Menores inmigrantes no acompañados: niños y adolescentes estigmatizados que buscan un futuro mejor

Publicado por: Ana María Ruiz
03/09/2023 08:00 AM
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Imagen: Unicef.
Imagen: Unicef.

Accem lleva 20 años proporcionando atención y acogida a los mal llamados MENAS. En la capital, dispone de un piso en el que viven ocho de los 68 menores que atiende en toda la región

 

Los mal llamados MENAS (Menores Extranjeros No Acompañados) vienen sufriendo desde hace años una campaña de criminalización y estigmatización promovida especialmente por la ultraderecha que, lamentablemente, parece haber calado en parte de la población española. 

 

El octubre de 2020, el PSOE logró que el Senado aprobase una moción para cambiar el término MENA de la legislación española, a raíz de las demandas de los profesionales que trabajan con los menores y del Defensor del Pueblo, para pasar a llamarlos Niños, Niñas y Adolescentes No Acompañados. Esta iniciativa se aprobó con la abstención del PP y el voto en contra de Vox. 


En aquel momento, la portavoz socialista de Migraciones y senadora por Albacete, Donelia Roldán, afirmó que “el término de MENA es frío y no recoge la trágica realidad que hay detrás”, y ha recordado que las causas por las que estos niños y niñas abandonan sus países de origen son: “Pobreza, falta de futuro, desestructuración familiar, desprotección institucional de sus gobiernos, catástrofes naturales, guerras, persecuciones, crisis climáticas, violencia y violaciones sistemáticas de los derechos humanos”.

 

Y esa es la realidad de la que vienen los más de 9.000 menores extranjeros no acompañados que viven en España, según los datos recabados por las administraciones públicas. En nuestro país existen 1.219 centros de acogida específicos para ellos. En Guadalajara capital lleva funcionando desde hace varios años un piso de menores no acompañados sin ningún tipo de problema de seguridad destacable. Está gestionado por Accem y en él conviven ocho personas, que se suman a las 58 repartidas por los siete pisos de acogida con que cuenta la entidad en Castilla-La Mancha.


Braulio Carlés, responsable regional de Accem Castilla-La Mancha, aclara que cuando se habla de este colectivo “nos estamos refiriendo a chicos y chicas menores de 18 años, migrantes, que se encuentran separados de sus padres y que tampoco están bajo el cuidado de ningún otro adulto, por lo que están expuestos a un grave riesgo de exclusión y de desamparo”.

 

Y precisamente por sus especiales necesidades y experiencias vitales, que les obligan a madurar demasiado pronto y a no tener ni niñez, ni infancia, ni juventud, el empeño de algunos por asociarlos a la inseguridad ciudadana no hace sino estigmatizarlos más: “Hay que tratarlos como lo que son. Niños, niñas y adolescentes que salen de sus países de origen donde viven en situaciones de pobreza y falta de futuro y expectativas. No se les puede criminalizar. Decir que son los que se quedan con los comedores escolares o que ganan 400 ó 500 euros es muy falso. Es crear una cultura de rechazo o xenofobia que se nos puede volver en contra. Son términos que no ayudan a nada ni a nadie, en todo caso al populismo que, lamentablemente, hoy está muy extendido. Tenemos que trabajar no por el populismo sino por el bien común”, ha afirmado Carlés. 


Y es que estos niños están expuestos a numerosos riesgos. Según se afirma desde Unicef, durante las rutas, a veces de semanas, meses o años, se enfrentan a múltiples riesgos, abusos o violencia. Ya en España, afrontan numerosas dificultades relacionadas con las condiciones de recepción y acogimiento, determinación de la edad, obtención del permiso de residencia y trabajo, acceso a la educación, falta de medios de vida y oportunidades laborales para salir adelante una vez que cumplen 18 años, además de tener que enfrentarse al rechazo social o la discriminación.

A ello habría que añadir el peligro de caer e manos de mafias que los utilicen para la delincuencia organizada valiéndose de su minoría de edad o, lo que es peor, en redes de tráfico y trata de seres humanos con fines de explotación sexual o laboral. 

 

Imagen: Accem.
Imagen: Accem.

 

Acogida a inmigrantes y autóctonos

 

Desde abril de 2018, Accem no sólo acoge en sus pisos a menores inmigrantes sino también a autóctonos:  “Desde la crisis de 2018 aprendimos que teníamos que trabajar con toda la población en riesgo de exclusión social porque si no, nos podíamos convertir en una entidad generadora de xenofobia y racismo. Si la gente que lo estaba pasando mal veía que la población inmigrante tenía respuesta en ese momento a través de nuestra entidad y la población autóctona no la tenía, podría generar rechazo. Nuestros centros ahora tienen población inmigrante y autóctona y creemos que es mejor así”, ha reconocido Carlés.


En cuanto al perfil de los menores, en el caso de los españoles, suelen llegar por problemas relacionados con familias desestructuradas a causa del encarcelamiento de los padres, madres en situación de prostitución o víctimas de malos tratos, alcoholismo, pérdida de autoridad de los padres, niños que viven con sus abuelos o familiares y no son capaces de hacerse con ellos porque se vuelven rebeldes y no quieren continuar con su proceso educativo, etc. 


Los inmigrantes tienen unas características diferentes.Son menores que se encuentran separados de sus padres y que tampoco están bajo el cuidado de ningún otro adulto. Al no estar acompañados, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha asume su tutela y las entidades sociales son las que se encargan de la guarda. 


Proceden mayoritariamente de los países del Magreb y, en particular, de Marruecos y Argelia. Sin embargo, últimamente también llegan del África Subsahariana, Europa del Este y Oriente Medio. “La mayoría llegan con problemas importantes. Ahora ya no tanto, pero hace años venían con la idea de trabajar y nos costaba hablar con ellos, con sus padres o familia en origen y explicarles que antes tenían que formarse”, afirma el responsable regional de Accem. “En estos países -añade- cuando nace un niño consideran que ha nacido un hombre con un pan debajo del brazo y en cuanto pueden los ponen a trabajar, como ocurría antiguamente en España. Hoy se lo cuentas a un niño español y cree que es una película de ciencia ficción. Pero en estos países es el sentir: vienes a trabajar”. 


En cuanto a las edades de los menores acogidos por Accem, hay niños desde los 9 a los 18 años. En estos momentos, en el piso de Guadalajara, hay también un bebé cuya madre, una menor de 17 años, decidió seguir adelante con su embarazo: “Esto nos ha generado una situación de refuerzo porque no es lo mismo trabajar con chicos adolescentes que con un bebé, que requiere un trabajo exclusivo”, señala Braulio Carlés. 


Educación, atención, formación y autonomía


Una vez que un menor no acompañado llega a un piso de acogida, se estudia su situación particular y, especialmente, los motivos que le han llevado a terminar en este tipo de dispositivos. Se les presta apoyo psicológico, se les escolariza, se les proporciona una tarjeta sanitaria y se les acompaña y asesora hasta que cumplen los 18 años. 


Una vez alcanzada la mayoría de edad, aquellos que todavía no han logrado las suficientes habilidades para insertarse en el mercado laboral pasan al Programa de Autonomía, en el que pueden permanecer hasta los 24 años. En él se diseñan itinerarios integrales de inserción social y laboral y se les apoya, cuando es necesario, con plazas de acogida en viviendas compartidas. El objetivo es que estos pisos sean un puente de transición hacia la vida totalmente independiente. “No se les deja en la calle. El proceso es muy largo. Se trabaja con ellos hasta que vemos que tienen una autonomía, un puesto de trabajo, una cierta madurez y gestionan su vida por su cuenta. Nuestro objetivo es trabajar para la formación. En Guadalajara hemos tenido chavales que han accedido a estudios superiores o a una FP y han conseguido buenos trabajos. Les ves crecer, les ves madurar y, para nosotros es una de nuestras mayores satisfacciones”, asegura Braulio Carlés. 


No obstante, también hay fracasos. Chavales con los que es muy difícil conseguir el objetivo de la integración: “Puede haber gente que alcanza la mayoría de edad con la que no hayamos conseguido ningún objetivo, bien porque no hemos sabido hacerlo o bien porque hayan puesto resistencia para que lo hagamos. Y con estos perfiles, que son los menos, es arduamente complejo y difícil llegar a la integración”.


 "Que me traten como un niño" 

 

El pasado 18 de diciembre, con motivo del Día Internacional de las Personas Migrantes, Accem lanzó un spot bajo el título 'Que me traten como un niño'. El objetivo es concienciar sobre los derechos de la infacia y sobre el uso del término MENA que, según se denuncia desde la organización, "deshumaniza y criminaliza a niños y jóvenes". 

 

Para la realización del video, se preguntó a algunos de los menores que viven en sus centros de acogida de Castilla-La Mancha, Castilla y León, Aragón y Asturias cuáles eran sus sueños y sus deseos más inmediatos. Trepar paredes como Spiderman y marcar goles como Messi o bailar como Michael Jackson fueropn algunas de sus respuestas” “Hay sueños que son muy difíciles de realizar, pero hay otros deseos que deberían estar al alcance de cualquiera, se señala desde Accem. “Vivir tranquilo; vivir en paz", son algunas de las respuestas que nos dieron ante las cámaras niños y adolescentes que han llegado hasta nuestro país sin la compañía de sus padres, madres y familiares. "Piden que les tratemos como lo que son, menores que no han cumplido los 18 años”.

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