EDITORIAL. Los olvidados

Publicado por: El Decano
07/06/2024 12:07 PM
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Imagen: Francesc Boix 'El fotógrafo de Mauthausen'.
Imagen: Francesc Boix 'El fotógrafo de Mauthausen'.

Esta semana se ha celebrado en Francia el 80 aniversario del desembarco de Normandía. Veteranos de guerra ya casi centenarios, reyes y altas autoridades militares y políticas a nivel internacional han participado en los actos de recuerdo de un momento histórico que supuso el inicio de la campaña para liberar Europa de la ocupación nazi. 


Aunque pueda parecer lejano, esta conmemoración tiene que ver mucho con Guadalajara. Las tropas aliadas fueron las encargadas de liberar a los presos de los campos de concentración y exterminio de la Alemania de Hitler, en los que padecieron lo indecible más de un centenar de vecinos de la provincia. 


El Decano de Guadalajara les ofreció el pasado mes de mayo un extenso reportaje sobre los guadalajareños que fueron deportados. Un total de 130 confirmados hasta la fecha, de los que 89 perdieron la vida en condiciones infrahumanas entre 1940 y 1945. El resto fueron liberados por el ejército aliado. 


En el artículo denunciábamos el olvido de estas personas por parte de los ayuntamientos de Guadalajara, Sacedón y Sigüenza y de la Diputación Provincial. Ninguna de estas instituciones convocó actos de homenaje a pesar de que en 2019 el Gobierno de España instauró el 5 de mayo como el Día Nacional de Homenaje a los deportados y deportadas españoles a los campos nazis. 

 

Tampoco acudieron representantes de ningún color político al sencillo tributo que les rindieron miembros del Foro por la Memoria, la Asociación Amical de Mauthausen, el PCE e IU, en el monolito que les recuerda ubicado en el parque de la Concordia de la capital. 


En la ciudad sólo se ha celebrado este homenaje en 2021, año en que se inauguró la placa de la capital, en un acto organizado por el Ayuntamiento y la Diputación con la colaboración del Foro y Amical, al que acudieron como representantes institucionales el entonces alcalde, Alberto Rojo; el presidente de la Diputación Provincial, José Luis Vega; la subdelegada del Gobierno, Mercedes Gómez, y el presidente de las Cortes de Castilla-La Mancha, Pablo Bellido. 

 

Desde esa fecha, nunca más se ha vuelto a realizar esta ceremonia a nivel oficial. También está pendiente de cumplir una moción presentada en 2018 por Ahora Guadalajara -aprobada por unanimidad en los ayuntamientos de Guadalajara, Sigüenza y Sacedón y en la Diputación- en la que se acordaba la presencia institucional en los actos internacionales de conmemoración que se celebraron en el campo de Mauthausen con ocasión del 75 aniversario de su liberación y la colocación de una placa que dejase constancia del reconocimiento de la provincia de Guadalajara a sus paisanos deportados. 

 

Pasados seis años, ni el viaje ni el homenaje en Mauthausen se han llevado a cabo. Allí tan sólo luce una placa en su memoria colocada a iniciativa del Foro por la Memoria de Guadalajara.


En los tiempos que corren en los que los extremismos, las ideas ultras y radicales y la crispación y división social son las notas dominantes, causa una enorme tristeza y una gran indignación la manera en la que nuestros dirigentes políticos se han olvidado de sus convecinos, que fueron víctimas de uno de los episodios más terribles y crueles de la historia de la Humanidad. 


En aquellos campos millones de personas sufrieron todo tipo de horrores y fueron asesinadas por el simple hecho de su origen étnico, su religión, sus creencias políticas o su orientación sexual.


Y hoy, que nuestros políticos se llenan la boca hablando de igualdad, democracia, diversidad, respeto, consenso, diálogo o derechos humanos, estas palabras se nos antojan huecas cuando no se han dignado a honrar y a dignificar a ese centenar de guadalajareños que dieron la vida por defender sus ideales. Y por conseguir un país mejor para todos.


Hace 84 años fueron abandonados por el Estado fascista español que no quiso protegerlos por ser republicanos. Al considerarles apátridas, les envió directamente al infierno y a una muerte segura. Los que consiguieron sobrevivir nunca sanaron de las heridas físicas y psicológicas que les han acompañado hasta el fin de sus días. 


Lo perdieron todo. Les robaron sus vidas, su dignidad y la posibilidad de regresar a su país, un país por el que lucharon en búsqueda de una libertad que el fascismo les había arrebatado. 


Y después de tanto sufrimiento y tanto horror, pasadas ocho décadas, algunos les pagan con otra indignidad: el olvido y el silencio. Un olvido injusto y un silencio lacerante.  


Más de uno y más de una deberían sonrojarse.      

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