvo que ninguna empresa se presente a la licitación -cosa que dudamos- los guadalajareños nos vamos a comer con patatas esta aberración.
Sin embargo, PP y Vox han errado el tiro. No contaban con que algunos medios de comunicación de la ciudad se dedicaran a estudiar el proyecto en profundidad, ni que los grupos de la oposición estuvieran tan rápidos en su reacción, ni con la respuesta ciudadana en las redes sociales, que no deja lugar a la duda: los vecinos no quieren ni hormigón, ni tala.
Algo debieron sospechar PP y Vox sobre la que se iba a montar porque, si bien otros proyectos se han presentado en ruedas de prensa con todo lujo de detalles y despliegue de técnicos -como se hizo con la rehabilitación del Alcázar Real o las obras de la avenida del Ejército y la plaza de España- en este caso se limitaron a informar del visto bueno al proyecto en una triste nota de prensa remitida hace un mes, tras la reunión de Junta de Gobierno Local, en la que se daban cuatro detalles de la actuación.
Ahora que la ciudad se ha soliviantado contra semejante atentado medioambiental y urbanístico, con los vecinos de las Casas de Rey y las zonas aledañas más que enfadados; con la solicitud del PSOE de retirar el proyecto y destinar el dinero al arreglo de otras zonas de la ciudad que bien lo necesitan; y la presentación de un recurso contra el mismo en Hacienda y una recogida de firmas por parte de Aike, el Ayuntamiento ha reaccionado por fin.
Pero no para rectificar, sino para reafirmarse en las bondades de su megaproyecto. El concejal de Infraestructuras, Santiago López Pomeda, a preguntas de los medios en una rueda de prensa que nada tenía que ver con el tema, trataba de justificar lo injustificable. Aseguraba que la tala de 121 árboles está avalada por informes técnicos que, según él, han identificado árboles con problemas estructurales, enfermedades, riesgo de caída y especies invasoras. Y anunciaba además que se sustiuirán "ejemplares envejecidos, deteriorados, invasores o incompatibles con la nueva configuración urbana por especies más adecuadas, sostenibles y resilientes".
De esta manera trataba de 'tapar' que, a pesar de que es cierto que se van a realizar otras plantaciones, también lo es que se van a talar cerca de cien árboles sanos porque molestan y estorban para las obras. Y no lo decimos nosotros, lo dicen los técnicos que han redactado el proyecto, tal y como les informaba esta semana El Decano de Guadalajara.
Para rizar el rizo, a pesar de que el proyecto lleva publicado desde el 30 de julio y sus detalles ya han sido detallados por varios medios de comunicación locales, el equipo de Gobierno anuncia ahora que lo presentará "en los próximos días" y que habilitará una sala expositiva "para que los ciudadanos conozcan en detalle las actuaciones previstas en este proyecto". Más claro no lo puede decir "para que conozcan", no para que aporten, den ideas o expresen su opinión. Es decir, que en Guadalajara, en pleno siglo XXI, retornamos a la famosa premisa del despotismo ilustrado del siglo XVIII: "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo".
Y, en medio de la polémica, la alcaldesa convoca a los medios de comunicación para darse un garbeo por el vivero municipal, rodeada de arbustos, plantas y flores ornamentales y árboles definiéndolo como "un lugar maravilloso y privilegiado" y presumiendo del objetivo del equipo de Gobierno de "seguir construyendo una Guadalajara mucho más verde, más alegre y sostenible". Con un par.
PP y Vox llevan tiempo presumiento de actuaciones de 'renaturalización' en la ciudad que se han quedado en la plantación de árboles esmirriados en jardineras imposibles, florecillas aquí y allá que hay que reponer cada dos por tres, y, las 'joyas de la Corona': las "auténticas islas de frescor" de Morejón, que cada día que pasa da más pena verlas.
Cuando toda Europa está ejecutando políticas de recuperación de espacios verdes en las ciudades como pulmones y elementos básicos contra el cambio climático, implantando proyectos de urbanismo sostenible y diseñando verdaderos bosques urbanos, el Ayuntamiento de Guadalajara prefiere tirar de hormigón y de motosierra.
Así nos va.