“Cuando las piedras hablan"... invitan a palpar la historia de Hiendelaencina

Publicado por: Marta Perruca
23/05/2026 08:00 AM
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Reportaje: José de la Corte
Reportaje: José de la Corte

Los Amigos del Museo de Hiendelaencina han preparado una visita adaptada para dos clubes de lectura de la ONCE de Alcalá de Henares y Madrid, que están leyendo "Cuando las piedras hablan", la primera novela del autor local, Pedro Luis Cuesta Pedraza, sobre el pasado minero de la localidad

 

'Cuando las piedras hablan' es la ópera prima de Pedro Luis Cuesta Pedraza sobre el pasado minero de Hiendelaencina, que le valió el Premio Provincia de Guadalajara de Narrativa “Camilo José Cela” en 2024, pero también es el camino que el autor ha encontrado para divulgar el patrimonio de este pequeño pueblo de la Sierra Norte, donde a mediados del siglo XIX, tuvo lugar una singular fiebre de la plata. En 1844, un agrimensor navarro aficionado a la mineralogía, Pedro Esteban Górriz, descubrió el conocido como “Filón Rico”, lo que supuso una profunda transformación de esta localidad agrícola y ganadera, que de la  noche a la mañana, se convirtió en la explotación argentífera más importante de España, donde se llegó a producir el 60% de este metal.

 

Las piedras de Hiendelaencina han susurrado su historia a un nutrido público, a través de esta novela y han sido muchos los que, deambulando por sus páginas, se han sentido invitados a conocer estas tierras y su historia más cercana. Ahora, estas rocas mostrarán también su latido a unos lectores dispuestos a acariciarlas para conocer su alma.

 

Y es que los Amigos del Museo, que de manera voluntaria sostienen las visitas al Centro de Interpretación “El País de la Plata”, reciben estos días a dos grupos de 25 y 57 personas, procedentes de los clubes de lectura de la ONCE de Alcalá de Henares y Madrid, que están leyendo la primera novela de Pedraza y vienen dispuestos a escudriñar sus entrañas con su especial manera de ver.



Un museo, una mina visitable y un paisaje minero

Los Amigos del Museo abren las puertas de estas instalaciones durante el fin de semana, de 12.00 a 14.00 horas, desde Semana Santa, hasta el puente de la Constitución, pero también ofrecen la posibilidad de concertar visitas fuera de estos horarios para grupos y colectivos, recibiendo a lo largo del año más de 1.500 visitantes.

 

“Somos una entidad que se constituyó en 2018 con el aval del Ayuntamiento y está formada por un grupo de unas 15 personas voluntarias que se encargan de la dinamización del centro de interpretación, atendiendo las visitas; estableciendo vínculos con organismos oficiales, como universidades e instituciones relacionadas con la minería y la geología; o buscando nuevos objetos y bienes antiguos para nutrir los fondos del Museo”, explica Isabelle Bancheraud, concejala de la localidad y representante de los Amigos del Museo.

 

Según Bancheraud, el camino para recuperar y aprovechar el patrimonio minero de la localidad tiene tres hitos importantes. El primero fue la creación del Centro de Interpretación “El País de la Plata” en el año 2016; el segundo, la generación de rutas autoguiadas en el territorio minero, “para que la gente conozca las minas ‘in situ’ o los restos de explotaciones hidroeléctricas en el curso del río Bornova”; y el tercero es una ruta urbana para descubrir la evolución urbanística de Hiendelaencina: “el pueblo anterior a la mina y el actual, que es un ensanche que se hace ‘ad hoc’ cuando surgen las minas para albergar a toda la población que viene a vivir aquí”.

 

“Nosotros también planificamos visitas guiadas al exterior de la mina de Santa Catalina, donde se está abordando un proyecto para hacerla visitable y vemos el castillete y la maquinaria que utilizaban para bajar las jaulas. Con ello, pretendemos ofrecer un poco de historia viva a los visitantes. Les comentamos la historia de la minería, cómo se ejercía en aquella época; los procesos de extracción de la plata; algunas nociones de geología… Es decir, ofrecemos una información general bastante completa. También organizamos visitas por el pueblo cuando la gente lo pide. Les explicamos las distintas partes del municipio, porque tiene tres zonas diferenciadas: la parte más conocida es la más moderna, que data de 1844, cuando se descubrió el filón de plata, pero también bajamos a la parte más antigua. Hiendelaencina está documentada desde el siglo XIII, por lo que tiene una historia bastante completa”, relata José de la Corte Navas, uno de los voluntarios de la organización.

 

El culmen de este proyecto para la dinamización del patrimonio minero, que se inició hacia el año 2009, es precisamente la rehabilitación de una de las galerías de la mina de Santa Catalina, que se está abordando en estos momentos a través del Plan de Sostenibilidad Turística “País de la Plata”. Esta iniciativa cuenta con un presupuesto general de 2.290.300 euros, cofinanciados a través de un convenio con la Secretaría de Estado de Turismo del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, que aporta 587.000 euros; la Diputación Provincial, que contribuye con 920.900 euros; y el Gobierno regional, que pone 782.400 euros. “Estamos hablando de gobernanza y sostenibilidad, generando sinergias dentro del pueblo con asociaciones y negocios. Esto conlleva una reflexión sobre el tipo de turismo que queremos y cómo podemos generar una oferta atractiva y sostenible, de tal manera que exista un equilibrio entre turistas y moradores. Hay que tener en cuenta que este proyecto va a ser un revulsivo muy importante para Hiendelaencina, pero también para toda la comarca”, reflexiona Bancheraud.



La concejala recuerda que se trata de una oferta turística singular en esta provincia, pero también en España. Un territorio minero que va a permitir acceder a la galería de una mina y, además, visitar un museo y “un paisaje muy antropizado y modificado por el hombre debido a esta actividad minera”.

 

De hecho, esta apuesta por la recuperación y aprovechamiento del patrimonio minero ha supuesto un antes y un después en la economía local: “Ahora, cuando la gente viene a visitar el Museo, nos pregunta dónde puede comer, algo de lo que nos sentimos muy satisfechos, porque al principio los visitantes llegaban al Sabory y preguntaban qué podían hacer”, relata entre risas.



Una experiencia con los cuatro sentidos

Esta particular experiencia arrancó en la jornada de ayer, 22 de mayo, con la visita de 25 personas procedentes del club de lectura de la ONCE de Alcalá de Henares y continuará el próximo viernes, con 57 miembros del club de Madrid. La iniciativa se ha pensado para que los visitantes puedan palpar, literalmente, la historia de Hiendelaencina, sumergiéndose en la trama del libro “Cuando las piedras hablan”, pero también para que experimenten sensacions a través del oído, el olfato e incluso del gusto.

 

“Se trata de una novela histórica costumbrista en la que relato el descubrimiento de las minas de plata, a mediados del siglo XIX, en este pequeño pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara: cómo se vivía y cómo se moría, junto con muchas de las costumbres de la época. Me gusta que los libros sean didácticos y, cuando escribo, trato de hacer lo mismo”, comenta el autor. Existen completos ensayos, investigaciones y estudios publicados sobre esta época plateada de la minería en Hiendelaencina, que recopilan cronologías, técnicas y datos bastante minuciosos de la explotación minera en la localidad, “pero yo quería hacer una novela para que, a través de una trama de ficción, que en realidad son tres, que se entrelazan, contar qué pasó en aquellos años, o qué personajes ilustres estuvieron por allí, como, por ejemplo, el nieto de Francisco de Goya, que se llamaba Pío Mariano de Goya, para hacerla entretenida y enganchar al lector”.

 

La obra está teniendo un gran recorrido. Son muchos los clubes que han apostado por su lectura y han invitado a su autor a compartir una jornada con ellos. Pedraza destaca el interés que ha despertado la novela y la especial idiosincrasia de cada uno de estos colectivos: “Es muy curioso comprobar cómo cada club de lectura es diferente, tienen intereses diversos y hacen preguntas muy distintas”, comenta. El escritor ha participado en muchos clubes de la ONCE, pero también de localidades como Guadalajara capital, Sigüenza o Brihuega, que ya están organizando sus propias visitas a Hiendelaencina, con lo que se cierra el círculo y se ve materializado el propósito con el que se fraguó la novela.

 

De hecho, esta iniciativa surgió de una demanda de los propios lectores del libro: “Yo soy discapacitado visual y afiliado a la ONCE y, en un par de clubes de lectura de la fundación, los propios lectores me manifestaron que querían conocer Hiendelaencina. Así que me lancé a buscar un autobús y, con José de la Corte, nos pusimos a realizar un recorrido”, comenta el autor.



José de la Corte es el narrador y el cicerone de esta experiencia, que llevan meses preparando para adaptarla de manera eficiente al relato. “Me he tenido que vendar los ojos para poder saber en qué cosas no debía caer”, comenta el guía.

 

El resultado es un paseo por la localidad que recorre una serie de puntos estratégicos: “Por ejemplo, hay una parada en un lugar donde la novela relata que había una taberna. Allí leemos lo que se dice en el libro sobre este establecimiento, pero también aprovecho para contar cómo era la vivienda en Hiendelaencina, con ventanas pequeñas, dinteles de piedra y tejados de lanchas de pizarra, para que ellos puedan ir tocando todo lo que vamos comentando, porque es su forma de ver”, indica.

 

La visita arrancará en el Centro de Interpretación “El País de la Plata” y continuará por distintas partes del pueblo, reconociendo los escenarios de la novela. Posteriormente, tendrá lugar un almuerzo en comunidad en la plaza, donde conocerán Hiendelaencina a través del gusto y los fogones del Mesón Sabory. Ya por la tarde, los visitantes dispondrán de tiempo libre para pasear por la localidad, antes de regresar a Madrid.

 

En el Museo han preparado una exposición especial: “Tenemos un revólver de los escoltas que llevaba ‘La Constante’ en la década de los 60 del siglo XIX. Lo hemos sacado de la vitrina para que puedan tocarlo; también mostraremos un candil y otro tipo de elementos para que, además de escuchar, puedan disfrutar del Museo de otra manera”, adelanta el guía.



José de la Corte se confiesa con muchas ganas de esta nueva aventura. Es psicólogo de profesión, ya jubilado, pero amante de la minería y la geología, con cierta tendencia a meterse en “todo tipo de berenjenales”, y un entusiasmo que resulta motivador. “Nuestro objetivo fundamental es mantener el poquito patrimonio que nos queda, para que la gente lo pueda valorar”, apunta.

 

A lo largo de su etapa laboral ha tenido experiencias docentes con personas de todo tipo, lo que le ha otorgado una sensibilidad especial. Ha puesto mucho mimo en cada detalle para que estos nuevos visitantes puedan disfrutar de la experiencia. “Hay momentos en los que hay que avisar de que se va a entrar en una zona donde el suelo no es muy estable, invitarles a tocar las paredes de roca para sentir su rugosidad…”. De hecho, confiesa que ha ensayado la ruta con el propio autor para asegurarse el éxito, por lo que se muestra convencido de que los visitantes disfrutarán de la jornada: “Con Pedro ha funcionado muy bien; con los clubes de lectura, como son muchas personas, será más complejo, pero esperamos que disfruten del día”, manifiesta.

 

“La semana que viene somos 57 personas, de las cuales 35 no ven nada”, añade Cuesta Pedraza. “Nosotros, los ciegos, vemos con las manos, con los oídos, la nariz, los pies… con muchas cosas, menos con los ojos. En la parte antigua del pueblo las casas son muy bajitas y tocaremos los tejados de piedra, las puertas de madera… Haciendo honor al título del libro, las piedras nos irán contando cosas sin necesidad de verlas, porque no hace falta”, describe el escritor.

 

El proceso creativo

De esta manera es como conocen y reconocen las personas ciegas la realidad que les rodea, pero parece inevitable preguntarse cómo ha sido el proceso de escritura de la novela para su autor: “Yo tengo una pequeña ventaja, porque he visto, aunque desde hace años no veo prácticamente nada”, apunta. Pedraza aclara que hoy en día la tecnología ha avanzado mucho y existen lectores de pantalla que van leyendo en voz alta, al mismo tiempo que se escribe. Además, en Internet hay mucha información. Especialmente, asegura, le ha resultado muy útil la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España: “Muchos días mi mujer, Alicia, me preguntaba: ‘¿Qué haces?’, y yo le respondía: ‘Leer la prensa’, y esa prensa era quizá ‘El Clamor Público’ del día 3 de agosto de 1851”, comenta, al tiempo que recomienda indagar en los periódicos históricos y recalar en sus curiosidades.

 

Pero no todo está en formato digital, por lo que Alicia ha tenido un papel fundamental en esta novela. “Me compré una grabadora al más puro estilo Villarejo y le pedía que me leyera los capítulos que me interesaban, y luego sacaba mis apuntes y mis cosas. La labor de documentación es un poco más complicada, porque no todas las publicaciones son accesibles y tardas más, pero al final lo puedes conseguir casi todo”, aclara.

 

La Biblioteca Digital de la ONCE, añade, cuenta con más de 80.000 títulos en audio disponibles para sus afiliados, entre ellos, esta primera obra de Pedraza.



Un turismo cada vez más inclusivo

De alguna manera, esta iniciativa abre la puerta a implementar la oferta turística de Hiendelaencina con nuevas experiencias enfocadas a la discapacidad visual, pero lo cierto es que los Amigos del Museo llevan tiempo trabajando en mejorar la accesibilidad, “para que cualquier persona o colectivo pueda acceder a la información y disfrutar de la visita”. El Museo cuenta con una maqueta adaptada para personas ciegas; un ascensor para facilitar la visita a personas con movilidad reducida y el material audiovisual está subtitulado para personas sordas.

 

“En este caso, son personas con una discapacidad que necesitan una visita adaptada a esos otros sentidos que tienen más desarrollados, aprovechándolos para hacerles llegar el mensaje, trabajando también las sensaciones y emociones, pero para el colectivo que tiene dificultades auditivas hemos subtitulado el vídeo que proyectamos al principio de la visita. Vamos poco a poco, mejorando la accesibilidad para que cualquiera pueda disfrutar de los contenidos del Museo”, explica Bancheraud.

 

“Es un gusto y un bello reto hacer accesibles e inclusivas las visitas guiadas al museo y al pueblo de Hiendelaencina, reconociendo en este los escenarios de la novela ‘Cuando las piedras hablan’. El objetivo ha sido conseguir que la discapacidad visual no sea un obstáculo para conocer la historia de este pueblo minero al pie de la Sierra Norte de Guadalajara. Los visitantes notarán en sus manos la frialdad de la cabeza de un marro o la calidez de su viejo astil de madera, sentirán bajo sus pies la tierra que otros hollaron casi 200 años atrás, palparán las grandes lajas de piedra que conforman los tejados y los gruesos troncos sobre los que se apoyan y olerán tomillos y jaras impregnados por el silencio de unas piedras que hablan a quienes las saben escuchar. En definitiva, nuestra intención es que todos aquellos que nos visiten se lleven un pedacito de la historia de Hiendelaencina y un recuerdo de esos en los que se recuesta el corazón”, sentencia el autor.

 

Pedro Luis Cuesta Pedraza está enfrascado ahora en su segunda novela y, aunque reconoce que no es habitual entre los escritores, avanza a este medio de comunicación algunas de las claves de la trama. Con el ánimo de mantener el misterio y generar expectación, solo adelantaremos que su segundo trabajo se basa en una historia real, que visitará de nuevo la Sierra Norte de Guadalajara, en concreto, la localidad de Cogolludo, pero el argumento encontrará el camino para adentrarse de nuevo en el interior de las minas de plata de Hiendelaencina.

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