Los vecinos de la zona de La Mierla empiezan a recuperar una normalidad que todavía huele a humo y a pérdida. Sin embargo, con el recuerdo del miedo aún instalado en la boca del estómago, afrontan el futuro con cierta esperanza. En parte porque, desde la distancia, el temor había dibujado un escenario absolutamente catastrófico y, al regresar a sus casas, han podido comprobar que no todo estaba perdido, que el horizonte aún conserva manchas de color verde y que sus casas se han mantenido a salvo de las llamas. Otros, sin embargo, no han tenido la misma suerte, porque, aunque el fuego no ha llegado a calcinar viviendas, sí ha arrasado el entorno natural de términos municipales enteros, como Semillas, Villares o Zaezuela de Jadraque, echando a perder los pastos que alimentan al ganado y causando un grave perjuicio al turismo de la zona.
El Decano de Guadalajara visita la zona cero del incendio de La Mierla, declarado el jueves 16 de julio, a las 13.55 horas, cuando están a punto de cumplirse dos semanas desde que una cosechadora originara el fuego. Su huella aún puede verse justo antes de llegar al pueblo, a mano izquierda. Un rastro negro de cenizas atraviesa el cereal y asciende por la ladera de la montaña hasta calcinar el paraje que los lugareños conocen como La Torrecilla, el punto más alto del término municipal.
Los vecinos de este municipio, con 45 habitantes censados, regresaron el pasado jueves a sus casas después de siete días de evacuación. Su alcalde, Ricardo Jiménez, se muestra aliviado porque, afortunadamente, el pueblo se ha salvado de las llamas, aunque reconoce que los trabajos de emergencia también han dejado daños. "Como ha habido un bulldozer abriendo un cortafuegos para que el fuego no llegase a las casas, nos hemos encontrado los perímetros alterados. Ha arrancado árboles frutales, alcantarillas, ha roto tuberías... porque va a lo que va, que es a evitar un peligro mayor".
También ha resultado afectado el repetidor de internet, por lo que los vecinos continúan sin conexión desde que regresaron a sus viviendas. Es martes, el día en que el secretario municipal trabaja en el Ayuntamiento, pero la falta de Internet le impide avanzar en las cuestiones administrativas que tenía pendientes.
"He llamado y la verdad es que han venido enseguida", comenta el alcalde, quien explica que la torre no llegó a quemarse porque el perímetro se había limpiado previamente para protegerla del fuego. Sin embargo, las elevadas temperaturas provocadas por el incendio terminaron averiando el sistema.
Cuando El Decano visita el pueblo, los alcaldes permanecen pendientes de las reuniones previstas para esa misma tarde en Hiendelaencina y al día siguiente en Cogolludo. "Me imagino que se abordará el tema de los daños ocasionados y veremos qué soluciones nos plantean", comenta.
Hasta ahora, el balance de superficie afectada ronda las 32.000 hectáreas, la mayor parte pertenecientes al Parque Natural de la Sierra Norte, que cuenta con 117.898 ha hectáreas, por lo que ha ardido más de una cuarta parte de este espacio protegido. "Se ha quemado muchísimo terreno, pero en La Mierla, que fue donde se originó el fuego, como el aire nos vino a favor en un momento determinado, lo que hizo fue llevarse el incendio. Arrasó monte a su paso, pero al mismo tiempo se fue alejando de aquí, hasta llegar a la provincia de Soria. El alto de La Torrecilla se ha quemado entero. El fuego ha bajado por el camino de Peñamira y ha llegado a la Virgen de Peñamira, pero no se ha quemado la ermita. Ahí el embalse frenó el avance del incendio".
Según relata el alcalde, el último sábado de mayo se celebra una romería en este paraje a la que acuden vecinos de los siete pueblos vinculados a la ermita. Con motivo de la celebración, se limpia todo el perímetro para celebrar la misa y una barbacoa, "el único día que se permite, bajo control". Gracias a ello, las llamas no llegaron a afectar al templo. "Ni siquiera la han manchado". Se trata de una ermita de grandes dimensiones que fue trasladada piedra a piedra antes de la construcción del embalse de Beleña y reconstruida en una de sus orillas.
Jiménez respira aliviado porque, tras varios días de incertidumbre, los daños en su municipio han sido limitados. En otros pueblos, asegura, la situación es muy distinta. "Nosotros no tenemos ganadería ni comercio, que se pudieran ver afectados", añade.
Además, el incendio no coincidió con el momento de mayor afluencia estival, cuando el pueblo multiplica por cuatro su población. "La Mierla estaba falta de vecinos. Yo calculo que habría un máximo de 30 habitantes el día del incendio. Tuvimos que abandonar el pueblo deprisa y corriendo porque la Guardia Civil tiraba de nosotros". En un primer momento fueron trasladados a Puebla de Beleña y, entre las 22.00 y las 23.00 horas, al polideportivo de Humanes. Muchos optaron por marcharse con familiares o amigos o a sus lugares de residencia habituales. "En el polideportivo ingresamos seis o siete personas, de las que finalmente dormimos allí tres o cuatro".
A la vuelta, explica, la sensación fue muy distinta. "Vienes, saludas, preguntas qué tal está todo... Lo que tienes es la incertidumbre de saber hasta dónde ha llegado el fuego y qué daño te ha podido producir. Pero cuando llegas al pueblo y ves que no ha pasado nada, el alma se expande", concluye.