El esfuerzo y la implicación de la Asociación de Amigos del Castillo de Molina para evitar el colapso de la antigua Nevera del Val y lograr recuperar este monumento del siglo XVII para la ciudad han dado sus frutos. La campaña que la organización puso en marcha 'in extremis' a través de Hispania Nostra para consolidar una precaria estructura que sufría las consecuencias de cada tormenta, fue un auténtico éxito, que superó todas las expectativas con una recaudación de 14.700 euros.
A lo largo del verano, desde el mes de julio, se han llevado a cabo las obras de consolidación y restauración del monumento que han descubierto una parte importante de su historia y nuevas estructuras que permanecían escondidas bajo los escombros. Además, se ha procedido a instalar una puerta de forja para garantizar su seguridad y conservación. Tras meses de trabajo a contrarreloj acuciados siempre por el miedo a no llegar a tiempo de salvar este monumento, la Asociación se ha dirigido a todas las personas que han colaborado con esta iniciativa para trasladarles su más sincero agradecimiento e informales de los trabajos realizados y de las próximas acciones que se van a acometer.
La Nevera del Val forma parte de un patrimonio ligado a una actividad que durante siglos permitió almacenar nieve y transformarla en hielo para su utilización en la conservación de alimentos, bebidas y otros usos. Presenta una planta cilíndrica de unos 3,6 metros de diámetro y cerca de cinco metros de altura, parcialmente excavada en la roca y levantada con mampostería de piedra caliza, con una cúpula construida mediante aproximación de hiladas.
En la provincia de Guadalajara existen otros ejemplos de este tipo de patrimonio, entre ellos la nevera de Cogolludo, mientras que en el antiguo Señorío de Molina se han documentado referencias a pozos de nieve en localidades como Traíd, Embid, Torrubia, Setiles, Tortuera, La Yunta, Alustante y Novella.
Las obras han permitido descubrir en el fondo del antiguo pozo de nieve una estructura circular de piedras hincadas, acompañada de lo que podría ser un sistema de drenaje y desagüe cuya configuración, según la Asociación de Amigos del Castillo de Molina de Aragón, no aparece recogida en la bibliografía consultada sobre otras neveras restauradas.
El hallazgo se produjo durante las labores de limpieza y excavación del interior de la construcción, una vez que la Asociación pudo poner en marcha las obras de consolidación gracias a la campaña de micromecenazgo promovida a través de Hispania Nostra.
La iniciativa partió de una situación de urgencia. La Nevera del Val, una construcción histórica de más de cuatro siglos situada en una ladera al norte, en las inmediaciones del Castillo de Molina, presentaba un avanzado deterioro de sus muros, agravado por la degradación del mortero y por la acción del agua.
Mientras se desarrollaba la campaña de micromecenazgo, la Asociación trabajaba también en la documentación necesaria para ejecutar las obras. El proyecto fue presentado ante la Delegación de Educación, Cultura y Deporte de Guadalajara, a través del Servicio de Patrimonio, organismo encargado de autorizar este tipo de actuaciones, que dio el visto bueno a las obras de consolidación, pero no al proyecto para instalar la escalera.
Ante la necesidad de actuar con rapidez para frenar el deterioro de la estructura y evitar que la cúpula pudiera llegar a colapsar, la Junta Directiva de la Asociación de Amigos del Castillo decidió acometer primero las obras de consolidación y dejar para una segunda fase la elaboración de un nuevo proyecto para la escalera.
Las actuaciones comenzaron en julio, de la mano de Construcciones Miralles. La primera tarea consistió en vaciar el interior del pozo. El resultado, según ha informado la Asociación, fue una de las primeras sorpresas de la intervención. Frente a la previsión inicial de encontrar principalmente tierra y residuos, los trabajos sacaron del interior "infinidad de piedras, de diferentes tamaños", muchas de ellas de grandes dimensiones.
La propia Asociación reconoce que todavía no puede explicar por qué había semejante cantidad de piedra en el interior de la nevera. Parte de ese material, una vez reconstruida la zona de la antigua abertura de acceso, pudo reutilizarse en la explanación del entorno.
La retirada se realizó manualmente y con seguimiento arqueológico obligatorio, a cargo de Javier Aragoncillo. En la zona de la puerta se alcanzó una profundidad de 1,80 metros y en la parte opuesta, de aproximadamente un metro. "Un trabajo titánico ejecutado en pocos días", resume la Asociación.
La siguiente sorpresa llegó cuando los trabajos permitieron aproximarse al verdadero suelo de la construcción. La previsión era encontrar una losa de piedra, pero apareció una capa de arcilla roja de entre tres y cinco centímetros de espesor, que no se correspondía con la formación geológica del terreno donde se encuentra el pozo de nieve.
Por debajo de esta capa se localizó una segunda de arcilla verdosa, esta sí compatible, según la información facilitada por la Asociación, con las características geológicas del lugar. Una arcilla muy plástica sobre la que se apoyan los muros perimetrales de la construcción.
A partir de ese punto, la intervención adquirió características próximas a una excavación arqueológica, con la retirada progresiva de las diferentes capas.
Fue entonces cuando comenzó a aparecer una estructura que ha abierto una nueva línea de investigación.
En el centro del pozo se localizó una formación circular construida con piedras hincadas a más de 30 centímetros de profundidad. En su interior apareció también una gran losa colocada perpendicularmente al resto de las piedras.
Según la descripción de la Asociación, las piedras forman un círculo del que parte un "brazo" que termina en un aliviadero, lo que plantea una incógnita: "Suponemos que debajo del aliviadero debe haber un desagüe, ya que toda el agua del deshielo que se filtra por las piedras tiene que salir por algún sitio", explica la Asociación en el documento remitido a los colaboradores.
La hipótesis todavía no ha podido comprobarse. La excavación del sistema de drenaje y desagüe quedó pendiente debido a los plazos de disponibilidad, tanto de los albañiles como del arqueólogo encargado del seguimiento de la obra.
El interés del hallazgo está precisamente en que todavía no existe una explicación definitiva sobre su funcionamiento.
La Asociación de Amigos del Castillo asegura que no ha encontrado en la bibliografía consultada sobre otras neveras restauradas un sistema similar al localizado en Molina de Aragón. Por ello, considera que la Nevera del Val podría conservar una solución constructiva singular para evacuar el agua procedente del deshielo. "Es posible que la Nevera del Val tenga un sistema de desagüe singular y característico el cual le aportaría un valor añadido", señala el colectivo.
La investigación queda, por tanto, abierta. El siguiente paso será excavar el sistema para determinar cómo se articula el aliviadero, si efectivamente existe un desagüe bajo él y de qué manera se evacuaba el agua acumulada en el fondo del pozo.
El descubrimiento cobra especial relevancia porque el agua fue precisamente uno de los factores que contribuyeron al deterioro de la construcción. Antes de la intervención, la degradación del mortero de cal y arena había provocado el desprendimiento progresivo de piedras y la pérdida de grosor de los muros, mientras que las aguas pluviales también incidían sobre la estructura.
Una vez localizado y documentado el fondo de la nevera, se colocó un geotextil para protegerlo de posibles desprendimientos de cal o piedras durante la reconstrucción de la estructura exterior. Después se acometió la consolidación y restauración de las paredes laterales, mientras la restauración exterior de la cúpula está siendo ejecutada por miembros de la propia Junta directiva de la Asociación.
También se ha actuado sobre el acceso. El 27 de agosto se instaló una puerta de forja para evitar el riesgo de caída al interior del pozo, cuya profundidad aproximada es de tres metros desde la base de la puerta hasta el suelo.
A mediados de septiembre, la piedra sobrante de la intervención permitió construir paredes de contención en la superficie exterior y explanar el terreno, retirando además los restos generados durante las obras.
Con estas actuaciones se ha cumplido el objetivo esencial que llevó a la Asociación a promover la campaña de micromecenazgo: detener el deterioro y garantizar la conservación de la construcción. "El objetivo principal, que era la conservación y consolidación de la Nevera del Val, ya está conseguido", afirma el colectivo.
La restauración, sin embargo, todavía no está completamente terminada. Entre las actuaciones pendientes figura la elaboración de un nuevo proyecto para la escalera de acceso al interior y su posterior instalación. Precisamente esta actuación formaba parte del objetivo de 12.312 euros de la campaña de micromecenazgo, aunque la autorización concedida para las obras no incluyó finalmente el proyecto de la escalera.
La Asociación también plantea revestir la parte exterior de la cúpula, completar el estudio del sistema de drenaje y acondicionar el entorno. La intención es instalar un cartel explicativo y un banco, además de señalizar las diferentes sendas y caminos que conducen hasta la Nevera del Val.
Quedan trabajos por completar, pero la estructura ya ha superado la fase más urgente. La Nevera del Val ha dejado atrás el riesgo que motivó la campaña y afronta ahora una segunda etapa centrada en conocer mejor su funcionamiento, facilitar su visita y explicar al público el valor de una construcción que durante siglos formó parte de la vida económica y cotidiana de Molina de Aragón.
"Todo ello lo iremos realizando poco a poco", señala la Asociación. "Enhorabuena a todos los que, de una forma u otra, habéis conseguido que este proyecto salga adelante. Y, por supuesto, muchas gracias a todos por vuestro interés."