Cazadores de eclipses: la fascinación de perseguir la oscuridad por todo el planeta

Publicado por: El Decano
12/06/2026 02:38 PM
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Imagen: Astroguada/APG
Imagen: Astroguada/APG

Tres astrónomos vinculados a Guadalajara relatan sus experiencias tras recorrer el mundo para contemplar eclipses totales de sol a dos meses de la gran cita de 2026

 

A solo dos meses del eclipse solar total que cruzará España el próximo 12 de agosto de 2026, tres astrónomos con una larga experiencia en la observación de este fenómeno han compartido sus vivencias en distintos rincones del planeta, durante la undécima charla del ciclo divulgativo “De 12 en 12 – Rumbo al Eclipse Total”, impulsado por la Asociación de la Prensa de Guadalajara (APG) y la Agrupación Astronómica de Guadalajara (AstroGuada).

 

Los protagonistas del encuentro fueron Antonio García-Blanco, fundador de AstroGuada y presidente de la entidad durante seis años; Jaime Zamorano, astrofísico, profesor honorífico de la Universidad Complutense de Madrid y especialista en contaminación lumínica; y Javier Rodríguez-Pacheco, investigador principal del EPD de la misión espacial Solar Orbiter de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA, además de profesor de la Universidad de Alcalá.

 

Entre los tres suman doce eclipses totales de Sol observados en distintos continentes, experiencias que les han llevado desde el desierto de Libia hasta la Isla de Pascua, pasando por Bolivia, China, Australia o Estados Unidos.

 

El eclipse que lo cambió todo

Antonio García-Blanco fue el pionero del grupo en lanzarse a la aventura de perseguir eclipses fuera de España. Su primer viaje tuvo como destino Baja California (México), donde el 11 de julio de 1991 asistió a uno de los eclipses con mayor duración de totalidad registrados en la historia.

 

“El primer viaje me animé a hacerlo por los testimonios de compañeros de afición de las agrupaciones astronómicas de Sabadell y de la de Casteldefels que habían tenido ocasión de ver alguno. Y empecé mal… en mi primer eclipse total de Sol, asistí a 8 minutos de totalidad, y… me enganché”, recordó con humor.

 

Tras aquella experiencia llegaron nuevas expediciones a Bolivia, Venezuela y Alemania. “Y ahí tuve que parar porque la vida me llevó por otros caminos; con lo que estoy deseando los tres eclipses que veremos desde España”, señaló.



Viajar para ver eclipses y conocer culturas

Los eclipses no solo han supuesto una experiencia astronómica para sus observadores, sino también una oportunidad para conocer otras culturas.

 

García-Blanco recordó especialmente el eclipse vivido en el altiplano boliviano en 1994, rodeado de comunidades indígenas aymaras.

 

“Fue algo muy singular. Durante todo el eclipse tocaban los tambores para asustar al puma —la Luna— para que soltase a Tata Inti —el Sol—”, explicó. Aunque los habitantes conocían la explicación científica del fenómeno, para ellos seguía siendo “una experiencia religiosa”.

 

Por su parte, Jaime Zamorano evocó uno de los viajes más complicados de su trayectoria, el realizado a la Isla de Pascua en 2010.

 

“Sufrimos muchísimo por la lluvia y las nubes. Solo despejó en el momento de la totalidad. Fue un viaje de mucha tensión. Para llegar a la zona de observación, el autocar se tuvo que quedar lejos. No podía pasar por el barro que había en los accesos”, recordó.

 

Una llamada a preparar Guadalajara para 2026

Entre todos los eclipses vividos, Zamorano destacó especialmente el de Libia en 2006. Lo hizo no solo por el fenómeno astronómico, sino también por el despliegue organizativo preparado para recibir a miles de observadores.

 

“En mitad del desierto, lejos de todo, el gobierno de Gaddafi levantó una ciudad en mitad del desierto, con tiendas y carpas, con hileras de aseos, que eran un lujo, y donde contabas con todos los servicios necesarios”, afirmó.

 

El astrofísico aprovechó la ocasión para advertir de que Guadalajara aún no está suficientemente preparada para afrontar la llegada masiva de visitantes prevista para el eclipse del próximo verano.

 

“Nada que ver con lo que se está haciendo en esta provincia”, lamentó, recordando que territorios como Burgos, Soria o incluso algunas zonas de Ávila llevan tiempo trabajando en la organización del evento.

 

Para Zamorano resulta prioritario habilitar puntos estratégicos de observación repartidos por la provincia, con capacidad de aparcamiento, acceso a agua y comida, además de servicios sanitarios y de seguridad.

 

Asimismo, destacó que muchos de los aficionados que se desplazan para contemplar eclipses aprovechan sus viajes para conocer los territorios que visitan.

 

“A diferencia de lo que suele ocurrir, sobre todo con grupos de estadounidenses que fletan un avión, llegan, descargan, ven el eclipse, recogen y se van. A nosotros, nos gusta hacer visitas y conocer el lugar al que vamos. El desembolso que hay que hacer es grande y así lo aprovechamos y además colaboramos, de algún modo, con el desarrollo de esa zona a la que viajamos”, explicó.

 

Por ello, considera que la preparación de la provincia será determinante para la imagen que se lleven quienes acudan a Guadalajara en agosto de 2026. “El eclipse será una prueba para España”, afirmó.



La fascinación de la totalidad

Los tres ponentes coincidieron en destacar el enorme impacto emocional que provoca contemplar un eclipse total de Sol.

 

“La palabra que resume las muchas sensaciones que se agolpan en cuestión de segundos sería fascinación”, aseguró Zamorano. “Lo que te ocurre tiene varios componentes: hay asombro, surge la emoción, pero también reaccionas a lo inesperado, a lo inexplicable —pese a saber que tiene una explicación—”.

 

A ello, añadió, se suma la reacción de quienes comparten la experiencia. “A todas estas sensaciones, hay que sumar las provocadas por las reacciones de los demás. Y sumas, y sumas, y subes de nivel”.

 

Javier Rodríguez-Pacheco, que vivió su primer eclipse total en abril de 2024 en San Antonio (Texas), también recordó la incertidumbre previa provocada por las nubes.

 

“Mi experiencia con un eclipse total ocurrió en abril de 2024, en San Antonio (Texas, Estados Unidos); el día empezó soleado aunque con nubes altas. Cuando el eclipse empezó estaba todo nublado y cuando nos esperábamos lo peor el cielo se abrió y nos dejó ver el máximo del eclipse”, relató.

 

Para el investigador, la experiencia resulta incomparable. “Yo solo he vivido un eclipse total, y os puedo asegurar que la sensación es sobrecogedora, no solamente para profesionales de la astrofísica. Es el espectáculo mayor que se puede observar en la naturaleza”.

 

Una oportunidad única en casa

Antonio García-Blanco y Jaime Zamorano han coincidido en varios países siguiendo eclipses, aunque nunca han compartido exactamente el mismo lugar de observación. Algo que esperan cambiar el próximo agosto.

 

“Tenemos muchas ganas, pero además sería imperdonable no hacer el intento de disfrutarlo en toda su intensidad cuando lo vamos a tener en casa, encima de nuestras cabezas”, señalaron.

 

Ambos insistieron en que el eclipse no debe vivirse únicamente a través de telescopios o instrumentos especializados.

 

“No hay que verlo necesariamente con todos los instrumentos y aparatos que usamos nosotros. Hay que vivirlo intensamente, dejarse llevar por la naturaleza y disfrutarlo”, concluyeron.

 

La charla forma parte del proyecto de comunicación científica “De 12 en 12 – Rumbo al Eclipse Total”, una iniciativa promovida por la APG y AstroGuada que busca sensibilizar a la ciudadanía sobre la relevancia del eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026 y fomentar el conocimiento de las oportunidades y retos que traerá consigo este acontecimiento astronómico excepcional.

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