OPINIÓN. Que nos siga cabiendo la gente

22/09/2026 01:47 PM
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Por Alejandro Moreno

 

Quiero vivir en una ciudad donde pueda levantar la vista y que nos reconozcamos. Donde pueda despedirme de mi amiga con la calma de que llegará bien a casa, donde alguien pueda equivocarse con margen de error y donde alguien que pueda necesitar ayuda la encuentre. Es muy sencillo, pero también una responsabilidad de todas y de todos. Me preocupa que cada día se hable más del miedo y menos de la gente. Que se vayan haciendo mas pequeños los lugares donde hablar y pensar en colectivo.

 

Lo sabemos, el miedo desgasta. Nos exige estar pendientes del siguiente sobresalto y no da lugar a cuestionarse lo que está ocurriendo, quién lo está contando y qué parte de la realidad de lo que ocurre se está omitiendo. Una imagen sin el debido contexto puede ocupar todo un día (o todo un verano). Y conocer la vida de quienes aparecen en ella debería, cuanto menos, detenernos a pensar y escuchar. 

 

Estaréis pensando en Ceuta, pero hay muchos ejemplos. En Guadalajara es una polémica, pero allí son vidas. Hay una distancia considerable entre consumir la noticia y vivir las consecuencias. Puedes cerrar la red social que uses, cambiar la conversación, cansarte del tema: pero aquellas personas que necesitan encontrar un lugar seguro donde dormir y algo de comer, o saber cuándo podrá reunirse con su familia seguirán necesitando una respuesta cuando nuestro interés se haya marchado.

 

Lo que ocurre allí merece ser contado con la amplitud de una ciudad habitada. Con sus relaciones, sus dificultades y su capacidad para imaginar un futuro. Quienes viven allí deben poder hablar en primera persona, intervenir en las decisiones y que se les escuche también cuando cuentan algo que no encaja en el titular que alguien, desde las redacciones informativas de Madrid o desde los racistas algoritmos, habían preparado.

 

La vida tantas veces desborda el encuadre. Superemos el relato y el debate de que la migración, el feminismo, lo Woke, las personas LGTBIQ+ son amenazas. Intentemos una conversación, desde otra mirada y otras emociones, cómo queremos convivir y qué necesitamos para hacerlo. Demos contenido a la seguridad que deseamos como sociedad: poder disponer una vivienda, encontrar atención sanitaria y social, trabajar sin que nadie se aproveche de nuestra necesidad, saber que nuestra infancia y juventud tiene buena educación, tener un lugar al que acudir y recibir un trato digno.

 

Todo esto, que no es tan difícil, se construye con recursos, servicios públicos y relaciones de confianza. Requiere que las administraciones asuman sus responsabilidades, que los territorios cuenten con medios necesarios y que quienes afrontan una dificultad puedan participar en su solución. Podemos empezar desde lo más cercano. En la tienda del barrio, en el centro educativo, en una reunión donde todavía falta la voz de alguien sobre cuya vida se está decidiendo. También en lo que compartimos: detener un mensaje de odio, buscar el contexto, dar espacio a una historia que permita comprender mejor lo que ocurre.

 

Cada gesto abre una posibilidad. Su propia continuidad la convierte en convivencia. Las polémicas irán cambiando, hoy es Ceuta pero pasado mañana será otro lugar. Nuestra responsabilidad ciudadana permanece: cuidemos las condiciones que hacen posible vivir juntas y juntos, sostengamos los derechos y libertades cuando dejan de ser noticia y hagamos más grande ese NUESTRO con el que nombramos lo común. Que nos siga cabiendo la gente. Toda la gente. 

 

Alejandro Moreno Yagüe. Educador social.

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