La Asociación Cultural de la localidad se ha puesto manos a la obra para cuidar y proteger su entorno más cercano, tras los daños ocasionados por el devastador incendio de La Mierla
Los vecinos de Muriel, un pequeño pueblo de la Sierra Norte, pedanía de Tamajón, todavía no pueden olvidar la fecha del 16 de julio de 2026, día en que se inició el devastador incendio de La Mierla, que arrasó 34.000 hectáreas de gran valor ecológico y que obligó al desalojo de los habitantes de esta localidad, que quedó completamente rodeada por las llamas y fue uno de los municipios más afectados por el efecto del fuego.
En cuestión de horas, el verde de su paisaje se tiñó de negro y gris, llevándose por delante un enclave idílico junto al río Sorbe, del que disfrutaban y se sentían orgullosos no sólo los 15 habitantes que viven allí durante todo el año, sino también sus hijos y nietos. Generaciones enteras que contemplaban impotentes desde la lejanía cómo el fuego consumía sus parajes, sus encinas, sus romeros, sus senderos, sus cerros, su fauna y su flora.
Una vez que retornaron a casa tras el desalojo, el silencio, la tristeza, la rabia contenida y las lágrimas vistieron de luto a sus vecinos y a aquellos que algún día se marcharon pero que regresan en cuanto disponen de tiempo libre y que están totalmente implicados en la vida social, económica y cultural de la zona.
Tras los momentos iniciales en los que todo era desolación, la Asociación Cultural de Muriel, que aglutina a cerca de 200 socios, decidió que era el momento de actuar. De luchar por el entorno. De asumir la responsabilidad de cuidar lo que el fuego no calcinó. Y de protegerlo.
"Después de los primeros días de estar mal, apagados, de llorar mucho, de pensar y de recordar cómo eran esos parajes y esos sitios y los recuerdos que a cada uno le remueven, decidimos que teníamos que hacer algo, porque el sentimiento era de desolación y una sensación muy nueva a nivel emocional", señala Paula Montávez, miembro de la Asociación Cultural, a El Decano de Guadalajara.
Dentro de sus posibilidades y con pocos recursos, decidieron recuperar las zonas más próximas al municipio: "Los primeros días estuvimos desbrozando y limpiando lo que se mantuvo y lo que perduró y no se quemó". Y en ello continúan.
A la espera de que las administraciones competentes vayan aportando las ayudas para los grandes proyectos de recuperación de la zona de la Sierra Norte, la Asociación Cultural se ha centrado en lo más próximo: "Tenemos que pensar en la capacidad que tenemos. Existe un monte alrededor del Sorbe con una zona que se pudo salvaguardar de las llamas en los primeros días. Hay encinas muy emblemáticas, de muchos años, hay zonas del río y de la ribera que hay que limpiar y mantener, así como embellecer la entrada al pueblo. Es desolador venir de Tamajón, pasar junto a Sacedoncillo, y a partir de ahí, ver que todo es carbón y negro", se lamenta Montávez.
Con el objetivo de recaudar fondos, se les ocurrió la idea de diseñar camisetas y pulseras con el lema 'Somos Muriel', cuyo color no se eligió al azar. Se optó por un verde teñido de esperanza: "Ya llevamos más de 200 camisetas y cerca de 600 pulseras vendidas. De momento, en el entorno totalmente cercano, a la familia, a amigos y a gente que conoce Muriel, pero cualquiera puede colaborar", señala Paula.
Con ese dinero, se están comprando herramientas para desbrozar y realizar tareas de mantenimiento y conservación, material para protegerse contra los incendios, así como plantas para reforestar y dar color a la entrada del pueblo. Además, se llevan a cabo acciones de formación, sensibilización y divulgación entre los vecinos: "Se trata de enseñar a entender todo lo que ha pasado y que quede una cultura de protección para los hijos y para los nietos. Para que cuidemos el pueblo entre todos y podamos plantar árboles y llenarlo otra vez de tomillos y de romeros".
Todo el esfuerzo por la recuperación viene dado por un sentimiento de pertenencia, de responsabilidad, de hacer que el municipio vuelva a reverdecer: "Son actividades que nos hacen sentirnos comunidad, sentirnos bien y hacer algo. Porque todos, como ciudadanos, tenemos una responsabilidad de preservar, de cuidar y de enfocar mejor el futuro, sin lamentarnos y sin críticas".
Aquellas personas que quieran colaborar con la causa, pueden adquirir las camisetas por 15 euros y las pulseras por un euro, a través del perfil de la Asociación en Instagram (@muriel_cultural). Además, del 1 al 30 de octubre, podrán comprarse en el Rincon Lento de la capital, ubicado en la calle Marqués de Santillana, 13.
"Se trata -concluye Paula Montávez- de alzar la voz y hacerse ver en la Sierra, en las redes, en los medios, para luchar por este rincón privilegiado de la Sierra Norte de Guadalajara, con las camisetas que dejan el negro para dar paso al verde más lleno de vida e ilusión".